13 de abril de 2018
José Ignacio Ceniceros, presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja

Me honro en presidir este solemne acto de investidura como doctor honoris causa del profesor Mayor Zaragoza, porque, a mi juicio, supone un punto de inflexión trascendental para la Universidad de La Rioja, cuando acaba de cumplir 25 años al servicio de la investigación, la docencia y el estudio. Pienso que este acto tiene una gran carga simbólica por la personalidad y el peso del doctor investido: uno de los españoles con mayor proyección internacional del siglo XX.

Antes de nada, quiero felicitar al profesor Mayor Zaragoza por esta distinción, que pone de relieve su decisiva contribución en el ámbito científico y su extraordinaria trayectoria personal y profesional en defensa de grandes ideales comunes, como la paz mundial o el respeto a los derechos humanos. Méritos más que suficientes para hacerse acreedor de la máxima consideración universitaria y que ha glosado con rigor la doctora Sastre i Riba en su correspondiente laudatio.

Además, creo que es justo reconocer y agradecer al Departamento de Ciencias de la Educación la iniciativa para la concesión de esta dignidad, que, luego, de forma acertada, ha aprobado el Consejo de Gobierno de la Universidad. No cabe duda de que es un honor y un orgullo incorporar a nuestro Claustro Universitario a una persona de la talla científica e intelectual del profesor Mayor Zaragoza. "Un hombre esperanzado", en palabras de Pedro Laín Entralgo.

El profesor Mayor Zaragoza es un referente en todos los órdenes por su inestimable aportación a la construcción de un mundo mejor. Un humanista de amplio espectro, y cito de nuevo a Pedro Laín Entralgo, "que vive y trabaja para que el dolor, la ignorancia, la opresión y la injusticia sean cada vez menores sobre la faz de nuestro planeta". Un hombre que confía en la capacidad del ser humano para superar las dificultades con inteligencia, esfuerzo y buena voluntad.

Es un distinguido hombre de ciencia y un intelectual de gran prestigio. Como se ha dicho aquí, posee una larga y sólida experiencia docente, académica e investigadora en su condición de catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid. A todo ello hay que añadir que, en 1968, a sus 34 años, fue el rector de universidad más joven de España y, después, pionero en la lucha contra las enfermedades mentales en los niños.

Además, tuvo un destacado papel en la Transición española, como diputado en las Cortes Constituyentes y ministro de Educación y Ciencia, así como en el panorama internacional, al frente de la Dirección General de la UNESCO durante doce años. "En el paisaje humano, español y universal", según Marcelino Oreja, "representa una alta cumbre de quehacer bien hecho, de servicios cumplidos, de compromisos con la paz, la tolerancia y los ideales democráticos".

Como digo, para La Rioja y los riojanos, el acto de hoy constituye el mejor aval para el futuro de nuestra universidad. Y es que pienso que, al haber aceptado la máxima consideración universitaria, el profesor Mayor Zaragoza contribuye a engrandecer la Universidad de La Rioja. La nuestra es una universidad joven y pequeña, pero en estos 25 años ha logrado obtener una imagen de prestigio y calidad por el esfuerzo y trabajo de sus docentes e investigadores.

Durante este tiempo, la de La Rioja ha logrado posicionarse como una universidad moderna y competitiva, conectada con su entorno y con vocación internacional, que busca nuevos horizontes de posibilidades. Para ello, para mejorar su presencia y aumentar su valor, podéis contar con todo el apoyo del Gobierno, pues compartimos objetivos comunes, como impulsar nuestro carácter internacional o profundizar en la construcción de una comunidad basada en derechos.

Trabajamos juntos en proyectos que nos abren horizontes de desarrollo. Uno de ellos es convertir La Rioja en un polo de excelencia mundial en materia de preservación de los derechos humanos y de consolidación de sociedades democráticas, a través de la Cátedra UNESCO Ciudadanía Democrática y Libertad Cultural. Otro es proyectar nuestra comunidad como un espacio internacional y digital de conocimiento, por medio de la Fundación Dialnet.

Al mencionar la mayor base de datos de contenidos científicos en español, no puedo dejar de recordar un hito en la biografía del profesor Mayor Zaragoza, que puede parecer una mera anécdota, pero que, desde La Rioja, como cuna de nuestra lengua común, nos llena de satisfacción. En su toma de posesión como director general de la UNESCO en 1987, usó el español frente a la tradición de utilizar únicamente el inglés y el francés como lenguas de trabajo.

En efecto, el nuevo doctor honoris causa siempre ha sido un adelantado a su tiempo, quizás porque, como dice en su libro ‘Mañana siempre es tarde’, la construcción del futuro que deseamos no puede esperar. Debemos anticiparnos "a hacer por clarividencia lo que más tarde deberá hacerse por necesidad (…) No es posible demorar la salida. El largo camino del conocimiento aguarda. Mañana puede ser tarde. De hecho, mañana siempre es tarde".

Este es un aspecto de la personalidad del profesor Mayor Zaragoza que ya afloró en la época de la Transición española. Primero, cuando participó en la aprobación de la Constitución de 1978, que consagró la autonomía universitaria como auténtico derecho constitucional. Y, luego, en su breve etapa como ministro, en la que ya alertaba de "la alta función social que, en la docencia superior y en la investigación científica, corresponde a la universidad".

La educación, la libertad y la responsabilidad son palabras que cobran sentido en boca del profesor Mayor Zaragoza. La educación y el conocimiento son los pilares básicos sobre los que se asienta el futuro en libertad de nuestros jóvenes. El futuro no está escrito. El futuro lo escribirán los jóvenes. La educación puede abrirles una ventana de oportunidades. La educación es un factor fundamental para garantizar el crecimiento, la competitividad y el bienestar de la sociedad.

Pero, y vuelvo a citar el libro ‘Mañana siempre es tarde’, la confluencia de la fuerza de la juventud con la experiencia de los mayores "es palanca insustituible para remover los obstáculos más sobresalientes de los tiempos que se avecinan. Prescindir, en atención a convencionales límites de actividad laboral, de la contribución de jóvenes y viejos", como dice su autor, "equivale a desperdiciar ingredientes insustituibles para la sólida cimentación del futuro".

Todos somos necesarios. Y, en un mundo cada vez más globalizado y competitivo, nuestra obligación ha de ser unir generaciones y sumar esfuerzos para dar respuesta a las necesidades del siglo XXI. España necesita ya (sin precipitación, pero sin demora) un pacto social y político por la educación para lograr un sistema educativo de calidad, que nos permita aprovechar mejor las oportunidades que genera la economía del conocimiento.

Termino ya mis palabras. Decía al principio que este acto puede suponer un punto de inflexión para la Universidad de La Rioja. Pienso que la incorporación al Claustro del profesor Mayor Zaragoza no solo nos honra, sino que nos llena de estímulo y responsabilidad. Estoy seguro de que nuestra universidad sabrá estar a la altura de lo que la sociedad le demanda como tributo a este "hombre esperanzado", porque, como él dice, "la esperanza está en el saber".