6 de octubre de 2001

Señoras, señores, buenas tardes:

La coyuntura económica se mundializa con la generalización del libre cambio y la apertura de la Unión Europea a los países terceros.

El futuro de Europa, de esta Europa democrática y solidaria para la que trabajamos, pasa necesariamente por la ampliación, pasa por incorporar a los países de la Europa Central y Oriental. Pasa, en un futuro, por su apertura al Este con una clara vocación de cohesión política y socioeconómica entre todos los estados del viejo continente.

Y dentro de los Estados miembros de la Unión Europea, cada región posee, sin duda, sus propias tradiciones, su propia cultura, su propia idiosincrasia. Pero esta diversidad cultural no ha supuesto un obstáculo para la construcción de una Europa común; para la integración económica; para la creación de instituciones supranacionales.

En palabras de Monsieur Luc Van den Brande: "Los ciudadanos buscan la seguridad frente a un fenómeno que les sobrepasa: la mundialización y la europeización". Pero añadía que la seguridad y el abrigo moral lo buscarán en lo que les resulta más próximo: la región.

El desarrollo de las regiones constituye un movimiento natural. El respeto al principio de subsidiariedad ha permitido crear instituciones supranacionales. Un principio de subsidiariedad que ha respetado el movimiento regionalista, a la vez que ha favorecido el proceso de integración. Este principio de subsidiariedad es una conquista europea que sirve para construir una Europa democrática, solidaria y desarrollada. En definitiva, ha posibilitado que, junto a la integración creciente de naturaleza económica, cultural o de eficacia administrativa, se produzca un proceso paralelo de desarrollo regional. La cooperación interregional se convierte, de esta manera, en un elemento imprescindible para la construcción de la Europa de los ciudadanos.

Y en este contexto de construcción europea, la AREV constituye un lugar de encuentro original, caracterizado por tratar de un sector homogéneo único: el vino y los productos de la viña. Este sector está ligado a un contexto geográfico definido: la región, que constituye, además, el espacio natural de producción.

La AREV se ha especializado en la representación de un hecho regional complejo, aglutinando al conjunto de actores que tienen un mismo interés: el futuro de las viñas y los vinos y de sus territorios.

La AREV cuenta con una composición singular. En ella están integrados tanto los profesionales del sector como los responsables políticos, de tal modo que están representados los intereses actuales y futuros de todos los componentes económicos y sociales.

La AREV constituye un foro de dialogo y cooperación en favor de la cultura de la vid y el vino. En su seno, las regiones vitícolas europeas pretenden consensuar decisiones sobre todo el sector: desde la producción hasta la comercialización.

Decisiones que afectan a dos niveles. Por un lado, a la elaboración de las orientaciones y de los principios para el sector, incluida su política científica. Por otro lado, a la comunicación. Comunicación con la que se pretende influir en las instituciones regionales, estatales y comunitarias, así como en todos los foros de decisión y de debate relacionados con el sector vitivinícola. Y comunicación interna, por supuesto, también. Comunicación que solamente podrá generar beneficios para potenciar la estructura asociativa de la AREV.

Participación, comunicación y concertación en 53 regiones vitícolas de 12 países. Modelo que no siempre resulta fácil ante la coexistencia de regiones diferentes, pero que es eficaz porque, más allá de una visión puramente industrial y económica del vino, defiende y promociona una concepción territorial y cultural de la viticultura europea.

En este sentido, la comunicación constituye un vehículo para formar e informar sobre la cultura y el consumo moderado de vino y de sus efectos beneficiosos para la salud. La comunicación es también el instrumento de difusión de las innumerables rutas del vino, con las que se aporta un elemento de conocimiento regional de primer orden, ya que la historia del vino ha dejado numerosas huellas de indudable atractivo en todas nuestras regiones.

La AREV, como foro de concertación, favorece la participación de las regiones y las instituciones en el proceso de desarrollo e integración europea, con el fin de que este proceso sea más eficiente. Además, con la intervención de las regiones, aumenta la participación de los ciudadanos y se alcanza mayor legitimidad democrática.

La concertación nos aporta cuatro elementos de indudable valor. En primer lugar, el hecho en sí de configuración de ideas, de aporte de elementos para el debate de la construcción del modelo de vitivinicultura europeo. Pero también otorga a las regiones el privilegio de su autoría, cuando éstas, las ideas, se transforman en elementos comunes adaptados a los reglamentos correspondientes. En tercer lugar, se refuerza el principio de la Europa de las regiones, canalizando las inquietudes de estas zonas en una defensa colegiada de los intereses del sector vitivinícola, con el valor añadido de la participación tanto de los profesionales como de las instituciones.

La concertación nos permite, en cuarto lugar, la interacción y la colaboración creciente con instituciones como la Oficina Internacional del Vino (OIV), la Red Europea de la Ciudades del Vino (RECEVIN) y el Centro de Investigación, de Estudios y de Valorización de la Viticultura de Montaña (CERVIN).

La concertación no supone homogeneizar el desarrollo regional. Todo lo contrario, la diversidad es la riqueza aportada por las regiones al proceso de integración y ampliación. La coexistencia de esta diversidad sólo puede mantenerse mediante la participación en foros de concertación como el de la AREV. El esfuerzo de la AREV para canalizar las inquietudes ciudadanas reforzará los principios de eficiencia y legitimidad democrática, a los que antes me refería.

La vitivinicultura en Europa no sólo es un bien económico. Está presente en cada uno de los rincones del viejo continente y, desde la Grecia antigua, ha influido en la sociedad, en las manifestaciones artísticas, en el folclore y en el desarrollo económico.

La literatura, el arte, el paisaje, la economía, ninguna de las áreas culturales o económicas de nuestras regiones se ha librado de la influencia vitivinícola. Los viñedos salpican el paisaje; el entorno está condicionado por las vides y las bodegas; las relaciones sociales se realizan en torno a un vaso de vino... La economía y el desarrollo de todas ellas se sustenta en la vitivinicultura.

No hay que olvidar que la Unión Europea representa el 45 % de la superficie vitícola mundial y el 70% de las exportaciones. Pero no hay que olvidar tampoco que mientras Europa busca el equilibrio entre la oferta y la demanda; apuesta por la calidad, y establece las normas necesarias para conseguirla, otros países defienden políticas comerciales agresivas. Mientras que las bodegas europeas optan por buscar la rentabilidad a través de la diferenciación, en otras partes se incrementan los rendimientos y se realizan promociones agresivas.

Pero las regiones europeas no ofrecemos sólo un producto comercial. El vino representa nuestra historia, nuestra cultura, nuestras costumbres. Y este es el hecho diferencial que tenemos y debemos defender y difundir entre los consumidores: cultura e historia, pero también calidad y seguridad. Todas ellas recogidas en el sistema europeo de las Denominaciones de Origen.

La ampliación de la Unión Europea está considerado como un proceso irreversible. El valor de la producción agraria de los países candidatos representaba, en 1998, el 14 por ciento de la Europa de los Quince. Se ha producido un avance importante por parte de los PECOS para cumplir los criterios de adhesión. Sin lugar a dudas, las negociaciones para ampliar la UE suponen un desafío. Supone ir más allá de la aplicación de los instrumentos de la política agraria clásica; más allá de la agricultura. La cuestión se centra en el desarrollo de los espacios rurales.

En definitiva, el futuro de Europa pasa por su ampliación hacia el Este, lo que exige, ante todo, un esfuerzo de cohesión política y socioeconómica entre todos los Estados.

El sector vitivinícola resultante de la ampliación de la UE representaría, según datos de 1997, más del 52 por ciento de la superficie vitícola mundial y superaría el 66 por ciento de la producción vinícola mundial. Debemos entender la ampliación como una alianza de estados para defender este patrimonio entre todos.

Ya son varias las regiones vitícolas pertenecientes a los PECOS las que participan plenamente de las deliberaciones de la AREV. Rumanía, Eslovenia, Hungría, Croacia, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina... cuentan con regiones que participan y colaboran en este esfuerzo común. La AREV ha estado siempre abierta a esta participación e invita al resto de regiones a integrarse en ella.

Precisamente, una de las regiones de Hungría participa en el cuadro del programa ECOS-OUVERTURE junto con las regiones de Aquitania, Norte de Portugal y Norte del Peloponeso, en un programa de cooperación interregional nacido en el seno de la AREV: el programa TWINS (Turismo y sinergias del Vino).

Deseamos una respuesta activa de las regiones. Ha sido precisamente la participación en la AREV de la región a la que pertenezco -La Rioja-, la que nos motivó a involucrarnos en un proyecto de cooperación entre regiones con Rumanía. Hemos querido trasladar el espíritu de la AREV a un trabajo que, coordinado por la Unión Europea, permita el traslado de aquellos aspectos técnicos y de organización vitivinícola que sean positivos para Rumanía. Hemos querido trasladar un principio adoptado por nuestra organización: el principio del desarrollo de la asociación y el aprovechamiento de las sinergias.

Muchas gracias

JAVIER ERRO - CONSEJERO DE AGRICULTURA, GANADERÍA Y DESARROLLO RURAL DEL GOBIERNO DE LA RIOJA