3 de mayo de 2017
José Ignacio Ceniceros, presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja

Majestad,

Señoras y señores,

Quiero darle las gracias, Señora, por estar una vez más presidiendo esta importante cita que anualmente acoge San Millán de la Cogolla en torno a nuestro idioma y, sobre todo, quiero agradecerle lo que su presencia aquí supone para este simbólico lugar.

Este enclave y sus monasterios de Suso y Yuso cumplen precisamente este año su vigésimo aniversario como Patrimonio de la Humanidad y desde su declaración en 1997 el apoyo de la Corona ha sido constante.

Conocemos la preocupación de Sus Majestades por la lengua española y, especialmente la suya, Señora, por su uso, por su buen uso. En este mismo foro os hemos oído decir que "lo que cuenta es que nos entendamos", que "una expresión ordenada y correcta será más efectiva para que nos entiendan". Hemos asumido sus palabras. Es cierto que el hecho de que hoy en día la información esté más accesible que nunca, no implica necesariamente que sea comprendida.

Una de las posibles soluciones es la que centra este Seminario Internacional: el empleo de un lenguaje más claro por parte de las administraciones y por todos aquellos profesionales cuyos textos tienen serias repercusiones en la vida de las personas. Para discutir en qué áreas es necesario, cómo debería ser este y cómo implantarlo y difundirlo se van a reunir distintos expertos- a los que saludo y doy mi más cordial bienvenida- en este Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española, porque la información que no se comprende no genera conocimiento sino ruido.

Su Majestad el Rey, con motivo hace unos días de la entrega del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza, nos recordaba lo que decía Juan Ramón Jiménez y que podemos citar también con ocasión de este Seminario: "quien escribe como se habla irá más lejos en lo porvenir que quien escribe como se escribe".

Y precisamente nos decía Mendoza que de Cervantes aprendió "que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia".

Ese es el reto que todos, absolutamente todos los hablantes tenemos: la claridad, el lenguaje claro. Soy el primero que, como representante de un gobierno, como político y como hablante de español, estaré muy pendiente de sus conclusiones y, sobre todo, de sus recomendaciones. Un trabajo que también quiero agradecerles sinceramente.

No creo que haya mejor sitio que San Millán de la Cogolla para reflexionar sobre estas cuestiones. Aquí fue donde por primera vez se puso en escritura nuestra lengua española y ese primer texto surgió porque alguien quería que sus oyentes lo entendieran, buscaba claridad y comprensión y lo hizo en la lengua en la que sabía que lo iban a entender.

La famosa "glosa 89", escrita en el códice emilianense 60, es –como señala el especialista Claudio García Turza- la primera manifestación en todos sus niveles lingüísticos de la lengua iberorromance y, también por primera vez, intencionadamente, está escrita en su integridad (el léxico, la gramática y los sonidos del habla) de una nueva manera, a la española. Es el primer testimonio, de extraordinaria entidad lingüística y cultural, donde con notoria solvencia y llamativa limpieza se expresa completamente y por vez primera el habla romance. Si hoy escribimos como escribimos, utilizando una técnica que tiende a la perfección fonográfica, seguramente se debe, en buena medida, a la decisión y empeño asumidos por los glosadores de la Cogolla de representar los sonidos de la lengua hablada mediante grafías específicas en cada caso.

El primer texto en español surgió en este monasterio y surgió porque el glosador de San Millán quería hacerse entender, quería que se comprendiera lo que decía y lo hizo, como hiciera también algunos años después y en este mismo lugar, el primer poeta de nombre conocido de nuestra literatura, Gonzalo de Berceo, "en román paladino, en qual suele el pueblo fablar a so vecino".

Que la responsabilidad con nuestra lengua de los que en este mismo lugar la configuraron nos sirva de ejemplo porque, como muy bien reflexionaba nuestro último Premio Cervantes, todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.

Quiero, antes de terminar, dar las gracias a los organizadores de esta importante cita, que en esta edición cumple doce años. Y, por supuesto gracias, Majestad, por su incondicional apoyo.