12 de noviembre de 2009

Riojaforum, 12 de noviembre de 2009


Sres. representantes de comunidades autónomas,
Responsables de Departamentos de Cualificaciones,
Representantes de los agentes económicos y sociales,
Profesores,
Alumnos,
Señoras y señores:


Quiero comenzar mi intervención dando la bienvenida a La Rioja a todos aquellos que, procedentes de otras Comunidades Autónomas, nos van a acompañar durante estas Jornadas en las que se analizarán dos cuestiones claves en el futuro de la Formación Profesional, como son la Innovación y la Competencia. Dos claves que se van a analizar en una de las cuatro Comunidades Autónomas con mayor cantidad de alumnos en ambos ciclos de Formación Profesional, según un barómetro elaborado por una institución internacional y difundido ayer.

Y yo, que pertenezco profesionalmente al ámbito educativo, creo firmemente en la Formación Profesional y en el importante papel que debe cumplir en la configuración de una estructura socioeconómica más estable y mejor fundamentada. Por ello, sigo defendiendo que la educación y la formación son, en palabras de Federico Mayor Zaragoza, el motor del futuro. Un futuro en el que la Formación Profesional tiene mucho que decir.


Porque, por una parte, la Formación Profesional debe contribuir a la formación de las personas desde la perspectiva que dimana del aprendizaje a lo largo y ancho de la vida y, por otra, debe responder a las necesidades formativas del entorno productivo en el que se imparte.

La Formación Profesional ocupa actualmente un lugar central y un papel protagonista en el campo de las políticas de empleo -por ponerles un ejemplo cercano, una tercera parte del Presupuesto del Servicio Riojano de Empleo se destina a Formación Profesional, 11 millones de euros-. Por ello, constituye un tipo de enseñanza de capital importancia para el desarrollo de la sociedad.

Y estos momentos de incertidumbre y transformación económica y social ponen sobre la mesa otras demandas de cualificaciones en el mercado laboral. Los cambios producidos en el mundo del trabajo, advierten del riesgo que corren jóvenes y adultos, parados y ocupados, de ver sus cualificaciones desbordadas. De ahí la necesidad de plantear un modelo de educación a lo largo de toda la vida, una educación que ofrezca oportunidades de aprendizaje y formación, y que se adapte a distintos destinatarios en diversas etapas de sus vidas.

La Formación Profesional tiene que ser un instrumento para la inserción de los jóvenes en el mercado de trabajo, ha de servir para que las empresas incrementen su productividad y competitividad, y para que aumenten las posibilidades de empleo de los trabajadores, a los que debe prepararles para las nuevas modalidades de trabajo que requiere nuestra sociedad.

Es por ello que la Formación Profesional deben ser integral e integradora, debe proporcionar a los ciudadanos los conocimientos, las técnicas, los valores y las aptitudes necesarias para que las personas puedan vivir con dignidad, alcanzar los niveles educativos y profesionales adecuados a sus características, aprender continuamente a lo largo de su vida y mejorar la calidad humana de las sociedades.

En el actual panorama de globalización de los mercados y continuo desarrollo tecnológico, las estrategias coordinadas para el empleo que postula la Unión Europea se orientan con especial énfasis hacia la obtención de una población activa cualificada, apta para la movilidad y libre circulación, cuya importancia se resalta expresamente en el
Tratado de la Unión Europea.


Numerosos expertos vienen advirtiendo que uno de los desafíos importantes para conseguir este objetivo por parte de las instituciones educativas y de formación, será lograr que sus sistemas de evaluación sean más abiertos, flexibles y eficaces para reconocer la competencia real de las personas.

Integrar las distintas ofertas formativas e instrumentar el reconocimiento y la acreditación de las cualificaciones profesionales, favorecerá, sin duda, la formación a lo largo de la vida y el incremento de los niveles medios de cualificación de los ciudadanos, el progreso profesional de las personas y la calidad en los empleos, en un contexto de libre movimiento de trabajadores y profesionales en el ámbito de la Unión Europea. Esta claro que a mayor reconocimiento, mayores son las posibilidades de acceder al empleo.

En España, la Ley Orgánica 5/2002, de 19 de junio, de las Cualificaciones y de la Formación Profesional, crea el Sistema Nacional de Cualificaciones y Formación Profesional. Este Sistema se basa en la existencia de un Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales que tiene la finalidad de facilitar el carácter integrado y la adecuación entre la formación profesional y el mercado laboral, así como la formación a lo largo de la vida, la movilidad de los trabajadores y la unidad del mercado laboral, que tiene validez y es de aplicación en todo el territorio nacional.

El desarrollo e implantación de dicha Ley supone cambios significativos en los que se ven involucrados la Administración, los centros de formación y el tejido empresarial. Es evidente que este nuevo sistema consolidará, normalizará y unificará todas las ofertas formativas de los subsistemas de formación profesional actualmente existentes.

En La Rioja, estamos desarrollando la normativa que regula este procedimiento de reconocimiento de las competencias adquiridas por la experiencia laboral y la formación no formal. Y todo este proceso se hace indispensable la colaboración y responsabilidad compartida de los diversos agentes sociales: gobiernos, empresas, sindicatos, organizaciones sociales e individuos.

Es necesario que pongamos en marcha sistemas de reconocimiento y convalidación de los aprendizajes realizados, de modo que cada persona pueda capitalizar el conocimiento y las destrezas que ha alcanzado a lo largo de su vida, permitiéndole y facilitándole que su itinerario formativo pueda discurrir por diferentes escenarios cada más complejos, facilitando y adaptando el aprendizaje permanente al ritmo y aspiraciones que cada uno se vaya marcando.

En España más del 60% de la población activa no cuenta con una acreditación reconocida de su cualificación profesional. De los 20 millones de personas que integran la población económicamente activa, sumando los ocupados y los desocupados, más de la mitad (casi 11 millones de personas) no cuenta con ninguna acreditación de su cualificación profesional.

Además, existe un volumen importante de aprendizaje no formal cuya falta de reconocimiento, en especial en colectivos, como mujeres, inmigrantes, trabajadores desocupados, puede provocar situaciones de deficiente transición en el mercado laboral con el consiguiente riesgo de exclusión.

Las empresas actuales requieren de capacidades especiales para sobrevivir y desarrollarse en entornos económicos, políticos y sociales cada vez más exigentes e inciertos. Su supervivencia depende de que sean capaces de trascender la mera facultad de producir bienes y servicios y ser rentables en lo inmediato.

De hecho, podemos afirmar que el acceso a los recursos y los mercados no son rasgos que diferencian a las empresas o factores que determinan por sí solos las posibilidades de sustentabilidad en el tiempo. En cambio la habilidad para transformar esos recursos en ventajas competitivas, sí.

Las empresas actuales deben desarrollar otras capacidades que les permitan ser competitivas, a diferencia de las que hasta ahora les han sido válidas. Deben generar una sintonía con el entorno promoviendo su crecimiento pero dentro de criterios de sostenibilidad; deben ser capaces de aprender de la propia experiencia, innovando y reinventando los procesos y los productos. Y, sobre todo, deben gestionar el capital humano enfocándolo a la capitalización del conocimiento de las personas, desde la convicción de que el capital humano formado es la mejor garantía de éxito para sus empresas.

Pues bien, para planificar la respuesta adecuada a estas nuevas necesidades se organizan estas jornadas formativas, de modo que se posibilite un espacio de entendimiento entre el sector formativo y el laboral y se analicen con cautela cuáles son las respuestas más adecuadas a estas nuevas necesidades.

Comenzaba mi intervención expresando mi plena confianza en la Formación Profesional y en el papel que debe desempeñar en la crítica situación en la que nos encontramos. Pues bien, creo que muchas cosas no nos atrevemos a emprenderlas no porque sean difíciles en sí mismas, sino que son difíciles porque no nos atrevemos a emprenderlas. Los tiempos que vivimos son aptos para las grandes metas, para los grandes avances. Afrontemos las nuevas realidades desde nuevas perspectivas; modifiquemos las formas de pensar y de actuar. Es lo aparentemente imposible lo que debe movernos y lo que nos debe animar a seguir creyendo en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

Muchas gracias.

Declaro inauguradas las Jornadas de Formación Profesional 2009 sobre "Innovación y Competencia en Formación Profesional".

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja