24 de septiembre de 2008

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, Queridos emigrantes riojanos, Señoras y Señores:

Un nuevo año, en los umbrales de un otoño rebosante de belleza de viñedos en los llanos, lomas y cerros de La Rioja, presido con emoción uno de los actos más entrañables y que mejor refleja el alma, el ser, el sentir y el orgullo de los riojanos: el Pisado de la Uva y la Ofrenda del Primer Mosto a la Virgen de Valvanera. A nuestra Patrona, a quien en la mañana de hoy queremos expresar nuestra gratitud por la fertilidad de nuestras tierras, por la sabiduría de nuestros agricultores y por la abundancia de frutos en nuestras vides.

Estamos en tiempo de vendimia. Y, ante nosotros, como un hijo muy anhelado, se asoma a la luz de la vida el primer mosto. Un mosto que es germen de tiempos nuevos, de alegría, de expectación, de esperanza y de vino. De vino de Rioja.

Ese vino que es sangre dulce y corazón apasionado de nuestra identidad riojana.

Ese vino que es prestigio y fama de La Rioja en España y en el mundo.

Un vino que nos admira. Que nos llena de satisfacción. Y que hoy, en esta festiva mañana de septiembre, actualizando sus encantos, su magia y su presencia, nos reúne en el epicentro de La Rioja, en El Espolón logroñés, para identificarnos de nuevo con él, plenamente, con sus virtudes y valores. Para exaltar la cultura compartida y universal que de nuestros vinos mana. Para reafirmarnos en nuestras raíces, en las vides riojanas (“hijas predilectas de la tierra”, según recita el poema). Y para renovar nuestro compromiso de trabajo para que nuestra Comunidad crezca, se modernice y sea más competitiva día a día. Y todo ello sin perder nuestras esencias, nuestras tradiciones y costumbres.

Aquí, en esta celebración de la riojanidad, estamos todos los riojanos. La familia riojana congregada en torno a la liturgia de la vendimia. Como siempre ha sido. Al calor de la amistad y de la ilusión por la cosecha cíclica, anual y abundante de nuestra tierra.

Aquí estamos todos. Mujeres y hombres, jóvenes y mayores. Riojanos del valle y de la montaña. Riojanos de aquí y de allá, del otro lado del mar, como nuestros queridos emigrantes, a los que doy mi más calurosa bienvenida. Riojanos que fertilizaron con sus lágrimas la tierra de la que partieron, que han llevado impreso en sus corazones el nombre de La Rioja allá donde el destino les condujo y que hoy llegan ante nosotros con la emoción por el reencuentro. Llegan de Chile y Argentina. Y con ellos, acompañándoles, traen el poema de Borges en el que nos invita a buscar en el vino “las fiestas del fervor compartido”.

Así es nuestra Fiesta de la Vendimia. Una fiesta de fervor compartido por todos los riojanos, por todas las cabeceras de comarca. Por esas tierras que, de la mano de sus jóvenes y niños, han acarreado hasta esta tina común del Espolón sus racimos para alumbrar este mosto tan apreciado.

Un mosto que plasmará en un vino único la extraordinaria y enriquecedora pluralidad de La Rioja, de sus pueblos y sus gentes. Un mosto que es la imagen fiel de la unidad y del trabajo conjunto de los riojanos, y por tanto la mejor garantía de éxito en nuestra apuesta colectiva de futuro.

En este mosto que será vino, vino de Rioja, se ve reflejada, como en un espejo, Nájera, Corte de Reyes y ciudad del mueble. Calahorra y su admirable huerta. La conservera Alfaro. Cervera y su quehacer artesanal. Haro y sus majestuosos vinos. La jacobea Santo Domingo de la Calzada. Arnedo y su calzado. Logroño, nuestra querida capital. Y los Cameros, los Viejos y los Nuevos, espacios de naturaleza y de ríos de un verdor perenne.

De todas ellas, de sus uvas, ha nacido este mosto que ha colmado la jarra que, como una ofrenda de gratitud, depositamos a los pies de nuestra Patrona. Una jarra que, parafraseando al poeta, “vierte la esperanza, la juventud, la vida y el orgullo”.

El orgullo de sentirnos riojanos de verdad, hijos de esta tierra que de nuestros vinos toma su nombre, su prestigio, su fortaleza y su fe en el porvenir.

La vida de nuestros pueblos y ciudades, hoy aquí presentes con su folclore, sus danzas y sus bailes.

La juventud riojana. Estos niños y jóvenes ataviados con los trajes típicos de sus comarcas, de colores vivos, como vivo y jovial es su compromiso con La Rioja.

Y la esperanza en el futuro. Un futuro que se nos presenta incierto, por las dificultades por las que en estos momentos está atravesando España, pero que vamos a ganar para nosotros. Porque, del poder del vino, de lo que significa para nosotros como referencia del buen hacer de los riojanos, de su creciente competitividad, de su capacidad para dinamizar social, cultural y económicamente La Rioja, vamos a sacar las necesarias enseñanzas para crecernos en estos tiempos de adversidad. Y vamos a tomar también ejemplo de nuestros agricultores. De esas personas ejemplares que alzan sus ojos al cielo no para invocar un milagro, sino que lo hacen para predecir las lluvias y las nieves a fin de actuar en consecuencia y asegurar que de sus viñas brotará el tan esperado vino de Rioja, en toda su grandiosidad.

Un vino que hoy, en el corazón de Logroño, rejuvenece nuestra identidad. Que revitaliza nuestras ilusiones. Que se transforma en confianza en nosotros mismos y en nuestro porvenir. Que nos dice, desde su voz autorizada y sabia, que La Rioja va a continuar creciendo social y económicamente. Que vamos a seguir generando empleo y riqueza, bienestar social y calidad de vida para todos y cada uno de los riojanos. Que La Rioja, al igual que nuestros vinos, avanzará imparable por la senda del progreso, creciendo y multiplicando su presencia en Europa y en el mundo.

Y es que nuestros vinos nos han dado una identidad que es fortaleza, que es determinación y que es afán de superación. Un vino que “torna en sangre”, como dejó escrito Gonzalo de Berceo. Que torna en sangre riojana. En identidad, en ser y sentir riojano. En Autonomía y en capacidad de autogobierno y de decisión.

El próximo 8 de octubre se cumplen 30 años del Primer Día de La Rioja. Entregada a las labores de la vendimia, Nájera concitó entonces, en el año 1978, la presencia de 15.000 voces riojanas en demanda de nuestra autonomía, a los acordes del estribillo ‘La Rioja existe, pero no es’.

Hoy es y existe La Rioja. Hoy somos y existimos los riojanos.

Hoy las tonalidades del vino son los colores de nuestra bandera; su rumor, nuestro himno; su vigor, nuestra alma; y su esencia, nuestra identidad, nuestra cultura y nuestro orgullo de riojanos.

Riojanos que hoy, en los albores del otoño, nos damos cita en este escenario de riojanidad para defender el vino. Para defender su cultura, que es defender nuestras señas de identidad, nuestra razón de ser y de existir. Y para ofrecer solidaridad, cooperación y amistad al resto de regiones españolas, desde la generosidad de las gentes del vino. Una generosidad que queremos para nosotros, demandando que no existan privilegios de unas Comunidades sobre otras, que desaparezcan los agravios y que se dejen en nuestras manos los instrumentos necesarios para fortalecer el proyecto de convivencia y de futuro que hace 30 años, en Nájera, echó a andar, comenzó a caminar, con la vendimia en plena efervescencia.

Por eso, los riojanos queremos alzar hoy nuestra voz para exigir al Gobierno central que sea garante de la igualdad entre todos los ciudadanos y de la solidaridad entre todos los territorios. Y alzar también nuestra voz para proclamar que seguiremos defendiendo lo nuestro, lo que nos une, lo que nos mueve, lo que nos corresponde. Porque queremos seguir siendo, sencillamente, riojanos, y también españoles.

Será así como el futuro será nuestro. Porque los riojanos hemos demostrado que sabemos trabajar por nuestros intereses mejor que nadie. Porque nuestros vinos, su fortaleza, su fama y su prestigio universal, nos dicen que los riojanos sabemos hacer las cosas bien, que somos capaces de conseguir todo aquello que nos propongamos.

Por ello, en esta mañana festiva de septiembre, en este tiempo sagrado de la vendimia, quiero hacer un llamamiento al optimismo, a la alegría y a la esperanza en La Rioja y en los riojanos. Un llamamiento a trabajar juntos y unidos, con ilusión, cada uno en el papel que le corresponde, cada Administración desde su responsabilidad, llevando a cabo sus competencias. Un llamamiento a creer en La Rioja, a luchar por ella con todas nuestras fuerzas y a gritar con orgullo su nombre. Un nombre que nos emociona.

Riojanas, riojanos, gritemos todos juntos, con una sola voz: ¡Viva La Rioja!

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja