7 de octubre de 2004

Representantes de Diario La Rioja,

Excmas. e Ilmas. Autoridades,

Reverendo Prior,

Señoras y Señores:

Hoy nos encontramos en el lugar de la palabra, en San Millán de la Cogolla, en los monasterios donde se escribió el primer riojano, que luego se haría español y posteriormente universal, hasta servir en la actualidad de instrumento de comunicación a más de 400 millones de personas en todo el mundo.

Nos hemos reunido para rendir homenaje a nuestra lengua, al español que aquí nació hace más de mil años y al riojano que de él derivó y que, hablado desde antiguo en nuestros pueblos y comarcas, forma parte de nuestro rico acervo cultural, de nuestras señas de identidad más íntimas y verdaderas.

Podríamos decir de él que es nuestra lengua materna, nuestra primera patria.

Son esas palabras que hemos mamado desde niños, con las que nuestras madres nos arrullaban; palabras con las que nos hemos comunicado con nuestros padres y abuelos. Con las que mencionábamos aperos de labranza, juegos, paisajes y sensaciones. Esas palabras que no eran entendidas en el exterior, porque eran nuestras, propias, exclusivas. Palabras que, como el primer castellano, sólo eran habladas, transmitidas de boca en boca generación tras generación, hasta llegar a nuestros días con su sabor genuinamente riojano, con el aroma de lo familiar.

Pero hoy, y gracias a la entusiasta labor de investigación y recopilación de Aurora Martínez Ezquerro, y al esfuerzo editorial de Diario La Rioja, esas palabras, esas voces, ya han encontrado acomodo en la letra impresa, lo que garantiza su pervivencia en el tiempo y su divulgación en el espacio, para que dejen de ser exclusivas y sean compartidas. Para que sean compartidas por los amantes del español y también por los riojanos de La Rioja Alta, de la Media y de la Baja, afianzando nuestra identidad colectiva en torno a un bien patrimonial tan definitorio de nuestra personalidad como es nuestra propia lengua.

Por ello, mi felicitación más sincera a Aurora y mi agradecimiento a Diario La Rioja.

Se podría decir que Aurora ha actuado como los copistas de hace más de mil años, trasladando al papel el habla popular, otorgándole carta de naturaleza y elevándola a la categoría de lengua escrita.

Es así como los riojanos damos un nuevo paso, un paso más, en una obligación que nos reclama la comunidad hispanohablante, para documentar y enriquecer nuestro idioma común, el idioma de los monasterios, para enriquecer un idioma que es rico precisamente por las influencias que ha recibido a lo largo de los siglos, por las adherencias que se le han ido agregando en su peregrinar por España y por América; en su peregrinar también por La Rioja, y es que no hay que olvidar que el diccionario de la RAE ha incorporado ya alrededor de 150 riojanismos. Un idioma, en definitiva, vivo y dinámico. Un idioma que se crea y que crece día a día. Un idioma, como señaló aquí mismo, en San Millán de la Cogolla, en 1988, el entonces secretario de la Real Academia Española, Don Alonso Zamora, "que se hizo de abajo arriba, a diferencia del de nuestros vecinos, como el francés, que surgió del habla culta".

De abajo arriba, precisamente, del pueblo llano, de nuestros pueblos, han nacido también estas palabras que conforman el 'Diccionario de Voces Riojanas'.

Palabras que han nacido de una imperiosa necesidad de entendimiento. Porque el surgimiento del español y del riojano es, en primer lugar y antes que nada, un acto de rebeldía a favor del entendimiento. Un acto de rebeldía de los riojanos contra un latín que pocos comprendían y un acto de rebeldía contra la falta de palabras para expresar lo que se quería decir. Un acto de rebeldía de los riojanos por hacernos comprender, entender, por fomentar el diálogo y la comunicación, algo que ya forma parte de nuestra identidad genética como pueblo.

En las primeras líneas de 'Cien años de soledad', una de las obras cumbres de nuestra literatura, Grabriel García Márquez nos describe Macondo diciendo que "el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Y Fray Luis de León, el célebre y celebrado místico de nuestras letras, esculpió una cita que ha sobrevivido al paso del tiempo y que asegura que "faltan palabras a la lengua para los sentimientos del alma".

Contra esas carencias siempre se han rebelado los riojanos, para no tener que señalar los objetos con el dedo y para poder expresar lo que sienten. Bien inventando palabras de nuevo cuño o bien acomodando a nuestros usos y costumbres, a nuestro carácter, las ya existentes. Y de ese acto de rebeldía, como les he señalado, ha derivado el español y el riojano.

Un riojano que hoy se nos presenta compilado en un diccionario que irá evolucionando en el tiempo, incorporando nuevas voces y completando el panorama lexicográfico de nuestra geografía, ofreciendo una panorámica global de la capacidad creadora de los riojanos.

Este es mi deseo y sé que ésta es la pretensión tanto de Aurora como de Diario La Rioja. Un deseo al que añado otros tres más: el primero, que los profesores de Lengua familiaricen a nuestros niños y jóvenes con las palabras de su tierra; el segundo, que nuestros escritores utilicen las voces riojanas para ofrecer a éstas una dimensión literaria; y el tercero, dirigido a la comunidad hispanohablante, que antes de asimilar con tanta urgencia términos extranjeros miremos en el interior de nuestra lengua porque seguro que hallaremos respuestas satisfactorias.

Con la esperanza de que esto ocurra, deseo reiterar mi agradecimiento a Aurora y a Diario La Rioja por este diccionario. Agradecimiento porque, gracias a él, garantizamos la supervivencia de nuestra lengua materna, de ese riojano en el cual nos reconocemos, en el cual sentimos, amamos y nos comunicamos; en el cual soñamos. Y agradecimiento, igualmente, porque con este Diccionario, con los que le han precedido y con los que están por venir, cumplimos con la tarea encomendada de hacer del primer riojano, del español, una lengua en constante evolución, una lengua que se va ensanchando día a día, que va incorporando nuevas voces, nuevos registros. Una lengua de todos y para todos. Una lengua de concordia, de amistad y de futuro. Una lengua riojana y universal.

Por ello, por lo que representa de esfuerzo a favor de nuestro patrimonio cultural y a favor del diálogo entre nuestras lenguas y entre los hablantes, este Diccionario, el 'Diccionario de Voces Riojanas', bien vale, como creo, y como creería el propio Gonzalo de Berceo, un vaso de buen vino.

Muchas gracias.

* Este texto puede ser variado u omitido total o parcialmente por el orador durante su intervención.

PEDRO SANZ - PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE LA RIOJA