21 de septiembre de 2003

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades:

Queridas y queridos emigrantes riojanos:

Señoras y Señores:

Es tiempo de vendimia. De viñas, de corquetes y de cunachos. De olor a vino joven y de sabor a calados y trujales.

Un tiempo mágico en el que La Rioja se engalana de aires de fiesta para elevar a nuestra patrona, la Virgen de Valvanera, el más jubiloso agradecimiento por los frutos de nuestras cepas, resultado de la sabiduría y del esfuerzo de los agricultores riojanos, y para ofrecerle este primer mosto con la emotividad de quienes nos sentimos dichosos por ser hijos de esta tierra.

Una tierra de presente y de futuro. Pero también de un pasado del que brota como un torrente nuestra identidad como pueblo de mujeres y de hombres generosos y optimistas. Mujeres y hombres que hoy, como cada 21 de septiembre, en los umbrales del otoño y con nuestra capital en fiestas, nos congregamos en el Paseo de El Espolón para revivir el rito del pisado de la uva.

Para revivir esta liturgia como un acto de exaltación del trabajo bien hecho y como expresión del hermanamiento de los riojanos del llano y de la montaña, de La Rioja Alta y de la Baja, de los siete valles y de las nueve cabeceras de comarca.

De los riojanos hijos de la emigración que hoy nos acompañan en Logroño o que, en sus países de acogida, en Chile, en Argentina o en aquellos otros a los que el destino los llevó, celebran estos días, con un fervor acrecentado por la añoranza, una fiesta como la que en la mañana de hoy nos congrega en el corazón mismo de La Rioja.

Fiesta a la vez fiel con la tradición y al mismo tiempo original.

Original por cuanto nos brinda el honor de asistir al prodigioso nacimiento de una nueva cosecha de excelentes vinos que lucirán con orgullo su lugar de origen.

Y fiel porque, en su escenografía, preserva, fija y ensalza los valores y virtudes que la costumbre ha ido sedimentando en nuestra alma de pueblo de concordia. Valores y virtudes conocidos fuera de nuestras fronteras, en el mundo entero. Y que el escritor Mario Vargas Llosa ha sintetizado diciendo que "el vino de Rioja está en el corazón mismo de una cultura que ha elevado a su más alta manifestación la idea de la convivencia, el diálogo y la participación".

Convivencia reflejada en nuestros monasterios de Suso y Yuso, donde se acunaron esos nacientes balbuceos que hoy son semillero de concordia para más de 400 millones de hispanohablantes.

Convivencia por fluir por La Rioja esa ruta de las estrellas que, durante el próximo Año Jacobeo 2004, se poblará de miles de peregrinos que harán un alto en el camino para saborear nuestros vinos, para conocer nuestros paisajes, para admirar nuestros monumentos y para trabar amistad con nosotros, enriqueciéndonos mutuamente, como durante siglos ha ocurrido.

E, igualmente, tierra de diálogo y de participación porque en La Rioja, con el mismo esmero que nuestros caldos, se cultivan las relaciones personales, la amistad y el consenso. Diálogo en el propio sector del vino y en todos los campos sociales y económicos que, con el amparo de sindicatos y empresarios, va a ser amplificado para conquistar La Rioja de la excelencia, La Rioja del bienestar social y de la calidad de vida.

Y participación de todos, en pie de igualdad en el compromiso, para que esa Rioja que anhelamos nos enlace a un horizonte que ya anuncia sus retos y oportunidades y para el que estamos preparados.

Los riojanos proclamamos en la Fiesta de la Vendimia nuestro sano orgullo por lo que, como pueblo, hemos conseguido y por lo que habremos de conseguir en el futuro. Es un orgullo que nace de reconocernos en nosotros mismos. De participar, desde nuestras propias singularidades, en la construcción de la España de las Autonomías. De sumar y no de restar.

No es, por tanto, un orgullo que nos invite a encerrarnos en un caparazón de autocomplacencia, sino que, por el contrario, nos incita a ser solidarios con el resto de regiones para que España sea más plural, diversa y original. Como plural, diverso y original es este vino que ha nacido de la generosa reunión de uvas de todas las comarcas, de todos los pueblos, de todos los pagos y parajes que lo convierten en un vino excepcional.

Es desde este talante desde el que reafirmo, recogiendo el sentir de las riojanas y riojanos, la defensa de nuestro modelo de Estado. La defensa de esta España Democrática en la que vivimos y convivimos. De esta España que este año celebra los 25 años de su Texto Constitucional y que nos ha permitido desarrollarnos como pueblo con voz propia.

Es desde este mismo talante desde el que animo a todas las Comunidades a que ensanchemos nuestros espacios de encuentro y de participación; fortaleciendo la estabilidad y la normalidad constitucional que entre todos hemos conquistado y que la voz de una minoría trata de poner en peligro en una absurda aventura que no lleva a ninguna parte pero que amenaza con sembrar de trampas su camino.

La defensa de esta España en la que creemos y a la cual hemos entregado lo mejor que poseemos; la defensa de esa España en la que ciframos nuestras esperanzas de futuro en un clima de entendimiento es algo que los riojanos nos debemos a nosotros mismos. A nuestros antepasados y a las generaciones que están por venir. Algo que le debemos a la identidad participativa y solidaria que poseemos y que se ve reflejada en estos vinos que hoy festejamos. Vinos en los que palpita nuestra propia esencia. Vinos que forjan nuestra identidad personal y colectiva desde el mismo momento en que nacemos. Como dejó escrito el recordado Horacio Sáenz Guerrero, emigrante ocasional en Barcelona, al recordar que las gotas de tinto que el cura le posó en los labios el día de su bautizo "me han hecho como soy y me han mantenido los bríos de la sangre riojana por encima del tiempo y de la distancia".

De eso, de la persistencia de esta seña de identidad en lo más profundo de nuestro ser, saben mucho nuestros emigrantes, esos riojanos que dijeron con tristeza adiós a sus pueblos, parientes y amigos; y que hoy regresan y ven una Rioja transformada, moderna y desarrollada. Una Rioja ilusionante y viva. Una Rioja que se renueva en la frescura generacional de estos niños y jóvenes que han vertido en el lagar común del Espolón esa diversidad de uvas que nos recuerdan que La Rioja es un proyecto colectivo.

Un proyecto que avanza día a día, minuto a minuto, y que hoy se prepara para iniciar una nueva etapa que viene marcada por las propias características de este mosto: nueva, porque nace llena de sorpresas, pero esperanzadora por cuanto hunde sus raíces en una tierra cultivada, en una experiencia que es fuente de confianza en nuestra propia capacidad.

Con el inicio de esta tercera legislatura, y tras consolidar los logros obtenidos, se alumbra para La Rioja un tiempo en el que, con la participación de todos, esta tierra va a asistir a un nuevo impulso modernizador. A un nuevo y decisivo impulso donde el pleno empleo será una realidad. Donde nuestra sanidad, nuestra educación y nuestras infraestructuras conocerán un desarrollo determinante. Donde nuestros pueblos alcanzarán el protagonismo que les pertenece. Donde nuestra identidad se verá redefinida y reafirmada y, a la vez que ella, nuestra proyección exterior, nuestra cohesión social, nuestra solidaridad y nuestra capacidad para captar un turismo generador de riqueza y de puestos de trabajo.

Estoy convencido de ello y así os lo transmito, a la vez que os animo a elevar imaginarias copas para brindar por ello, para brindar por esta tierra donde la vida es una celebración y donde aceptamos como propio el proverbio que dice que "el vino fue creado para el goce de los hombres, la alegría del corazón y la felicidad del alma".

Tres sentimientos (goce, alegría y felicidad) que deseo sean los que presidan estos nuevos tiempos que iniciamos en este entrañable acto que nos recuerda, hoy más que nunca, que La Rioja posee cuerpo y alma. Esencia y presencia. Que La Rioja es tierra de sabores y de saberes. Sabores que traen hasta nosotros las evocaciones del campo, de las cepas, de la vendimia y del mosto. Sabores antiguos que se renuevan en el día de hoy para afirmar nuestra memoria y nuestras señas de identidad.

Y saberes, cultivados a lo largo de los siglos, que nos ofrecen la garantía de que los riojanos, como sucede con nuestros vinos, somos capaces de llevar a buen puerto todo aquello que nos propongamos, si en ese empeño comprometemos nuestra disposición a caminar en una misma dirección. En una dirección que tiene tres puntos de orientación: la prosperidad, el bienestar y la calidad de vida de los riojanos. Y una sola meta: La Rioja.

Esa Rioja que nos llena de orgullo con sólo pronunciar su nombre. Una Rioja que hemos construido entre todos. Y que entre todos hemos de seguir construyendo. Colaborando hombro con hombro y situando el interés general de nuestra Comunidad por encima de cualquir otro.

A eso os convoco en el día de hoy, en nuestra Fiesta de la Vendimia, a los pies de nuestra Patrona y ante este jarro de mosto joven en el que confluyen nuestros mejores deseos: a trabajar día a día por La Rioja y para La Rioja. A trabajar con la ejemplaridad y constancia de nuestros agricultores, cuyos frutos hoy festejamos, para que el porvenir que nos aguarda sea un fiel reflejo de las aspiraciones que nos hemos marcado. A trabajar con fe plena en esta tierra y en la valía de sus gentes. A trabajar con ilusión y energía renovadas para conquistar el futuro que nos merecemos. A trabajar, ahora y siempre, juntos y unidos. Como juntos y unidos os animo a gritar, agrupando los acentos de las comarcas riojanas en una sola voz, en una voz emocionada: ¡Viva La Rioja!

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA