13 de noviembre de 2001

Excmas. Autoridades.

Señoras y señores.

Es un verdadero honor para mí comparecer ante ustedes como presidente de la Asamblea de Regiones Europeas Vitícolas y es, a la vez, una gran responsabilidad, ya que hablo en nombre de medio centenar de regiones con un gran peso en esta Europa que estamos construyendo entre todos, de medio centenar de regiones que han trenzado su historia y su prosperidad alrededor del vino y de la vid, de ese vino y de esa vid que, desde tiempos remotos, contribuyeron de una forma determinante al buen entendimiento de los pueblos y a asentar las bases de lo que hoy es la Europa de todos, la Europa de los ciudadanos, la Europa que nos hace más libres, más prósperos y más solidarios.

Cuando, el pasado 8 de septiembre, tomé el testigo de manos Luis Braga da Cruz, actualmente ministro de Economía de Portugal, me impuse como reto prioritario consolidar todo lo hecho hasta ahora, a la vez que aportar mi sello personal a la AREV como presidente de una región que, en su mismo nombre, en cada letra que lo forma, lleva tatuado el espíritu del vino, su pasado y su futuro: La Rioja.

La AREV, fundada en 1988 bajo el impulso de Edgar Faure, constituye un lugar de encuentro genuino en el que todas las regiones –con sus peculiaridades, con sus diferencias- buscan un fin común: defender el futuro de las viñas, de los vinos y de sus territorios como medio más eficaz para lograr la prosperidad y la supervivencia de las zonas rurales. Y defenderlo, además, en el ámbito de la economía comunitaria y mundial, en el marco de la construcción europea y en un contexto de creciente globalización y mundialización de los mercados. Sin perder de vista, claro está, la esencia misma de la AREV, que es la de escuchar todas y cada una de las voces representadas en este organismo.

Y si la naturaleza de la AREV ya es singular por la amalgama de regiones que la integran, no lo es menos su composición. En su seno se encuentran tanto los profesionales del sector vitivinícola como los responsables políticos a través del Colegio de las Regiones y del Colegio Profesional, ambos con la misma pretensión: consensuar decisiones, tanto en el plano técnico como en el de mercado, que afectan a todo el proceso: desde la producción hasta la comercialización del vino. De ese vino que constituye un bien cultural, un factor de vida social, pero también un elemento de progreso tecnológico y científico de Europa.

Los objetivos del esfuerzo común

El esfuerzo común que encarna la AREV no es otro que la mejora constante de la calidad, de la autenticidad y de la imagen cultural del vino.

Este esfuerzo común pasa tanto por la atención que se prodiga a la lealtad y a la mejora de la calidad, como también por la defensa de los vinos de mesa como de los vinos con Denominación de Origen. A esos vinos que se sienten orgullos de su lugar de nacimiento y de sus creadores y que proclaman sus nombres al mundo entero en la parte más noble y visible de su identidad: en sus etiquetas.

Pasa también por la defensa del honor del vino frente a una civilización que no es capaz de distinguir el uso del vino del abuso del alcohol.

Y pasa también por no poner cortapisas a la fluida circulación del vino dentro de cada uno de los países y a través de las fronteras. Por ello, como presidente de la AREV, planteo firmemente que se mantenga la fiscalidad cero para el vino –y que no se incremente en los países donde se grava este producto- para no caer en el peligro sobre el que alerta nuestra Carta del Vino cuando desaconseja privar de esta cultura a una gran parte de los ciudadanos –los menos pudientes- para reservarla sólo a las capas más elitistas.

Sobre este particular, voy a ser absolutamente claro y sincero ante la Comisión Europea con el fin de que recapacite sobre las consecuencias negativas que una medida de esta naturaleza traería consigo. En breve, pondré este espinoso asunto en conocimiento del Comisario de Política de Competencia, Sr. Mario Monti; del Comisario de Agricultura, Sr. Franz Fischler; del Comisario de Mercado Interior, Sr. Frederick Bolkestein, y del Sr. Miguel Arias Cañete, que, a partir de enero, presidirá el Consejo de Ministros de Agricultura de la UE.

A todos ellos les alerto sobre los previsibles perjuicios que se ocasionarían al sector, que, inevitablemente, vería caer sus ventas y, con ello, las rentas de los viticultores, o, lo que es lo mismo, de los campesinos que mantienen en pie infinidad de pueblos y de paisajes, infinidad de rutas culturales y de formas de vida peculiares y entrañables.

La región, garantía de esa orientación

La AREV, como acabo de indicar, se preocupa de defender a todas y cada una de sus regiones como mejor garantía de respetar la cultura, la idiosincrasia y la civilización que en torno al vino han tejido cada una de ellas.

Por ese motivo, señorías, somos partidarios también de que cada zona de producción posea su propia organización, adaptada a su tradición local, a sus productos y a sus hábitos.

Me refiero a las Denominaciones de Origen y me atrevo a decir que son los organismos profesionales regionales, así como los nacionales, europeos e internacionales, a quienes les incumbe la responsabilidad del buen funcionamiento de las mismas, pues no en vano de ello dependen, tanto los intereses de los productores y profesionales de la viña y el vino, como de los consumidores.

Las Denominaciones de Origen aseguran el mantenimiento de la calidad y especificidad del producto, la salvaguarda del patrimonio regional y la protección frente a las eventuales usurpaciones.

Es por ello por lo que la AREV demanda una protección eficiente de las denominaciones geográficas y de las denominaciones de origen, y se pronuncia a favor de la creación de un registro global que incluya, además de las denominaciones, las disposiciones de protección nacionales correspondientes y un proceso multilateral de notificación y de reconocimiento mutuo.

Pero, al tiempo que somos los primeros en solicitar a ultranza un control efectivo para nuestros vinos, también alertamos contra las medidas proteccionistas de algunos países, que, defendiendo sus bebidas y sus vinos, privan a sus súbditos de la posibilidad de acceder a la universalidad de esta cultura.

Principios para una agricultura de futuro

Señorías, hay que tener muy presente que la UE supone el 45% de la superficie vitícola mundial y el 70% de las exportaciones. Que el 80% de la UE es rural. Y hay que tener muy presente también que la explotación familiar es parte esencial del modelo europeo de agricultura. Su futuro hay que garantizarlo facilitando su continuidad e integridad empresarial y la mejora de la competitividad económica. La política comunitaria debe ser una política para los ciudadanos antes que una política para los productos. El medio rural mantiene valores propios y valores de conducta específica que le configuran como un medio diferenciado en cuanto a la promoción y desarrollo socioeconómico. En especial, será necesario evitar que las zonas de ruralidad más acusada queden al margen del proceso general de desarrollo.

El progreso agrario y rural ha de ser protagonizado por los agricultores y la población. Las actuaciones de los poderes públicos han de centrarse en establecer el marco, crear las infraestructuras y facilitar los estímulos e incentivos para movilizar recursos y voluntades encaminadas a la inversión productiva, a la creación de empleo y a la innovación tecnológica.

Las negociaciones internacionales

Nuestra posición en materia agraria, defendida por nuestros respectivos Estados durante estos días en la reunión de la OMC en Qatar, ha quedado sólidamente definida: abogamos por el apoyo interno a la agricultura y por la apertura de mercados.

Pero, además, quiero resaltar otro aspecto que debemos hacer valer ante esta organización que agrupa a 142 países de todos los continentes. Me refiero a la multifuncionalidad de la agricultura y, concretamente, a la aportación que para este concepto realiza la viticultura.

Numerosas regiones europeas deben mantener un cultivo que, en términos meramente económicos, dejaría de tener sentido. Sin embargo, su aportación al desarrollo regional y su contribución a la conservación del medio ambiente representan un valor añadido que el cultivo puede y debe aportar.

Y, en este sentido, señorías, quiero que sepan que es necesario un apoyo expreso por parte de los organismos comunitarios si no queremos que desaparezcan todos los beneficios que se derivan de esta modalidad de agricultura.

Un diseño de futuro

De otro lado, desde la entrada en vigor de los acuerdos de la Ronda Uruguay los intercambios comerciales con terceros países se han disparado, de tal modo que el mercado comunitario ya no puede considerarse aislado del resto del mundo. Muy al contrario, resulta sumamente permeable a las importaciones a bajo precio.

Pero también ese proceso de internacionalización produce profundos cambios estructurales que permiten un espectacular crecimiento del mercado mundial, lo que provoca a su vez cambios en el sistema agroalimentario, principalmente en los patrones de consumo. Además, alienta transformaciones tecnológicas y modificaciones en la estructura de las organizaciones empresariales.

Ante esta realidad, la UE busca su propio equilibrio productivo y de consumo. Pero también es justo reconocer que la diversidad de situaciones que presenta cada una de las regiones aconseja avanzar hacia modelos más personalizados en función de las necesidades y demandas de cada una de ellas.

La precariedad del equilibrio productivo hace oscilar de manera cíclica las situaciones en que nos encontramos las regiones vitícolas europeas. Se impone, por tanto, perfeccionar el sistema mediante reformas que no alteren las difíciles relaciones entre oferta y demanda, teniendo siempre presentes los compromisos de calidad con los consumidores.

La búsqueda de la competitividad en los viñedos puede llevar aparejadas distorsiones de producción, alejadas incluso de la calidad, lo que debiera hacer reflexionar sobre los métodos empleados para conseguirla.

Por otra parte, quiero llamar la atención del Parlamento Europeo sobre las plantas modificadas genéticamente y los posibles riesgos que su utilización puede comportar para la salud y el medio ambiente, además de como medio de deslocalización de las producciones tradicionales.

Si a ello sumamos el riesgo de disminución de la diversidad genética y la pérdida de tipicidad de los vinos, se comprenderá una de las resoluciones recientemente adoptadas en la AREV en la que se desea que cualquier producto de investigación relativo a los OMG para la vid y el vino sea objeto de una experimentación previa.

Las regiones de la AREV

Señorías, regiones de Austria, Alemania, España, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Portugal, Rumanía, Eslovenia, Suiza y Chequia (que ha pasado de observador a país de pleno derecho dentro de la AREV) constituyen la fuerza que otorga a este foro un papel excepcional en el desarrollo y defensa del sector vitivinícola. Un organismo con vocación de apertura a todas las regiones y a todos los actores económicos con el fin de favorecer la solución de cuestiones económicas complejas en el marco del interés general.

Una organización que se plantea dos niveles de trabajo: la elaboración de propuestas y su comunicación y utilización posterior. Un objetivo que verá su completa materialización mediante la puesta en marcha del Observatorio Económico y Social Europeo, un proyecto para el que no dudamos del apoyo explícito de sus señorías y de las instancias comunitarias.

Una organización que en sus años de existencia ha contribuido al consenso, a la definición y a la orientación con propuestas de mejora del sector.

Y una organización, finalmente, que está consagrando sus mejores esfuerzos para facilitar el ingreso de los países de Europa Central y Oriental a este proyecto común que llamamos UE.

Muchas gracias a todos.

Pedro Sanz Alonso - Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja