23 de noviembre de 2004

Ilmo. Sr. Alcalde de Logroño,

Excmo. Sr. Consejero de Obras Públicas,

Ilmo. Sr. Director General de Carreteras,

Ilmo. Subdirector General de Gestión de Tráfico y Movilidad, D. Jesús Díez de Ulzurrun y Mosquera,

Ilmo. Director Técnico del Ministerio de Fomento, D. José Luis Elvira,

Presidente de la Asociación Española de Carretera, D. Miguel María Muñoz,

Señoras y Señores Congresistas:

La Rioja se honra en acoger el Primer Congreso Nacional de Seguridad Vial y por ello saluda y agradece la presencia de todos ustedes en este extraordinario Palacio de Congresos, personas con una dilatada experiencia y con propuestas muy valiosas para abordar el asunto que nos reúne durante estos días en Logroño.

Es probable que existan diferentes planteamientos de cómo acometer la mejora de la seguridad vial de nuestras carreteras, pero de lo que sí estoy seguro es de una cosa: que todos participamos de la idea de que los accidentes de tráfico son una epidemia. Una epidemia que ocupa los primeros lugares como causa de muerte y que, como tal, debe ser atajada de una forma activa y decidida. En primer lugar, sondeando sus causas de raíz; y, en segundo, y tras ese diagnóstico, poniendo todos los medios a nuestro alcance para que las estadísticas de siniestralidad no sigan golpeando nuestras conciencias y marcando para siempre a familias enteras.

Sin pretender ser alarmistas, no nos queda más remedio que reconocer que los accidentes de tráfico constituyen hoy en día uno de los principales problemas de salud pública en todo el mundo por sus crecientes tasas de mortalidad y morbilidad, por los elevados costes socioeconómicos que originan y por el enorme sufrimiento que llevan asociado.

Los datos así lo indican. Durante el siglo XX, sólo en las carreteras españolas perdieron la vida 250.000 personas y resultaron heridas 14 millones. Según un informe de Unicef, entre 1991 y 1995, fallecieron cada año en los países de la OCDE 20.000 niños, lo que convirtió este tipo de siniestros en la primera causa de muerte de los menores de 14 años. Y, anualmente, se producen más de 40.000 muertes en las carreteras comunitarias.

Sin lugar a dudas, un drama de unas proporciones preocupantes.

No es de extrañar, por tanto, dada la dimensión de este problema, que la OMS dedicara el pasado 7 de abril, por primera vez en su historia, el Día Mundial de la Salud a la seguridad vial.

Y tampoco es de extrañar que, hace 4 años, la Unión Europea lanzara el reto a todos sus Estados miembros de reducir a la mitad antes del año 2010 el número de víctimas, una iniciativa que no puede sino concitar nuestro más sincero asentimiento y adhesión.

Y a ese reto (un reto ineludible) tratamos de responder con el Congreso que ahora inauguramos, que lleva por enunciado precisamente este imperativo: el de reducir a la mitad estos altos índices de mortalidad.

Se nos agota el tiempo. No podemos esperar más. No queremos que la invocación de la UE se quede en la mera formulación de un deseo. Tenemos que actuar ya, con toda la determinación que la situación exige. Porque es posible poner freno a los accidentes. Porque no nos podemos resignar a la fatalidad de las estadísticas, como si fueran un tributo que necesariamente tenemos que pagar por un modelo de sociedad, el actual, que se caracteriza por la gran movilidad de sus ciudadanos. Porque no queremos que se produzcan tantas muertes y lesiones que se pueden evitar.

Por eso es de agradecer su respuesta afirmativa a la invitación del Gobierno de La Rioja y de la Asociación Española de la Carretera para sentarnos a debatir, desde todos los puntos de vista y desde planteamientos complementarios, sobre este fenómeno que alguien ha llegado a denominar como "catástrofe oculta".

Sería injusto, por falso, afirmar, que hasta ahora hemos estado de brazos cruzados.

Y es que muchas y muy variadas han sido las iniciativas que se han puesto en marcha para atajar los accidentes de tráfico y otras muchas las que están a la espera de entrar próximamente en escena, como el anunciado carnet por puntos.

Fruto de estas iniciativas han sido, por ejemplo, los datos alentadores de este verano, donde se han registrado las cifras de siniestralidad más bajas del último cuarto de siglo en España.

Pero ello no nos debe llevar a bajar la guardia, sino todo lo contrario.

Nuestro deber es consolidar los avances obtenidos y seguir progresando en esta línea.

Y de ahí la importancia de este Congreso. Un Congreso que es importante, precisamente, por su misma concepción: ya que no se limita a expresar recomendaciones unidireccionales, sino que favorece el debate y la reflexión de todas las partes implicadas en la seguridad vial, sirve de marco para aprender de experiencias de otros países y nos ofrecerá orientaciones para luchar contra los accidentes de tráfico, alguna novedosa en España, como la implantación de las denominadas auditorías de seguridad vial.

No me cabe la menor duda de que este Congreso va a ser un paso adelante en la lucha contra la siniestralidad.

Nosotros, los riojanos, y sé que con nosotros los españoles y europeos, vamos a estar muy pendientes a lo que durante estos días nos digan los expertos.

Nuestra sensibilidad sobre el particular es muy grande.

Grandes son los esfuerzos por mejorar nuestra red viaria y grandes las exigencias para que las vías que gestiona la Administración Central reúnan las condiciones de seguridad apropiadas.

Alentadores han sido los resultados que hemos obtenido, entre los que me gustaría destacar que, en el primer semestre de este año, los accidentes de los riojanos al acudir o regresar de su puesto de trabajo han descendido a una tercera parte con respecto al año 2000.

Y grandes son, finalmente, nuestros deseos de seguir avanzando por este camino, como lo pone de manifiesto este Congreso que La Rioja apadrina y que declaro inaugurado.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA