Las pantallas generan una estimulación muy intensa en el cerebro infantil, lo que hace que resulten especialmente atractivas y difíciles de dejar. Cuando se retiran de forma brusca, es habitual que aparezcan rabietas o enfado, ya que el niño o niña pasa de un estado de alta activación a otro de baja estimulación. Por eso es importante establecer límites claros y anticipados, avisando con tiempo de que la actividad va a terminar y acompañando la frustración que pueda aparecer. Además, es fundamental ofrecer alternativas que resulten atractivas, ya que, si no hay otra opción interesante, la pantalla seguirá siendo la preferida. Más que prohibir, se trata de regular y acompañar el uso.