10 de febrero de 2010

Bruselas, 10 de febrero de 2010

Presidente
Miembros del Comité de las Regiones,

No puedo empezar mi intervención sin antes dar la enhorabuena al nuevo Presidente del Comité de las Regiones, al que desde hoy ofrezco toda mi colaboración para que su presidencia sea exitosa y contribuya al reconocimiento de la labor desarrollada por el Comité.

A continuación pasaré a presentar el proyecto de Dictamen que hemos elaborado. Dictamen que hemos preparado teniendo muy en cuenta la opinión que los productores y consumidores europeos nos han manifestado en las diversas reuniones que hemos mantenido. No olvidemos que el Dictamen que se adopte finalmente deberá servir para orientar a la Comisión en la definición de la futura Política de Calidad de los Productos Agrarios en la Unión Europea.

También me gustaría agradecer el trabajo y las aportaciones realizadas por los miembros del Comité de las Regiones en la reunión de la Comisión DEVE del pasado 10 de diciembre que, sin duda, han contribuido a enriquecer el proyecto de Dictamen que se debe tomar en consideración.
El objetivo que nos ha guiado desde el inicio no ha sido otro que presentar unas reflexiones útiles para definir las cuestiones que consideramos más importantes de la Comunicación de la Comisión, de la forma más breve y concisa posible.

Como reflexión general, creemos que la actual política de calidad agroalimentaria europea es bastante adecuada. Tenemos unos estándares de calidad muy elevados, tenemos unas producciones agroalimentarias de mucha calidad y prestigio; y eso es algo que se ha conseguido precisamente por la exigente política de calidad que se ha llevado hasta el momento. Sin embargo, somos conscientes de que hay aspectos que podrían mejorarse, cuestiones que podrían simplificarse, pero sin perder la esencia de lo que ha sido una política con más éxitos que fracasos. Por ello no creemos necesaria una revisión en profundidad, y en ese aspecto estamos de acuerdo con la Comisión.

Pero indudablemente hay cuestiones que deben mejorarse, como son la información al consumidor, la protección de nuestras figuras de calidad, (especialmente en terceros países), la desigual exigencia respecto a los estándares de calidad para los productos de países terceros respecto a los producidos en territorio de la UE, o el problema con el que se encuentran los órganos de gestión de las DOPs al no tener suficientes mecanismos de control de su producción. Todas estas cuestiones las hemos intentado reflejar en el proyecto de dictamen que hoy defendemos.

Así, respecto a las Normas de comercialización, creemos que es necesario proceder a una simplificación y racionalización porque si bien se han consolidado como un instrumento eficaz de garantía de calidad tanto para productores como consumidores, su complejidad en número y contenido puede ser un problema para el mercado. En este sentido, creemos que la Comisión debería realizar, en colaboración con los sectores implicados, una revisión en profundidad de cada una de las normas existentes para dejar únicamente lo que verdaderamente sea esencial y útil para la comercialización de los productos agroalimentarios.

Creemos también que, respecto a la mención del Origen de los productos, sería positivo que aquellos productores que lo deseen, y siempre que se pueda demostrar, pudieran indicar en el etiquetado el lugar de origen del producto. El consumidor, cada vez más, quiere estar informado. No obstante, la mención al origen no debería ser obligatoria, sino facultativa, ya que son muchos los intereses en juego y podría existir una gran oposición por parte de muchos operadores alimentarios que utilizan productos de muy diversa procedencia.

Otro asunto de interés son las menciones reservadas. A este respecto opinamos que es momento de estudiar el posible desarrollo de menciones relativas al bienestar de los animales, la huella de carbono, la producción integrada, los productos tradicionales o los de montaña, siempre buscando un consenso amplio respecto a su definición o características y sin perder de vista que siempre deben tratarse de conceptos de sencilla comprensión para los consumidores y que eviten la confusión.

Una cuestión que afecta muy directamente a muchas regiones europeas es la relativa a las Indicaciones Geográficas Protegidas y las Denominaciones de Origen Protegidas.

A pesar de las opiniones contrarias de alguna región, creo que es clarísimo por parte de todo el sector productor y comercializador, así como de las regiones donde radican la mayor parte de las indicaciones reconocidas en la actualidad, el apoyo al mantenimiento de las dos figuras existentes y además con el mismo nivel de protección que tienen hasta ahora. Una fusión de ambas sería un paso atrás, generaría tensiones, desigualdades o pérdida de credibilidad del sistema: muchas complicaciones para un beneficio poco claro. Creemos por el contrario, que se debe trabajar más intensamente en todo lo relativo a la información al consumidor respecto a las características de cada una de estas figuras. Además se debe trabajar para lograr una verdadera simplificación y agilización en los trámites administrativos para su reconocimiento.

Una cuestión que lamento y que me preocupa enormemente es la ausencia en la Comunicación de la Comisión de alguna propuesta acerca del control de la producción en las Indicaciones Geográficas. En numerosos foros se ha puesto de manifiesto por parte de los Órganos de Gestión de estas figuras la necesidad de disponer de instrumentos adecuados para cogestionar adecuadamente su producción, y no sólo a través de un control cualitativo.

En este sentido nos preocupa mucho la política de la Comisión de liberalizar las cuotas de producción o los derechos de plantación. Creemos que este es un aspecto fundamental para preservar y no poner en peligro a nuestras figuras de calidad: así lo han manifestado de forma unánime las Denominaciones de Origen, y estamos de acuerdo con ese planteamiento. Hemos visto ejemplos de Indicaciones que han atravesado o están atravesando muchos problemas de sobreoferta y caída de precios precisamente por no disponer de esos instrumentos.
Por el contrario, hemos visto también numerosos ejemplos de indicaciones que gracias a esos instrumentos (por ejemplo Rioja) han conseguido un equilibrio entre la oferta y la demanda muy adecuada que les ha permitido crecer sostenidamente de acuerdo con la evolución de la comercialización.

Se trata de un asunto complejo. La Comisión tiene claro que debe desmantelar los instrumentos que han servido precisamente para esto y así lo ha plasmado en las últimas reformas aprobadas. Creemos que es un gran error y por eso debemos instar a que se replantee el desmantelamiento de las cuotas de producción o los derechos de plantación, o cuando menos, en caso de que no sea posible, la Comisión debe dotar a las Indicaciones Geográficas de instrumentos para regular su producción mediante algún mecanismo que no vulnere las reglas de la competencia. Para que esto sea así se debe contar en cualquier caso con una regulación normativa comunitaria, por lo que sería necesario que la Comisión se tome en serio este asunto y plantee propuestas concretas. Desgraciadamente nos tememos que, si no somos lo suficientemente explícitos en este tema, el informe que prepara la Comisión sobre el impacto del final del uso de las cuotas existentes no servirá más que para justificar y reafirmar esa línea de liberalización emprendida en las últimas reformas de la PAC.

Con respecto a la agricultura ecológica, las iniciativas adoptadas por la Comisión, y en especial el nuevo logotipo europeo que se pondrá en marcha en 2010, contribuirán a desarrollar este tipo de producción extremadamente respetuosa con el medio ambiente.

Por último, estamos convencidos de que es un momento muy oportuno de emprender una campaña de información al consumidor europeo sobre la política de calidad europea. Es preciso que los consumidores europeos conozcan las diferentes figuras de calidad reconocidas, sepan qué hay detrás de cada una de ellas, aprendan a distinguir la diferencia entre una IGP, una DOP o una mención reservada, y creo que también es necesaria una política de apoyo a la promoción de su consumo en el mercado interior. Por ello hay que solicitar a la Comisión que sea más ambiciosa en este asunto, y dedique recursos suficientes para explicar y difundir estas cuestiones en la sociedad europea.
Queridos colegas, creo, finalmente que es necesario abordar la problemática existente respecto a la protección de los productos de calidad reconocidos por la Unión en los mercados internacionales. Aquí, la Comisión debe actuar de manera más contundente, peleando por un reforzamiento de las reglas en el marco de la OMC, avanzando en los acuerdos bilaterales con países estratégicos e insistiendo en la protección de las DOP e IGP en el marco de los acuerdos ACTA.

No quiero extenderme más, simplemente me gustaría recalcarles que el proyecto de Dictamen que hoy se debate es un fiel reflejo de una opinión mayoritaria de las regiones y del sector agroalimentario europeo.

MUCHAS GRACIAS

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja