8 de noviembre de 2012

Me gustaría comenzar felicitando a la Asamblea de las Regiones Europeas Vitícolas (AREV), en la persona de su presidente, Jean-Paul Bachy, por la convocatoria de este acto que pone de manifiesto, una vez más, su liderazgo y el trabajo realizado para preservar el modelo de calidad de la vitivinicultura española y europea y, en particular, el de las Denominaciones que se esfuerzan día a día por mejorar su calidad y su proyección exterior.

En el actual contexto de cambio profundo de la economía mundial y ante la crisis de consumo existente, es absolutamente fundamental salvaguardar el actual sistema de regulación comunitaria de la producción. Un sistema que ha demostrado ser un instrumento más que válido para regular la oferta, que asienta la población en el territorio a través de un modelo de reparto de la riqueza, que es fuente de diversidad de indicaciones y tipos de vino, y contribuye a mantener el paisaje de las regiones productoras y, por tanto, a la conservación del medio ambiente.

Pese a los argumentos favorables a la liberalización, la realidad es que los derechos de plantación no han sido un obstáculo en los países productores de la Unión Europea para el desarrollo del sector vitivinícola ni para su contribución a los intercambios exteriores, ni tampoco para ejercer la libre competencia.

Y con la propuesta de liberalización nos jugamos mucho en términos de calidad de la producción, de creación de valor y protección de la imagen de nuestros vinos. Sólo en España existen 60 Denominaciones de Origen (DO) repartidas en 15 comunidades autónomas. Nuestra propia experiencia en Rioja, nos confirma que cuando existe una buena gestión de las denominaciones de origen, los consumidores salen ganando.

En este sentido, consideramos imprescindible que la regulación comunitaria mantenga el principio de prohibición de las plantaciones tal y como lo conocemos hoy, otorgando a cada Estado miembro la capacidad de aplicar una regulación más completa, adaptada a su situación específica. Una opinión compartida por organizaciones agrarias y cooperativas, consejos reguladores de las Denominaciones de Origen y por 15 de los 27 países que integran la Unión Europea.

Haber sido Presidente de AREV es un honor que siempre me acompañará. La defensa de los intereses del sector vitivinícola europeo y la reivindicación de éste como un patrimonio de la cultura de Europa ha sido y es una pasión en La Rioja. Es, yo diría, un deber y un privilegio. Por ello, somos una región comprometida que ha combatido enérgicamente la liberalización de los derechos de plantación de viñedo y lo seguirá haciendo.

Quiero por ello lanzar hoy aquí un mensaje a los países que todavía no se han manifestado a favor del mantenimiento de los derechos de plantación, quizá porque al no tener vocación vitivinícola les resulte difícil entender qué motivos hay para mantener un sistema de regulación que aparentemente va en contra de la economía de mercado y la tendencia globalizadora. Por ello, solicito a estos países que escuchen la voz unánime de las regiones vitivinícolas de calidad y presten su apoyo a los 15 estados que ya se han manifestado, que entiendan que el prestigio de la vitivinicultura europea se ha conseguido gracias al esfuerzo de esas regiones, que han construido su riqueza dentro de este marco legislativo de regulación del potencial productivo. Espero que sean conscientes de que no podemos arriesgarnos a tirar por la borda todo lo que se ha conseguido, ya que es un gravísimo error considerar al vino exclusivamente desde una perspectiva economicista, como un simple producto agrario, pues la vitivinicultura es mucho más: cultura, medio ambiente, paisaje, turismo.

Y por último, considero preciso enviar otro mensaje a la Comisión Europea -de cuya buena voluntad no me cabe duda- y pedirle que desista de su empeño en cambiar un sistema que ha demostrado que no ha sido, ni es, obstáculo para el crecimiento ni para la competitividad del sector; por eso es necesario que haga caso a quien sabe de verdad de esto, que son tanto los representantes regionales como el propio sector, que son quienes están pegados al territorio y construyen una Europa cohesionada y equilibrada, y que no escuche tanto a algunos grandes grupos empresariales que velan únicamente por sus intereses económicos sin importarles lo que hay más allá de su cuenta de resultados.

Espero que los esfuerzos que estamos realizando las regiones vitivinícolas europeas para explicar los muchos motivos que justifican el mantenimiento de los derechos de plantación den fruto y se imponga la cordura. Entonces lo celebraremos con la tranquilidad de que el vino europeo puede seguir progresando y conquistando mercados, con un modelo equilibrado y sostenible.

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja