6 de mayo de 2005

Como Presidente de La Rioja, de esa tierra donde nació el español hace más de mil años, estoy muy feliz de encontrarme hoy en Miami para inaugurar esta exposición de códices medievales en el Centro Cultural Español de Cooperación Iberoamericana, al que agradezco su gentileza y generosidad, así como las atenciones de su directora, Doña María del Valle.

En Miami me siento como en casa, arropado por personas que aman el español; por personas que hablan mi mismo idioma y que comparten mi misma cultura, una cultura milenaria que forjó sus perfiles en códices medievales, los más importantes de ellos escritos en los monasterios riojanos de San Millán de la Cogolla, declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Aquí, el español goza de una vitalidad saludable y expansiva. Y de ahí la calurosa familiaridad que se apodera de uno nada más pisar sus calles y conversar con sus vecinos, algo sin duda digno de agradecer.

Por tanto, Miami es un lugar idóneo para acoger esta exposición y para disfrutar con ella en lo que es una invitación a viajar en el tiempo para descubrir el manadero de donde brota nuestra identidad colectiva.

Es un viaje que sé que os apasiona. Ya que para vosotros, me consta, el español que vio su primera luz en La Rioja es uno de vuestros mayores tesoros patrimoniales: lo aprendisteis de vuestros padres y abuelos y lo ensañáis, con el mismo entusiasmo, a vuestros hijos y nietos, transmitiéndolo como quien cede la herencia más preciada.

Os identificáis íntimamente con él, os reconocéis en él, y por eso sentís el deseo de conservarlo y divulgarlo, conscientes de que de esta forma preserváis no sólo una lengua, sino vuestra propia memoria y personalidad.

Y sentís igualmente la necesidad de conocer los orígenes del español, saber cuál fue su lugar de nacimiento y cuáles sus pasos posteriores hasta saltar el Océano Atlántico y recalar en América, convirtiéndose en un idioma universal, de progreso, de concordia y de amistad.

Y es que volver la mirada hacia la casa materna del español, hacia nuestra casa común, es la mejor forma de conservar y acrecentar el amor por nuestra lengua; es la mejor forma de comprender la grandeza de nuestro idioma, de un idioma que nació tímidamente, en los bordes de un códice medieval, y que ahora es hablado por más de 400 millones de personas en todo el mundo.

Vuestra presencia en la inauguración de esta exposición así lo pone de manifiesto, por lo que quiero expresaras mi más sincera gratitud. Una gratitud que deseo hacer extensiva, de una manera muy especial, al Centro Cultural Español de Cooperación Iberoamericana, que nos ha abierto generosamente sus puertas en el marco de lo que son sus loables fines: promover la cultura española y la cultura en español.

Son ya nueve los años que lleva esta Centro empeñado en esta gozosa tarea, desde que fuera inaugurado en 1996 por una figura irrepetible que merece todo nuestro respeto y admiración: el novelista, Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, un enamorado de nuestra lengua. Un apasionado de los monasterios de San Millán de la Cogolla y de los códices que en este monasterio se escribieron.

Hasta los últimos días de su vida, Cela nos honró a los riojanos colaborando activamente con la Fundación San Millán de la Cogolla, de la que era patrono, una Fundación que tiene por objeto fijar la importancia de La Rioja en el nacimiento del español, indagando sobre sus orígenes en códices medievales y en otros documentos e impulsando su expansión por todo el mundo, un objetivo que se verá extraordinariamente reforzado con la creación, este mismo año, del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española en San Millán de la Cogolla.

Fijar la importancia de La Rioja en el nacimiento del español. Ése es, precisamente, el propósito que buscamos con esta espléndida exposición, organizada por el Gobierno de La Rioja, en colaboración con M. Moleiro Editor, la editorial más prestigiosa del mundo especializada en reproducir códices, mapas y manuscritos iluminados; códices que han sido encuadernados en piel curtida con los métodos de antaño y editados sobre un papel especial fabricado a mano; y que conservan el mismo tacto, grosor y olor que los pergaminos originales.

Su propio título ya nos informa de sus intenciones: 'La Rioja y la palabra: luz en el Medievo'. Nuestras intenciones no son otras que desmontar el falso mito de que la Edad Media fue una época oscura, cerrada y de retraimiento interior.

Muy al contrario. Gracias a la palabra, a esa palabra que se cultivaba con esmero de orfebre en los monasterios, en el Medievo floreció la cultura, la literatura, la filosofía y el pensamiento que habrían de encaminar a la sociedad hacia un mundo presidido por la primacía de la razón y del conocimiento. Fueron años luminosos. Y lo que más nos importa a la comunidad hispanohablante, fueron los tiempos en los que el español se asomó al mundo para caminar por él portando un mensaje de progreso, de prosperidad y de entendimiento que, con el rodar del tiempo, se ha extendido por los cinco continentes.

La Edad Media, su esplendor y plenitud creativa, no puede ser entendida sin la aportación decisiva de los monasterios riojanos, sin esos venerables escritorios donde los monjes copiaban con bella caligrafía los textos latinos y los iluminaban con ilustraciones que nos recuerdan cómo se entendía el mundo en aquellos siglos, cómo era la vida cotidiana y la religiosidad que la impregnaba.

Dos de estos cenobios riojanos gozaban de un especial reconocimiento por ser centros de espiritualidad y de cultura en la Edad Media de primer orden: el de San Martín de Albelda y el de Suso, en San Millán de la Cogolla.

De la valiosísima producción de ambos tenemos constancia en esta exposición: de San Martín de Albelda, con el Códice Albeldense, realizado en el año 976 por el escribano Vigila, el más antiguo de los copistas conocidos; y con el Beato del Escorial.

Del monasterio de Suso nos llegan cuatro documentos: los Códices 31 y 46; el mejor de los tres Beatos que en su escritorio fueron compuestos; y una verdadera joya: las Glosas Emilianenses, las primeras palabras en español.

Tal era su fama, que a estos cenobios acudían de todos los puntos de Europa.

En este sentido, y como curiosidad, me agrada recordar que fue en el monasterio de San Martín de Albelda donde quedó registrado el primer peregrino jacobeo conocido de la historia: Gotescalco, Obispo de la ciudad francesa de Puy, que en su viaje a Santiago de Compostela se detuvo, en el año 950, en este monasterio riojano para que sus amanuenses le realizaran una copia de un libro de San Ildefonso de Toledo, para recoger a su regreso, tras visitar la tumba del Apóstol.

Por su parte, el escritorio de Suso está considerado como el más notable de España en la Edad Media, de tal forma que sus códices servían de ejemplo a seguir para el resto de los centros religiosos españoles, como podrá comprobar todo aquél que se acerque a contemplar esta exposición.

Si magnífica fue la elaboración de códices irrepetibles que reflejaban la maestría de los monjes emilianenses, no lo fue menos la labor lexicográfica que en este monasterio de desarrolló, con la elaboración de glosarios que eran auténticas enciclopedias en las que se compendiaba el saber de aquella época, lo que le ha merecido el apelativo de Real Academia de la Lengua.

Pero si admirable fue la labor de estos monjes, hay que poner de relieve otra circunstancia que explica la fama actual de San Millán de la Cogolla. Y ésta no es otra que el interés de estos amanuenses por hacer comprensibles los textos latinos que copiaban a una población que ya no entendía el latín.

Tal fue su preocupación, que en sus textos fueron añadiendo glosas explicativas, glosas que eran las primeras manifestaciones escritas del romance que hablaba entonces el pueblo llano riojano.

Estos añadidos, que constituyen el primer español y que son conocidos como las Glosas Emilianenses, aparecían en los bordes de los manuscritos latinos, o entre líneas, de una forma casi clandestina, lo que le llevó a decir a un célebre lingüista que estas primeras representaciones del español se manifestaron de una forma "tímida, acobardada, recelosa casi, agazapada entre el prestigio religioso de las palabras latinas, las palabras ungidas por la cultura superior, por el mito, por la relación con lo inasible".

Estas Glosas se pueden contemplar en esta exposición.

Los versos escritos dos siglos después en el monasterio de Suso por el primer poeta en español de la historia, el riojano Gonzalo de Berceo, vienen a reforzar la importancia de San Millán de la Cogolla como cuna de este idioma universal.

Este fue, por tanto, el surgimiento del español. Un español que nació en La Rioja, que se extendió por la Península, hasta convertirse en el siglo XVI en la lengua general de todas las regiones unificadas bajo la Corona española, y que recaló en América, hermanando desde entonces a españoles y latinoamericanos bajo una patria común.

Como podéis apreciar, el español tiene pasado, un prodigioso pasado; pero también presente y futuro. Presente y futuro en Estados Unidos, donde lo habláis cerca de 35 millones de personas. Y presente y futuro también en Miami, donde gracias a vosotros, a vuestro amor por nuestra lengua, el español goza de una salud envidiable y de un poder de influencia extraordinario.

Por ello, en el momento de inaugurar esta exposición, deseo reiterar mi agradecimiento a los hispanohablantes que habitáis en este extraordinario país y animaros a que continuéis en la labor de defensa y divulgación del español.

Vuestra presencia en este acto de exaltación de nuestra cultura compartida demuestra que así será.

Muchas gracias.

PEDRO SANZ - PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE LA RIOJA