En estas edades, lo que muchas veces interpretamos como "dependencia" es en realidad una necesidad normal de apego. Entre los 0 y los 3 años, el niño o niña necesita cercanía del adulto para sentirse seguro, regular sus emociones y explorar el entorno. No es que se esté volviendo más dependiente, es que está en una etapa en la que necesita apoyarse en ti para desarrollarse.
Está demostrado que cuanta más seguridad siente un niño o niña, más autonomía desarrolla después. Es decir, no es la distancia lo que genera independencia, sino la seguridad previa.
En la práctica, en lugar de intentar que se separe antes de tiempo, es más útil observar en qué momentos te necesita más. Por ejemplo, si te busca constantemente o no quiere separarse, puede que esté pasando por una fase de desarrollo (como la ansiedad por separación) o que haya habido algún cambio reciente (inicio de guardería, menos tiempo contigo, cansancio).
Lo más importante es responder con conexión: cogerle, atenderle y estar disponible emocionalmente. Esto no lo hace más dependiente, sino que le ayuda a calmar su sistema nervioso y a construir una base segura.
A la vez, puedes empezar a introducir pequeñas experiencias de autonomía, pero siempre desde la seguridad. Por ejemplo, dejar que explore mientras estás cerca, o separarte brevemente anticipando lo que va a pasar ("mamá va a la cocina y vuelve enseguida"). Poco a poco, cuando el niño o niña se siente seguro, empieza a separarse de forma natural.
La clave no es empujarle a ser independiente, sino acompañarle hasta que esté preparado para serlo.