16 de mayo de 2013

Alteza,

Señoras y Señores:

Gracias una vez más por su presencia, Señora, en este simbólico salón del monasterio de Yuso para inaugurar la que ya es la octava edición del Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, una referencia obligada para periodistas y lingüistas.

Una cita que, organizada conjuntamente por la Fundación San Millán de la Cogolla y la Fundéu BBVA, convoca anualmente a periodistas y especialistas en el lenguaje para hablar, debatir y aunar conocimientos sobre temas de periodismo y del idioma español.

Y lo hacemos esta vez con un tema de triste actualidad: la crisis. Un tema que no sólo abre y cierra noticiarios, que llena cientos de páginas de periódicos, que suscita encendidos debates sociales y políticos…, sino que ha hecho que sean habituales, incluso para el discurso cotidiano, palabras y términos antes restringidos a un sector muy concreto y exclusivo, como recesión, prima de riesgo, euríbor o fondos de inversión.

Esta lengua nuestra, en continuo movimiento y como prueba una vez más de su vitalidad (no en vano, el informe del Instituto Cervantes lleva por título ‘El español: una lengua viva’), ha creado o modificado, como ya ocurriera en otras etapas de su historia, palabras que ayudan a situarnos en el actual contexto económico: mileurista, desahucio, precariado...

Ya lo anticipó García Márquez en aquel discurso tan comentado del Congreso de la Lengua celebrado en Zacatecas: "La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión".

He insistido con frecuencia a lo largo de estos últimos años en el hecho de que, en una coyuntura de crisis económica como la que estamos padeciendo, la innovación y el conocimiento se consolidan como piezas imprescindibles y claves para el fortalecimiento de un modelo socioeconómico sostenible. En este sentido, no hay que olvidar que algunas de las grandes innovaciones de los últimos años han sido consecuencia de actividades emprendedoras. Si me permiten la extrapolación, acaso tendríamos que imitar más la capacidad innovadora de nuestra lengua, su vitalidad y su dinámica creativa "para hacer juntos algo", como escribió Ortega y Gasset.

Decía no hace mucho Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, presidente de honor de la Fundación San Millán, que son los valores como "la capacidad de asumir riesgos, de innovar y de contribuir al bien común de la sociedad, los que necesitamos para afrontar los retos de la competitividad y el progreso social a los que se enfrenta nuestro país". Y que, "en cualquier coyuntura, pero sobre todo en tiempos de crisis, la superación de los desafíos se logrará teniendo en cuenta el marco de interdependencia en el que vivimos y huyendo de actitudes insolidarias que, a la postre, se traducen en resultados estériles e incluso contraproducentes".

Una idea, Señora, que también os hemos oído en repetidas ocasiones; la de que el camino es "luchar juntos, porque juntos somos más fuertes".

Este lenguaje de la crisis, del que se va a hablar aquí estos días, nos muestra la capacidad del hablante, del hombre, para explicar la realidad y la facilidad con la que consensuamos nuevos significados para palabras ya existentes, creamos otras nuevas o usamos metáforas y eufemismos para explicar los acontecimientos actuales.

No hay duda de que lenguaje y realidad forman una especial simbiosis. Decía Octavio Paz que el proceso del lenguaje humano es "imprevisible y no está fijado de antemano; es una diaria invención, el resultado de una continua adaptación a las circunstancias y a los cambios de aquellos que, al usarlo, lo inventan: los hombres".

De la reflexión y del ejercicio de la responsabilidad siempre han salido proyectos positivos. Alteza, siempre habéis dicho en este foro que los periodistas tienen una gran responsabilidad en el ejercicio de su profesión, que el rigor es el elemento esencial, y os habéis referido a esa responsabilidad en el uso del lenguaje.

Y cualquier reflexión sobre nuestra lengua, sobre su empleo y sobre la realidad a la que acompaña, es siempre muy oportuna. Más en estos tiempos. Les felicito, por tanto, por el trabajo que van a llevar a cabo aquí estos días: debatir sobre dos cuestiones fundamentales. La de cómo influye la situación que vivimos desde hace años en el modo en que hablamos, y la de cómo influye nuestra manera de hablar, de contar y de contarnos la crisis, en el modo en que la vivimos.

Hoy más que nunca siguen teniendo vigencia aquellas otras palabras de Octavio Paz: "Si queremos pensar, vislumbrar siquiera el universo, tenemos que hacerlo a través del lenguaje, en nuestro caso, a través del español. La palabra [...] acorta las distancias que nos separan y atenúa las diferencias que nos oponen".

Gracias a todos ustedes, ponentes y participantes en esta importante reunión, por su presencia y por el trabajo que van a desarrollar en estas dos intensas jornadas. Gracias a sus organizadores y a todas las instituciones que la amparan. Y gracias, Alteza, por su incondicional apoyo una vez más; un apoyo fundamental para seguir con nuestra labor y con los retos a los que hoy debemos enfrentarnos.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja