17 de junio de 2008

Representantes de la Real Federación Española de Caza,

Queridos Amigos:

Siempre supone un placer estar en compañía de cazadores, de esos hombres que con su escopeta, su perro y su morral componen una única figura, con el campo como telón de fondo, según el celebrado Miguel Delibes.

Un placer que es mayor en el día de hoy, cuando se me hace entrega del prestigioso Premio Carlos III de la Real Federación Española de Caza. Una distinción que me llena de alegría, por provenir de quien proviene; de satisfacción, porque se me otorga por unanimidad del jurado; y de orgullo por saber que comparto este honor con personalidades de la talla de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos.

Por tanto, en primer lugar, deseo expresar mi agradecimiento más sincero a la Federación Riojana, por haber promovido mi candidatura, a la Real Federación Española por haberla aceptado con afecto, y a las personas que con su voto unánime han reconocido mi “trayectoria a favor de la caza”.

Además, para un político es especialmente grato que este premio, creado en 1989, esté instituido en memoria del gran rey cazador que fue Carlos III. Un monarca ilustrado que, a día de hoy, sigue siendo un ejemplo para todos nosotros por el papel tan determinante que, en el siglo XVIII, desempeñó en la modernización de España, limitando los privilegios de las clases acomodadas y acercando el progreso, la educación, la cultura y la sanidad a los más humildes. Promoviendo para tal fin todo tipo de reformas y acrecentando al mismo tiempo el prestigio y la hegemonía de España en el mundo.

“Jamás olvidó que fue un hombre como los demás”, escribió su biógrafo, el conde de Fernán Núñez. Y tampoco olvidó su verdadera pasión: la caza, que practicaba en sus veraneos en la Granja de San Ildefonso, además de en otros lugares.

Tal era su afición, su identificación vital con este deporte, que, cuando quiso ser inmortalizado para la posteridad, no posó para Goya rodeado de lujos, sedas y mármoles, sino que, humildemente, lo hizo con su tricornio de cazador, con su escopeta y con el perro a sus pies. Y es que ser cazador es una forma de ser, una manera de comportarse ante la vida, ante el mundo y ante los demás. El propio Delibes decía que “antes que un escritor que caza, soy un cazador que escribe”.

Y es que ser cazador imprime carácter. Porque el cazador jamás olvida que es un hombre como los demás.

Por eso, en La Rioja a los cazadores se les quiere de verdad, se les estima y se les respeta.

Cuando se abre la media veda, nuestros pueblos son una fiesta. También cuando se realizan batidas o cuando se espera a la paloma. De tal forma que la caza, las historias de cazadores, de las legendarias cuadrillas, ya forman parte de nuestra cultura, de nuestra tradición oral, de nuestras señas de identidad. Y no digamos nada de los frutos de la caza, de su presencia predominante en nuestra gastronomía. Como los guisos de conejo, de perdiz, de codorniz o de paloma torcaz que, acompañados de un buen vino de nuestra tierra, tan apreciados son por quienes nos visitan.

Pero si esto es ya de por sí destacado, no lo es menos la importante labor que llevan a cabo nuestros cazadores, 12.500 en La Rioja, de ellos 8.600 federados. Una labor que se centra en la conservación de la naturaleza, en el aprovechamiento de los recursos naturales renovables y en la generación de ingresos en nuestros pueblos, en los pueblos más pequeños, unos ingresos que son empleados en crear servicios para los vecinos y que están garantizando el asentamiento de población.

Por ello, por su importante papel, el Gobierno de La Rioja se ha ocupado y preocupado por establecer una relación fluida con nuestros cazadores, con la Federación Riojana de Caza, uno de los motivos por los que se me concede el Premio Carlos III.

En este sentido, me permito recordar que la Ley y el Reglamento de Caza de La Rioja nacieron de la participación con la Federación Riojana y Española.

Del mismo modo, y en línea con la colaboración permanente que mantenemos con la Federación Riojana, anualmente se firma un convenio que contempla:

-La formación de cazadores y vigilantes de caza.

-La valoración por peritos profesionales de los daños que las especies cinegéticas provocan en la agricultura.

-La subvención a vigilantes de cotos.

-Y las ayudas económicas para la redacción de planes de gestión cinegética y para seguros de accidentes de tráfico.

Al mismo tiempo, el Gobierno de La Rioja colabora, y además de una forma entusiasta, en las actividades deportivas en las que participa la Federación Riojana, así como en la financiación del Campo de Prácticas Cinegéticas de Sotés.

Tengo que decir que estas relaciones entre el Gobierno riojano y nuestros cazadores han desembocado en una sincera amistad. En una amistad que hoy se ve reforzada con este premio que, como he señalado al principio de mi intervención, me llena de orgullo, de alegría y de satisfacción.

Orgullo, alegría y satisfacción por provenir de quien proviene: de personas que nunca olvidan que son personas como las demás.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja