28 de enero de 2000

Excelentísimo y Magnífico Sr. Rector de la Universidad de La Rioja

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades

Comunidad universitaria

Señoras y señores

Con plena normalidad, la comunidad universitaria ha elegido a sus representantes en los órganos de gobierno, confirmando su confianza para que, quien ha regido a su Claustro en la trascendental etapa de desarrollo y crecimiento de la Universidad riojana, prosiga en esa responsabilidad en el período de desarrollo que comienza con esta toma de posesión.

Vaya, por ello, mi felicitación por el ejercicio de democracia vivido en este proceso electoral y mi satisfacción porque, por vez primera en nuestra historia, el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma ha ejercido su capacidad de nombramiento del Rector como consecuencia de la voluntad mayoritaria expresada en las urnas.

Un Rector a quien expreso mi enhorabuena, mi afecto y respeto, tanto por el trabajo realizado como por su talla humana, que ha facilitado la colaboración en un clima de diálogo y comprensión entre las respectivas instituciones.

Desde esta normalidad, serenidad y libertad, y en este Aula Magna que representa la pluralidad y el autogobierno, reitero mi compromiso para mantener la colaboración del Gobierno de La Rioja con el Rector y el Claustro Universitario con el fin de alcanzar las más altas cotas en la construcción y proyección de esta institución académica.

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Cuando el proyecto de Universidad de La Rioja comenzó su andadura eran muchas las esperanzas depositadas para que llegara a ser un motor de desarrollo y un símbolo para nuestra Comunidad.

Hoy, cuatro años después del traspaso de la competencia de la enseñanza universitaria a La Rioja, comprobamos que los resultados han superado las expectativas y podemos afirmar con orgullo que la Universidad, su espacio físico, su crecimiento académico y su liderazgo en el ámbito de la investigación han transformado un proyecto en una entidad real, protagonista del devenir regional. La Universidad de La Rioja es una realidad en marcha compartida por toda la sociedad riojana.

Una realidad sustentada en el evidente deseo de nuestros jóvenes de ambicionar los más elevados niveles de conocimiento y formación para integrar la sociedad que se prepara con el fin de entrar en el nuevo milenio, y participar con su implicación en el devenir de la cultura y la ciencia.

Porque un elemento identificador de esta Universidad es que está impregnada de una lícita voluntad participativa que, lejos de encerrarse en sus muros, los traspasa para ser ella misma, ocupando un espacio vivo y protagonista en la sociedad riojana y en el conjunto académico de nuestro país.

No sería justo restar mérito en esta actitud al equipo de gobierno que democrática y colegiadamente ha conducido la nave universitaria desde que los riojanos asumimos esta trascendental competencia.

Un equipo que asumió un incipiente proyecto bajo la tremenda presión que suponía la exigencia social de su desarrollo, desde una evidente precariedad de medios y recursos y con un alto nivel de expectación por parte de quienes ya son, con todas las de la ley, universitarios o estudiantes universitarios.

Una gestión que se ha visto refrendada por un crecimiento espectacular del Campus y de sus infraestructuras, transformando una parte importante de Logroño hasta imprimirle una personalidad propia, avanzada, aglutinadora de pluralismos e intereses generosos, como corresponde a una entidad de estas características.

De la dispersión de Centros se ha pasado a la realidad de un Campus estructurado, dotado de todos los servicios necesarios para sus objetivos de formación y de convivencia humana, en el que destacan el Rectorado, el Complejo Científico-tecnológico y el Polideportivo universitario.

De la dispersión académica se ha pasado a la suma de intereses para fortalecer y prestigiar los diferentes estudios, tanto los que nacieron al asumir la nueva competencia competencia, como los que formaban parte de la oferta de grado medio y hoy tienen rango universitario. Son los casos de la Escuela de Trabajo Social y la Escuela de Turismo, que han asegurado, con su integración, su futuro.

No cabe duda de que la Universidad y la universalidad riojanas se han encontrado en el mismo camino y sus pasos van al mismo ritmo hacia un horizonte que fortalece nuestras señas de identidad y afianza nuestra capacidad para superar los retos del futuro.

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Pero hacer universidad no es una tarea que finalice con la puesta en marcha de unas instalaciones o servicios. Por el contrario, es un proyecto que precisa autoalimentarse cada día de innovación, imaginación y nuevos planteamientos para ser motor activo en la actualización del conocimiento y, con él, de la formación permanente o continuada, dirigida, de forma especial pero no excluyente, hacia el mundo laboral.

Para lograrlo, la Universidad de La Rioja debe seguir desarrollando su modelo bajo tres premisas fundamentales: la mejora de la calidad de las prestaciones universitarias de enseñanza, investigación, culturales y de servicios, a través de la formación; la creación de condiciones que faciliten la incorporación de sus estudiantes al mercado de trabajo; y la participación en programas de utilidad formativa para determinados sectores sociales.

Tres compromisos que se canalizan a través de una amplia oferta multidisciplinar, que crece cada año lectivo; en una demostrada apuesta por la investigación y el desarrollo aplicados al progreso social y económico; en una estrecha colaboración con el mundo empresarial, tanto en cuanto a formación como respecto a la transferencia de I+D; y en un importante esfuerzo dirigido hacia la especialización en determinados sectores, como es el caso de la vitivinicultura, a través del Magister, o los cursos de perfeccionamiento que se imparten en esta institución.

Recientemente afirmé que en nuestros jóvenes, en su educación y formación depositamos nuestra esperanza de futuro. Que son nuestra garantía de futuro. Y es a nuestra Universidad a quien le otorgamos la tutela para poder promover una sociedad volcada hacia la innovación y tecnología, como factores que conectan con la competitividad y que están ligados al empleo.

Desde el respeto a la autonomía universitaria, principio que ha regido la relación del Gobierno que presido con la institución académica, desde el impulso del Consejo Social y desde el diálogo permanente y honesto con los representantes de esta comunidad, considero que es preciso seguir avanzando, desde la colaboración de los agentes económicos y sociales y autoridades educativas y políticas, para mejorar el conocimiento sobre la evolución de los sectores empresariales, anticiparnos a las necesidades del mercado de trabajo y aportar programas para la adaptación de nuestras empresas ante los retos de la competitividad.

Porque el verdadero capital de las empresas radica en su personal, en las mujeres y hombres, que confían en encontrar en la oferta educativa y formativa sus verdaderos proyectos de realización personal y colectiva.

Es evidente que la formación universitaria tiene otras dimensiones ajenas al mercado laboral. Dimensiones que permiten el crecimiento de la inteligencia y de los saberes humanísticos relacionados con el desarrollo del conocimiento y el pensamiento. Pero desde la responsabilidad que me compete como Presidente de La Rioja, debo incidir en la necesidad que tiene nuestra región de profesionales cualificados y de directivos para liderar los cambios en los que esta región está inmersa.

Nuestros niveles de desempleo -los segundos más bajos de España- se aproximan a tasas estructurales, y en las empresas y las Administraciones se demandan trabajadores altamente cualificados, cuyo origen deseamos que sea esta Universidad de La Rioja. Como lo será también la próxima formación profesional que quisiéramos que entrara en vigor en el curso 2000/2001.

En nuestro corazón albergamos la esperanza de que la Universidad de hoy sea la empresa de mañana.

Me consta que éste es un proyecto compartido, una realidad en la que la Universidad ha volcado su interés y entusiasmo y el Gobierno toda su colaboración.

Por todo ello, le reitero mi compromiso para seguir respaldando la preparación profesional y humana de nuestros jóvenes desde el respeto a la autonomía institucional pero con la pasión que es necesaria poner en las grandes obras.

Le felicito por el apoyo recibido que avala su gestión y la del equipo claustral.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - Presidente del Gobierno de La Rioja