Es bastante habitual en la adolescencia. Muchas veces no es que no quiera, sino que no sabe cómo expresarse o necesita más espacio.
Evita presionarle con preguntas directas o insistentes, porque eso suele hacer que se cierre más. En lugar de eso, busca momentos más naturales para conectar, como paseos o actividades juntos, donde la conversación pueda surgir sin forzarla.
Puedes hacer comentarios abiertos como "te noto más callado" y dejar claro que estás disponible sin exigir que hable en ese momento. Es importante respetar sus tiempos, pero mantenerte cercano.
También fíjate en su comportamiento, porque a veces expresan cómo se sienten más a través de lo que hacen que de lo que dicen.
Si el cierre es muy intenso o va acompañado de cambios importantes (aislamiento, irritabilidad, sueño…), conviene consultar. El objetivo no es que hable cuando tú quieras, sino que se sienta seguro para hacerlo cuando lo necesite.