6 de noviembre de 2006

Monasterio de Yuso de San Millán, 6 de noviembre de 2006

Sr. Director del Instituto Cervantes

Sra. Ministra Consejera

Sra. Embajadora

Sr. Rector

Reverendo Padre Prior

Autoridades

Señoras y señores

Les doy a todos mi más cordial bienvenida, de manera especial a los que por primera vez pisan este simbólico recinto de tanta trascendencia para la historia más remota de nuestra lengua, y a los que han venido desde más allá de nuestras fronteras. Gracias de verdad por haber aceptado la invitación de la Fundación San Millán de la Cogolla. Agradezco sinceramente el honor que brindan a esta Institución al acogerles para celebrar la que es ya quinta edición de estas Jornadas Sefardíes de La Rioja, algo que me llena de orgullo.

Diríamos, reinterpretando los versos de Machado, que hemos andado un largo camino. Pero fue muy fácil porque alguien nos llevó de la mano. Alguien a quien hoy, al volver la vista atrás, echamos de menos y recordamos con entrañable cariño: Iacob Hassán. Desde el principió impulsó y animó la celebración de las Jornadas con una extraordinaria vitalidad, que no nos cansaremos de agradecer. Y aunque le hicimos nuestro pequeño homenaje cuando aún estaba entre nosotros, hemos creído ahora que la mejor forma de agradecer cuanto hizo por La Rioja y por la Fundación San Millán era precisamente continuar con la labor que él inició aquí. Hassán dedicó su vida a la cultura judeoespañola y gracias a él los estudios de filología sefardí en España se convirtieron en una disciplina respetada y valorada. Por eso animo a sus discípulos a proseguir su tarea. Nosotros, desde la Fundación San Millán, haremos cuantos esté en nuestras manos para que esos estudios encuentren siempre cabida, a través de estas Jornadas y a través del recién creado Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española.

Y al volver la vista atrás, debemos recordar también a la profesora Ana Riaño, compañera en otras Jornadas y que hoy tampoco está ya entre nosotros.

Están ustedes aquí, unos como conferenciantes y otros, los más, como alumnos, oyentes privilegiados que afortunadamente volvemos a reunirnos una vez más. Cuando en los primeros momentos de la Fundación nos planteamos la celebración de unas Jornadas Sefardíes no sabíamos cómo se respondería a esa convocatoria. La respuesta nos la haban dado ustedes; todos ustedes, profesores y alumnos constantes y atentos. El prestigio de los primeros da buena cuenta de la calidad de nuestras Jornadas Sefardíes. La presencia de los que día a día y edición a edición (y van cinco) están ahí, escuchando, preguntando y participando nos hace asumir con más fuerza si cabe el compromiso que nos hicimos incluso cuando esta Fundación a la que represento se estaba fraguando y teníamos claro que había que contar y mucho con el mundo sefardí.

En 1492, al producirse la expulsión de los judíos, Abravanel, consejero de los Reyes Católicos y Gran Rabino de la Corte de España, vaticinaba que algún día "los españoles honestos mirarán a su pasado y nos verán".

No es una casualidad, pues, la celebración aquí, en el que es conocido como "el lugar de la palabra", de unas jornadas dedicadas a una cultura y una lengua tan española como la que yo hablo. Los hispanohablantes tenemos el deber de recuperar este legado sefardí, porque no se trata de una lengua distinta, sino de una variante histórica del español y la literatura sefardí pertenece a la tradición literaria española.

La comunidad sefardí ha transmitido, generación a generación, todo un cómputo de vivencias y de aspectos bibliográficos, documentos y legados que se han convertido en tesoros de incalculable valor, porque, sin duda alguna, la memoria de los pueblos es el mayor legado que puede ofrecer la historia a las generaciones venideras. Es sorprendente cómo un pueblo errante ha sabido, durante cinco siglos en la diáspora, guardar con celo la memoria de un tiempo fundamental de su pasado. Un pasado acariciado por un mismo idioma, el castellano. Una memoria que nos llega a través de manuscritos, libros, coplas... en un estadio de lengua casi exacto al del momento de su separación física de la patria y al que conocemos como españolit, judío, judezmo, judeo-español y ladino.

Por todo ello, la Fundación San Millán de la Cogolla, tan entroncada con la lengua, ha querido ser vehículo transmisor que dé a conocer una parte importantísima de nuestra cultura. Es la lengua, principal objetivo de la institución a la que represento, lo que nos une. "Es -como decía Unamuno- nuestro principal patrimonio; es nuestro caudal; es la bandera que tiene que cubrir nuestra mercancía". Ago parecido ha dicho el poeta Yusuf Altintash: "La patria del judío sefardí es exclusivamente el judeoespañol. Donde quiera que viva, ya viva en Estambul, en Sofía, en Francia, la patria del judío sefardí es la lengua ladina. La lengua es el país del sefardí: allá vive, en la lengua vive, en la lengua llora, en la lengua muere también". Por eso San Millán y su lengua es el hogar, la casa de todos nosotros.

Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Arrastramos un mismo pasado y juntos podemos mirar ahora hacia el futuro... La Fundación San Millán de la Cogolla está al servicio de la lengua y, por tanto, al de la Comunidad Sefardí.

No quiero terminar sin reiterar mi agradecimiento a todos: a los que por quinta vez habéis hecho posible estas Jornadas, a los Padres Agustinos por abrirnos una vez más las puertas de estos lugares, a La Universidad de La Rioja, representada por su Rector, por su colaboración; la misma colaboración que encontramos siempre en el Instituto Cervantes y en la Embajada de Israel. Y, por supuesto, a todos los asistentes, pues son ustedes el motor que nos impulsa.

Sin más, declaro inauguradas las Quintas Jornadas Sefardíes en La Rioja.

Pedro Sanz - Presidente del Gobierno de La Rioja