Desde los modelos actuales de psicología infantil, el uso de premios no es la estrategia más recomendable a largo plazo, ya que fomenta principalmente la motivación extrínseca, es decir, que el niño o niña actúe en función de la recompensa y no porque entienda el valor de la conducta. Cuando el comportamiento depende de un premio, es más probable que desaparezca cuando la recompensa deja de estar presente.

El objetivo es que el niño o niña desarrolle motivación interna, es decir, que actúe desde la comprensión, la responsabilidad y la conexión con el adulto. Para ello, es más eficaz centrarse en el proceso, reconociendo el esfuerzo y acompañando la conducta en el momento en que ocurre, en lugar de anticipar una recompensa.


En la práctica, en lugar de decir "si recoges te doy algo", resulta más útil reforzar lo que ha hecho con frases como "has recogido, aunque no te apetecía, bien por ti". De este modo, el niño o niña va interiorizando la conducta y no depende de un estímulo externo para repetirla.