21 de septiembre de 2006

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades,

Queridos emigrantes riojanos,

Señoras y Señores:

Un año más, una mañana de septiembre más, los riojanos de todos los rincones de La Rioja (de la Alta, de la Baja y de la Media) nos congregamos en este Paseo de El Espolón para celebrar, con pasión y amor de hijos por nuestra tierra, el Pisado de la Uva y la Ofrenda del Primer Mosto a nuestra Patrona, a la Virgen de Valvanera.

Son días de vendimia, de faenas familiares y de músicas de corquetes y tijeras entrelazadas en un otoño que viste de hermosura nuestros campos de viñedos.

Días de trabajo, de afanes y de alegría por una cosecha que se anuncia generosa y que simboliza la recompensa a los esfuerzos y desvelos de todo un año a favor de La Rioja y de lo riojano.

Una alegría que hoy, en este 21 de septiembre, con Logroño en fiestas y con nuestra capital toda La Rioja, es todavía mayor.

Mayor porque conmemoramos el 50 aniversario de esta venerable tradición, el Pisado de la Uva, alentada con entusiasmo por riojanos que ya hace medio siglo creían de verdad en esta tierra y en su singularidad.

Una tradición que aviva los perfiles de nuestras señas de identidad, que acrecienta nuestro orgullo de pueblo privilegiado y que es una invitación a la fiesta en honor a nuestro pasado, a nuestro presente y a un futuro que anhelamos de prosperidad para todos nosotros y para los que nos han de seguir.

Una fiesta desde el vino, por el vino y a través del vino.

Porque el vino, en su grandeza y complejidad, es una celebración en sí mismo.

Porque el vino, decía Ortega y Gasset, "da brillantez a las campiñas, exalta los corazones, enciende las pupilas y enseña a los pies la danza".

Porque el vino es el merecido pago a la labor bien hecha que para sí reclamaba nuestro admirado Gonzalo de Berceo.

Porque el vino "alivia las fatigas y los dolores", como recordaba el también riojano Bretón de los Herreros.

Porque La Rioja es vino. Porque el vino está en lo más íntimo de nuestro ser, en lo más profundo de nuestra alma. El vino nos ha hecho ser tal como somos, ha conformado nuestro carácter de pueblo afable, de amistad, optimista y trabajador por el que somos conocidos y admirados en el mundo entero.

Somos una tierra de vinos y de viñedos. Una tierra que participa en plenitud de la cultura del vino. Una tierra que enriquece, diversifica y enaltece el universo del vino desde una tradición que se remonta a siglos de buen hacer, lo que nos convierte a los riojanos en voz autorizada para defender el vino de verdad.

Por eso quiero hoy renovar mi compromiso de seguir defendiendo este modelo de vino de Rioja, con valentía, en todos los lugares y foros y ante cualquier circunstancia. Ese vino identificado íntimamente con la tierra de la que mana, ese vino que es expresión fiel del carácter de un pueblo y de su sabiduría y que, como tal, es fuente de valores que inspiran nuestras manifestaciones sociales y culturales. Un vino que, manteniendo su tipicidad, se seguirá adaptando a los tiempos actuales en el futuro Centro de Investigación que se levantará en La Grajera. Un vino, en fin, que se siente tan satisfecho, tan íntimamente ligado a su origen, que se presenta al mundo con el nombre de la tierra que le da vida: La Rioja.

Ya en el siglo I antes de Cristo, advertía Estrabón que las mejores tierras para vivir son las aptas para criar viñedos. Y dos siglos después Tácito afirmaba que donde acababa el vino terminaba la cultura.

Esas tierras a las que se referían tanto Estrabón como Tácito son las tierras del vino, las tierras de La Rioja, las tierras del mejor vino. Son nuestros pueblos y ciudades, nuestras cabeceras de comarca. Tierras diversas que, en la mañana de hoy, han acarreado hasta este punto de encuentro de la riojanidad sus racimos para que de esta tina común que tenemos ante nosotros brote ese mosto múltiple y a la vez único, un mosto trufado de acentos que convergen en un mismo idioma con el que nos dirigimos a nuestra Patrona para agradecerle su amparo. Y también para, ante su serena figura, hacer votos por vigorizar La Rioja que durante estos cincuenta años hemos sido capaces de construir.

50 años en los que hemos creído firmemente en lo nuestro, en lo propio, en lo riojano, en nuestras raíces.

50 años de confianza en nuestra capacidad para, desde la pasión de ser y sentirnos riojanos, encaminar nuestra tierra, la tierra del vino, hacia lo que eran nuestros sueños.

50 años que nos han convencido de que somos capaces de lograr lo que nos propongamos si en ese afán depositamos el mismo delicado esmero que brindamos al cultivo de nuestras vides.

Por tanto, esta vendimia que hoy escenificamos en El Espolón de Logroño quiere ser una representación jubilosa de las cosechas sucesivas que han tenido lugar a lo largo de estos 50 años de apuesta por nuestra tierra, por lo riojano. Cosechas de extraordinaria calidad que se han traducido en un impulso de La Rioja sin precedentes y con la excelencia como guía: en sanidad, en educación, en servicios sociales, en infraestructuras, en innovación al servicio de la competitividad de nuestra economía…

Hoy, al cabo de esta ilusionante trayectoria, podemos decir que La Rioja es una Comunidad cohesionada, vertebrada y equilibrada, situada a la cabeza de las más prósperas regiones europeas y que descubre cada día nuevas sendas para continuar avanzando y diversificando su potencial de desarrollo.

Caminamos unidos, en bloque. Y es que los riojanos estamos embarcados en el proyecto común de vigorizar La Rioja desde las particularidades de cada una de nuestras cabeceras de comarca, desde cada una de nuestras fortalezas, como han puesto de manifiesto en esta festiva mañana de septiembre, en esta mañana de vendimia riojana, estos niños y jóvenes con cestaños de diferente procedencia pero de común destino.

Este mosto que hoy ofrecemos a nuestra Patrona es la mejor expresión de colaboración y cooperación de un pueblo con un empeño compartido. Es la mejor muestra de solidaridad. Una solidaridad riojana que ofrecemos a las regiones españolas para, desde la igualdad, agrupar energías y acelerar nuestros ritmos de crecimiento desde la concertación y el encuentro. La misma solidaridad con la que recibimos a los que llegan a nuestra tierra en busca de un proyecto de vida y que, lamentablemente, esta solidaridad tiene límites. Tiene límites por cuanto nuestra capacidad de acogida se está viendo desbordada.

Ha sido desde nuestra capacidad de autogobierno como La Rioja, en los umbrales del 25 aniversario de nuestro Estatuto de Autonomía, el Estatuto de San Millán, ha crecido interior y exteriormente, fortaleciendo sus señas de identidad y extendiéndose por el mundo, al igual que la lengua que nació en nuestros monasterios, en una dinámica en la que han desempeñado un papel fundamental nuestros emigrantes.

A ellos, por tanto, a nuestros queridos emigrantes, de regreso hoy para participar en esta fiesta de la riojanidad, quiero expresarles todo mi afecto por haber mantenido vivo su amor por La Rioja en sus lugares de acogida, por haber propagado por el mundo los valores que La Rioja atesora de solidaridad, de diálogo y de generosidad, por haber ensanchado nuestros horizontes hacia Hispanoamérica. Por haber conservado su cariño hacia nuestras tradiciones y folclore, como el Grupo de Danzas del Centro Riojano de Buenos Aires, hoy aquí presente.

Pronto tendré ocasión de testimoniar personalmente esta misma gratitud, este agradecimiento de paisanos, a los riojanos que festejan San Mateo en Chile y en Argentina, en esos países hermanos que, por su proverbial hospitalidad, son, como no podía ser de otra forma, tierras también de vinos y de viñedos. Y de poetas que, como hoy hacemos en el Paseo del Espolón, cantan las excelencias de los sagrados frutos de la vid.

Poetas como el argentino Borges, quien versificaba que "el vino fluye rojo a lo largo de las generaciones como el río del tiempo y en el arduo camino nos prodiga su música, su fuego y sus leones". Y el chileno Pablo Neruda, para quien el vino "no lo hace un hombre sino muchos hombres, y no una uva sino muchas plantas, y no es una gota sino muchos ríos".

No un hombre, sino muchos hombres y mujeres. Muchas riojanas y riojanos. Ese es el llamamiento que quiero hacer en la mañana de hoy. Un llamamiento a estrechar todavía más nuestros vínculos fraternales. A seguir confiando en La Rioja y en nuestra capacidad para soñar futuros colectivos.

La Rioja es como cada una de nuestras cepas: pequeña, pero robusta y con un enorme poder de creatividad. Y, como ellas, de madera añosa y de frutos que se renuevan permanentemente, simbiosis de nuestra historia, de nuestra identidad, y al mismo tiempo de nuestra capacidad de transformación diaria, al igual que nuestro vino, que, como nuestro proyecto de Comunidad, se perfecciona con el transcurrir del tiempo, ganando en matices, en cuerpo y en esencias.

La Rioja es pequeña como nuestras cepas y grande como nuestros vinos.

Con esa satisfacción, en esta mañana de septiembre, en el corazón de Logroño, nos identificamos con uno de nuestros símbolos más sagrados, con el Pisado de la Uva, que marca el inicio de un nuevo ciclo cargado de promesas de prosperidad.

Y al ofrecer el primer mosto de esta vendimia a la Virgen de Valvanera rendimos el homenaje que merecen a esas personas que hace 50 años instucionalizaron este acto como expresión del orgullo que sentían por su identidad de riojanos.

Nosotros, hoy, medio siglo después, proclamamos que confiamos en La Rioja tanto como ellos, que trabajaremos tanto como ellos por La Rioja y por lo riojano, por nuestras raíces y por nuestro futuro.

Queremos que dentro de otros 50 años, las próximas generaciones de riojanos se sientan orgullosas de nosotros, se sientan orgullosas de La Rioja. Y que un día como hoy, un 21 de septiembre, con las viñas rebosantes de racimos, con Logroño en fiestas y con la música de corquetes y tijeras sobrevolando nuestros cielos, brinden alegres por su tierra, brinden por el vino, que es brindar por la vida, y griten como nosotros, con el mismo orgullo de riojanos con el que ahora lo hacemos: ¡Viva La Rioja!

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA