21 de septiembre de 2004

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades:

Ilmo. Alcalde de Logroño,

Queridas y queridos emigrantes riojanos:

Señoras y Señores:

En el cincuenta aniversario de la coronación de nuestra Patrona, los riojanos de La Rioja Alta y de la Baja, del llano y de la montaña, los riojanos de los siete valles y de las nueve cabeceras de comarca, nos congregamos en el Paseo del Espolón para exteriorizar nuestra alegría por los frutos del esfuerzo de todo un año ofreciendo a la Virgen de Valvanera el primer mosto de esta vendimia por su amable protección y amparo.

Un mosto que será vino, vino de Rioja, y que es el símbolo más íntimo del corazón de esta tierra que se sabe privilegiada y diferente. Distinta, pero no superior ni enfrentada a nadie.

De esta tierra de acogida, cuna del español y senda secular de peregrinos jacobeos que se detienen para saber de nosotros, de nuestros sueños y proyectos.

De esta tierra con alma, cuerpo y espíritu; con rostro para sonreír y con manos para trabajar duro.

De esta tierra con tradiciones y costumbres profundamente arraigadas en nuestra memoria cultural, como el pisado de la uva, un entrañable acto que hoy revivimos en nuestra capital, Logroño, para reafirmar, vigorizar y exaltar nuestra personalidad de gente amable, de gente de encuentro, de diálogo y de concordia.

De esta tierra que hoy está de fiesta, de fiesta grande, para festejar los frutos de nuestro campo, la sabiduría y los trabajos de nuestros agricultores y la renovación, un año más, de la fraternal alianza de los riojanos en torno a este vino nuevo que es fuente de identidad colectiva y emblema de un futuro compartido.

De Calahorra, de Cervera, de Haro y de Arnedo han llegado estos niños y jóvenes que han portado hasta el lagar común del Espolón logroñés, ataviados con trajes típicos, los racimos de nuestra tierra, simbolizando el alma única y exclusiva de La Rioja. También de Santo Domingo, de Alfaro, de Nájera, de Logroño y de Torrecilla.

Aquí están…

La Rioja y sus comarcas.

La Rioja y sus tierras.

La Rioja y sus pueblos.

La Rioja y sus ciudades.

La Rioja y sus gentes: mujeres y hombres, niños y ancianos, riojanos de hoy, de mañana y de siempre.

La Rioja unida en torno a un pasado, a un presente y a un futuro que nos ilusiona y del que queremos hacer partícipes y protagonistas a todos cuantos se sienten afectivamente identificados con esta tierra, a los riojanos de aquí y a quienes con nosotros van, como nuestro obispo, D. Juan José Omella, a quien saludo, como un riojano más, como un riojano de bien, en el primer acto institucional al que asiste. Y nuestros emigrantes, esos hijos de la diáspora que hoy están representados por los riojanos llegados estos días de Argentina y a los que mostramos nuestra más calurosa gratitud de hermanos por haber mantenido viva la llama de la riojanidad allá donde el destino les llevó, transmitiendo su amor por La Rioja a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y divulgando en sus lugares de acogida la cultura y la identidad riojana, nuestros vinos y la devoción por nuestra Patrona, la Virgen de Valvanera. Hoy están con nosotros y descubren, orgullosos, la evolución de La Rioja en estos últimos años, contagiándonos su entusiasmo.

Unos y otros (riojanos todos, en definitiva) estamos hoy de celebración. Estamos en tiempo de vendimia.

La Rioja huele a viña, a cepa, a campo. La Rioja suena a corquetes y a tijeras. La Rioja sabe a tierra y a vino. La Rioja es un regalo para el tacto y para la vista. La Rioja colma de placer nuestros cinco sentidos. Desborda belleza y optimismo.

Los riojanos nos enorgullecemos de nuestra tierra. Y así lo proclamamos hoy en este acto.

Un acto de acción de gracias por los frutos cosechados.

Un acto de exaltación de nuestra tierra, de nuestra identidad como pueblo, de nuestro modelo de convivencia y de progreso.

Un acto de exaltación de nuestros valores, de nuestras creencias, de nuestros ritos y tradiciones, de nuestra cultura y personalidad.

Un acto de exaltación de estos vinos que junto al idioma de nuestros monasterios, el español de San Millán de la Cogolla, nos identifican como un pueblo singular, querido y admirado, que quiere seguir progresando en armonía y solidaridad con las Comunidades españolas, con las regiones de Europa, con los pueblos del mundo entero, en un plano de igualdad y de solidaridad que ponga en valor nuestra dimensión y nuestra capacidad de autogobierno.

"En el vino está la verdad", proclama un célebre aforismo latino.

Y en el vino de Rioja está la verdad de La Rioja.

La verdad de nuestros agricultores, que saben sobreponerse a las inclemencias del tiempo, a los contratiempos y a cuantos obstáculos les salen al paso para ofrecernos estos racimos que darán origen a un vino prodigioso y excelente, a un vino que será festejado en todo el mundo y que continuará manteniendo intacto el prestigio y la pujanza de La Rioja en el exterior de nuestras fronteras.

En el vino de Rioja está la verdad de una tierra que, al igual que las gentes de nuestro campo, ha convertido los desafíos en oportunidades para avanzar en bienestar social y en calidad de vida. Para mejorar nuestra enseñanza a fin de que nuestros niños y jóvenes sean los mejor preparados. Para que nuestra sanidad sea referente en España. Para que nuestras comunicaciones nos enlacen al futuro. Para que nuestros muebles, nuestro calzado, nuestras conservas, nuestras carnes y todos los productos distinguidos con el sello de calidad de La Rioja sigan conquistando los mercados nacionales e internacionales. Para que nuestra tierra, La Rioja, mantenga sus niveles de empleo y de riqueza, equiparables a los de las más prósperas regiones europeas. Y todo ello apostando decididamente, como hasta ahora, por nuestras ventajas competitivas; por la innovación, la investigación y las nuevas tecnologías; por nuestros jóvenes, por nuestras mujeres y por los emprendedores riojanos.

Pero el vino de Rioja, este vino todavía mosto, este vino recolectado con manos riojanas y pisado con pies riojanos, nos recuerda también, y esta es otra de sus verdades, que cada vendimia no es el final de nada, sino el principio de todo.

El principio de un vino que seguirá madurando en los lagares y en las barricas riojanas hasta convertirse, como decía el poeta, "en poesía embotellada". Y el principio, igualmente, de un nuevo capítulo en la evolución en positivo de La Rioja. Una nueva etapa que los riojanos afrontamos con confianza absoluta en nuestras posibilidades y con fe plena en el futuro. Porque tenemos todo a nuestro favor y nada en contra. Porque tenemos lo fundamental: entusiasmo. Y es que, como alguien dejó escrito, "el vino excelente genera entusiasmo, y lo que se hace con entusiasmo será exitoso".

Pero, además de deparador de este entusiasmo creador, el vino es mucho más. Y no son palabras mías, sino tomadas prestadas de un enamorado de nuestros vinos, de los vinos riojanos, y que asumo como propias porque considero que están cargadas de verdad. El vino es "temple, sosiego y quietud", decía. Es "diálogo y amistad". Es "una invocación a la libertad". "El vino es benevolencia, liberalismo, tolerancia y respeto".

Valores todos ellos extrapolables a los riojanos, como hijos naturales del vino que somos.

Temple para crecernos ante los problemas.

Diálogo interior, entre nosotros, y con nuestros vecinos españoles y europeos; diálogo también con sindicatos y empresarios para conservar la paz social de la que disfrutamos.

Amistad con quien nos visita: con los peregrinos, con los que llegan de fuera y con nuestros emigrantes, los mejores embajadores de nuestra tierra.

Libertad para decidir nuestro futuro y para luchar contra todas formas de imposición, entre ellas la más execrable y repudiable de todas: la del terrorismo.

Benevolencia con el más débil, con el que más nos necesita.

Tolerancia con el discrepante.

Y respeto, un profundo respeto, con las grandezas que La Rioja atesora y que nos han hecho ser tal como somos: un pueblo con identidad propia, un pueblo en crecimiento y expansión.

Respeto con nuestra tierra, con nuestro medio ambiente, con nuestros ríos y con nuestros campos.

Respeto con nuestra cultura y con ese idioma que nos señala como origen del habla común de más de 400 millones de personas en todo el mundo.

Y respeto con tradiciones tan sentidas y queridas como la que hoy nos convoca en el corazón de La Rioja, a los pies de nuestra Patrona.

Sobre estos valores, valores sintetizados en nuestros vinos, continuaremos edificando nuestra Comunidad, construyendo La Rioja. Una Rioja que seguirá siendo tolerante, de amistad y de diálogo. Una Rioja de progreso y de prosperidad. Una Rioja de todos y para todos. Solidaria.

Una Rioja que nos apasiona y por la que hoy brindamos con emoción, elevando copas imaginarias. Brindamos por su pasado (del que brotan nuestras señas de identidad), por su presente (que nos enorgullece) y brindamos también por su futuro, un futuro que comienza a escribirse hoy aquí, en el corazón de Logroño, y que nos anima a gritar a todos juntos, con una sola voz, con una voz enamorada: ¡Viva La Rioja!

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA