5 de diciembre de 2007

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades,

Patronos y Miembros de la Fundación San Millán de la Cogolla,

Padres Agustinos,

Amigos de San Millán y miembros de las Asociaciones Turísticas,

Señoras y Señores:

El 4 de diciembre de 1997, fecha en que se produjo la Declaración de San Millán de la Cogolla y sus Monasterios de Suso y Yuso como Bienes Culturales Patrimonio de la Humanidad, supuso un antes y un después en la historia de estos lugares.

Cronológicamente, hay que hablar de tres momentos:

El primero: antes de la Declaración, con una implicación plena del Gobierno de La Rioja con este Bien Cultural, muy especialmente a partir de 1995, dedicando sus esfuerzos…

A su restauración (donde destaca la redacción del Plan Director del Monasterio de Yuso, y del Plan Especial de Protección de los Monasterios de Suso y Yuso y su entorno).

A la realización de actividades en torno a la lengua (Congresos, cursos y seminarios).

Y a la promoción de su candidatura a Patrimonio de la Humanidad (documentando minuciosamente la propuesta y consiguiendo cientos de adhesiones de todas las partes del mundo y de todas las instancias políticas, culturales y sociales).

Un segundo momento fue el de la propia Declaración. La designación se centró en dos circunstancias fundamentales: por una parte, en la continuidad de la vida monástica desde el siglo VI y, sobre todo, en la especialísima relación del monasterio de San Millán con el surgimiento de la lengua española.

Por estas razones y porque, además, sigue hoy manteniendo y promoviendo la vida monacal, académica y turística, el conjunto monumental de Suso y Yuso adquirió la categoría de Patrimonio de la Humanidad.

El tercer momento, después de la Declaración, nos lleva hasta el día de hoy, diez años después.

La Rioja entendió esta designación, más que como la culminación de un proceso, como el inicio de otro: el que haría a San Millán merecedor día a día del alto Galardón concedido.

Como reza el documento emitido por la UNESCO que acredita a los Monasterios de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla como Patrimonio de la Humanidad, su inscripción en la lista del patrimonio mundial confirma "el valor excepcional y universal de un sitio cultural o natural que debe ser protegido para el beneficio de la humanidad".

La Declaración, por tanto, no era la culminación de un proceso, sino el inicio de otro y la continuación de un compromiso histórico adquirido hace más de mil años. Es, sin duda, un privilegio tener el calificativo de Bien Cultural de Interés Mundial, pero siempre fuimos muy conscientes de que este privilegio teníamos que seguir mereciéndolo día a día.

Por eso, pasado el momento de los fastos y celebraciones, se imponía el trabajo esforzado por salvaguardar no sólo un espacio natural y artístico, sino la lengua que en ellos vio la luz, una lengua que se ha convertido en el vehículo de comunicación de más de 400 millones de personas.

Para llevar a cabo esta responsabilidad histórica, el Gobierno de La Rioja auspició la creación de un órgano de gestión que permitiera que los Gobiernos de La Rioja y de España, las instituciones, las empresas y las personas de toda clase aunaran esfuerzos para hacer de San Millán un centro de cultura y de visita de valor universal y para lograr que sea uno de los principales focos de estudio y difusión del español. Surgió así la Fundación San Millán de la Cogolla.

El firme propósito que entonces nos hacíamos de devolver a San Millán de la Cogolla la dignidad y la relevancia cultural que nunca debió perder y de hacerlo en la figura moderna y dinámica que representa formar parte de los bienes que son Patrimonio de la Humanidad no era empresa fácil. Pero nos estimulaban las palabras que, con ocasión de la constitución de la Fundación el 8 de octubre de 1998, nos dirigió su Presidente de Honor, el Príncipe de Asturias: "La altura de miras de sus fines", nos dijo "suscita la adhesión incondicional de todos cuantos amamos la lengua y procuramos su desarrollo en el mundo".

Una noble tarea a la que no vacilaron en unirse las más importantes instituciones y personalidades del mundo hispanohablante, que, con su sabiduría y su prestigio, son garantes excepcionales del valor simbólico y patrimonial de San Millán y de los propósitos concebidos por la Fundación.

El Patronato ha respaldado siempre, con diligencia absoluta, la acción cotidiana. Los Miembros Fundadores han seguido dando su apoyo más allá de los primeros momentos. Los Miembros Benefactores y Colaboradores han contribuido de manera especial a la puesta en marcha y consecución de todos los proyectos.

En este sentido, como Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja y de la Fundación San Millán, me siento especialmente orgulloso de que la Fundación haya conseguido aunar lo público y lo privado, las iniciativas sociales y empresariales con las administraciones públicas. Nuestro afán por atraer desde el principio el interés del mecenazgo empresarial es hoy un importante logro. Nuestros benefactores son personas profundamente comprometidas con lo que la Fundación significa, con nuestra cultura y con nuestra historia.

Por todos los medios a su alcance, se trabaja con vistas a cumplir la primera norma de sus Estatutos, que manda velar por los Monasterios de Suso y Yuso. En este sentido, se han acometido cuantas obras de restauración han sido necesarias para proteger y cuidar estos monumentos; todas ellas llevadas a cabo en coherencia con las líneas de actuación señaladas en el Plan Director. Unas actuaciones que, junto a las que esperamos acometer de manera inmediata (la restauración de la Iglesia, la del Refectorio y la iluminación de Yuso) supondrán una inversión de más de 16 millones de euros y la culminación de ese Plan Director.

Pero hace diez años asumimos también otro compromiso, un compromiso que tiene que ver con el trascendental legado que la Historia ha depositado en San Millán: la lengua española, el activo cultural más importante que tenemos.

"La lengua", escribía Unamuno en 1911 "es el principal patrimonio de los pueblos hispánicos. Es nuestro caudal. Es la bandera que tiene que cubrir nuestra mercancía. Es la lengua que, sin perder su carácter propio y su personalidad, se ensancha a la medida de los vastos dominios territoriales que abarca". Era así entonces y los es, más aún, si cabe, ahora. La lengua es nuestro mejor caudal. El de más de veinte naciones, el de más de 400 millones de personas. Pero la valoración de esta lengua universal (como la calificó ya Baltasar Gracián) no puede quedarse en un orgullo tan retórico como estéril, ni en una mera cuantificación. Y, por eso, haciendo honor a la herencia de Nebrija, hemos querido hacer de la lengua nuestro oficio.

Con ocasión de la primera reunión en este mismo Salón de todas las Academias de la Lengua, decía su Presidente, Don Víctor García de la Concha, que no volvían a los orígenes, a este primer escritorio de la Lengua Castellana, con sentimientos de nostalgia, sino "a tomar madre".

Ha sido así la Fundación motor de todo un proceso que ha hecho de San Millán un foco cultural y una referencia indiscutible del español. Cabe destacar aquí la aprobación en el Senado de la Moción del Grupo Parlamentario Popular, por la que se instaba al Gobierno a apoyar el desarrollo y la difusión nacional e internacional del papel de la Fundación San Millán de la Cogolla en la investigación y aprendizaje de la lengua española con la colaboración del Gobierno de La Rioja y en coordinación con las actividades desarrolladas por la Real Academia Española, el Instituto Cervantes y las demás instituciones con competencia en la materia. Y, cabe destacar también, el papel adquirido por la Fundación en el conjunto de la sociedad, una sociedad que la siente como algo suyo, lo mismo que siente como algo suyo a San Millán y que la eligió "Riojano del año" o le concedió el Premio Prestigio por su defensa del Patrimonio. Una defensa que le llevó a ser elegida por el Ministerio de Cultura como buen ejemplo de gestión del patrimonio.

Hemos llevado a cabo cuantas actividades e iniciativas han sido precisas para analizar la situación del español, para estudiarlo y para divulgarlo. Ha sido precisamente aquí donde los académicos españoles asumieron el compromiso de encarar la confección del Diccionario Histórico de la Lengua Española. Fue también aquí donde se puso de largo la nueva Ortografía, por primera vez panhispánica y un claro ejemplo de respeto a los modos de hablar que se prodigan al otro lado del Atlántico. Y de nuevo fue San Millán testigo de un acto sin precedentes: el que reunió en Sesión Plenaria a todas las Academias de la Lengua Española para aprobar el Diccionario panhispánico de dudas. Con estos acontecimientos, la Real Academia Española ha reafirmado la capitalidad de San Millán de la Cogolla como corazón del idioma ya que ha elegido, como lugar simbólico, el Monasterio de Yuso para presentar todas las iniciativas que ha promovido con este afán.

Unamos a esto que San Millán fue el lugar elegido para la celebración hace un año de la I Acta Internacional de la Lengua Española y el hecho de que somos la sede de la Escuela Interlatina de Altos Estudios en Lingüística Aplicada, un proyecto común de los países que hablan lenguas románicas, por no mencionar también los numerosos seminarios, congresos, jornadas y publicaciones que al amparo de estos muros se han llevado a cabo.

Tareas todas ellas que constituyen el precedente fundamental del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española (Cilengua). Un proyecto para el que hemos contado con la colaboración del Gobierno de España y de la Comunidad Europea. Un proyecto que cristalizó hace algunos meses en la inauguración de su sede, pero un proyecto en el que se viene trabajando desde hace algún tiempo y que gracias a sus directores, los profesores García Turza, Pascual y Cátedra, ha dado ya sus primeros frutos.

La corta pero intensísima trayectoria que este Centro ha tenido hasta ahora llevó hace pocos días a uno de los más prestigiosos estudiosos de nuestra letras, el académico Francisco Rico, a decir que este Cilengua da autoridad para reclamar la presencia en él de las Glosas Emilianenses.

Efectivamente, Cilengua se ha configurado como un centro de investigación pionero y único en el dominio hispánico. Un centro profesional y profesionalizado, prestigiado científicamente, con proyectos propios y con proyectos ajenos que cada vez con más frecuencia llaman a sus puertas.

Como ven, San Millán de la Cogolla ha sido y sigue siendo testigo singular de lo acontecido con una lengua, con nuestra lengua española, desde sus más remotos orígenes hasta este momento. San Millán fue testigo de cómo un monje la puso por vez primera en escritura, de cómo fue consensuada por todas las Academias en la nueva Ortografía y en el Diccionario panhispánico de dudas. El escritorio se ha ensanchado y se ha hecho universal. Y en lo que a esta Fundación respecta, seguiremos haciendo todo lo posible para que siga creciendo y enriqueciéndose.

Participamos plenamente del pensamiento del filólogo Amado Alonso cuando dijo que "nuestra lengua y su porvenir está en nuestras manos, en nuestra voluntad, en nuestra intervención cotidiana y activa". Ya en el siglo X, bajo el gobierno del abad Gomesano, el escritorio de San Millán, centro neurálgico de la biblioteca, pudo participar en el porvenir de la lengua con los Comentarios a los Salmos, la copia de la Ciudad de Dios de San Agustín, y, sobre todo, con el famoso códice 46.

Y, ante estos documentos, ante las innovaciones y las vacilaciones lingüísticas de hace más de un milenio, no tenemos sino que reconocer los esfuerzos de los que nos precedieron. Como tendremos que reconocer ahora (ya se ha empezado a hacer) la labor del Cilengua, donde la pluma del copista ha dado paso a las nuevas tecnologías.

Hace diez años iniciamos un camino. El día de hoy supone un alto en el mismo, una parada para tomar aliento. Debemos proseguir mañana con los mismos pasos, más firmes si caben, que nos han traído hasta aquí. Como Presidente de esta Comunidad y como Presidente de la Fundación San Millán de la Cogolla me siento muy orgulloso de lo que hemos alcanzado, pero sé también que no hemos de cejar en nuestro empeño y les pido a todos, autoridades, patronos, empresarios benefactores y miembros del Cilengua que nos sigan prestando su ayuda. Sin ella no habríamos podido llegar a este momento.

Agradezco a todos su trabajo y su tesón y les emplazo a un nuevo aniversario, con la misma ilusión que nos ha convocado en torno a este.

Muchas gracias.

Pedro Sanz - Presidente de la Comunidad de La Rioja