29 de septiembre de 2004

Excmas. Autoridades,

Señoras y Señores:

El Camino de Santiago, esta mítica y mística ruta milenaria de las estrellas, nos trae hoy, como unos peregrinos de lo sagrado, a Bruselas, a este acogedor Instituto Cervantes, y mis primeras palabras no pueden ser sino de sincero agradecimiento hacia esta embajada de lo hispano, hacia este centro promocional de la cultura española, por su generosa hospitalidad y por su admirables y reiteradas atenciones hacia mi tierra: La Rioja…

Tierra jacobea que acunó, en su nacimiento, esa palabra española que compartimos, como uno de nuestros tesoros más preciados, 400 millones de personas en todo el mundo.

Tierra de romeros, de hospitaleros y de fiestas y tradiciones evocadoras del espíritu compostelano.

Tierra de ciudades, catedrales, monasterios, iglesias y ermitas nacidas al calor, fértil y creador, de esta senda de la espiritualidad.

Tierra de llegada y de encuentro de romeros con los que entablamos amistades duraderas y con los que soñamos en común un futuro que anhelamos sea de concordia y de solidaridad; y de fortalecimiento de la conciencia común europea.

El Instituto Cervantes nos abre hoy de nuevo sus puertas, y se lo agradecemos. No es la primera vez, y sé que no será la última.

Entre julio y septiembre de 2001, más de 3.500 personas contemplaron en estas mismas salas la muestra itinerante 'Camino de la Lengua Castellana', en lo que supuso su primera salida al exterior, antes de recalar en México y en Estados Unidos.

Camino de la Lengua que es un recorrido, en el tiempo y en el espacio, por los hitos físicos (desde San Millán de la Cogolla, donde escribió su obra el primer poeta español, Gonzalo de Berceo, hasta Alcalá de Henares, cuna de Miguel de Cervantes) y por los territorios de la ciencia y de la cultura que el español naciente transitó, como un peregrino más, hasta transformarse en una lengua culta, sabia y de futuro.

Camino de la Lengua que comparte con el Camino que hoy nos convoca, con el de Santiago, el título, concedido por el Consejo de Europa, de Gran Itinerario Cultural Europeo, en el que "se ve representado el significado del ser humano en sociedad, las ideas de libertad y de justicia; un espacio de tolerancia, del conocimiento y de la solidaridad; un espacio de diálogo y de reunión".

Más recientemente, entre abril y mayo del año pasado, el Instituto Cervantes nos brindaba de nuevo su hospitalidad para exponer la muestra 'El vino y los 5 sentidos', que maravilló a los cientos de visitantes que se sintieron atraídos por ella y que tuvieron la oportunidad de conocer más en profundidad nuestros vinos a través de las diversas catas celebradas.

Vino y lengua, por tanto, en el Instituto Cervantes de Bruselas. Y hoy, gracias a esta oportunidad que se me concede, el Camino de Santiago en su tramo riojano.

Vino y lengua, dos de nuestras principales banderas de identidad. La lengua como tierra de origen del español, en sus monasterios de San Millán de la Cogolla, el de Yuso y el de Suso; Patrimonio de la Humanidad; y La Rioja como paraíso de los grandes vinos y dueña de una de las Denominaciones de Origen con más solera del mundo.

Vino y lengua que nos enorgullecen, que nos hacen sentirnos a los riojanos satisfechos con nosotros mismos y con la obra que hemos sido capaces de concebir, de preservar y de divulgar como elemento de diálogo, de cultura y de deleite.

Vino y lengua que nos remiten directa, afectiva, entrañablemente, al Camino de Santiago, a esta ruta que hoy nos ha conducido a Bruselas y a la que los riojanos tanto debemos como sustrato de nuestra identidad como pueblo.

Y es que los diferentes Caminos que conducen a la tumba del Apóstol fueron los mismos a través de los cuales nuestro idioma se derramó por España y donde, desde Finisterre y otros mares, dio el salto a esa América inexplorada que hoy es Lationamérica. Y es que también fue esta ruta de las estrellas la que guió a las órdenes religiosas que desde Francia se aventuraron hasta La Rioja, la de Cluny y la del Císter, y que nos trajeron variedades de uva y técnicas de cultivo absolutamente fundamentales para explicar la actual calidad y fama de nuestros vinos, sin duda de los mejores del mundo.

Por tanto, La Rioja y el Camino son indivisibles. La Rioja es heredera del Camino; hija y madre a la vez de este Camino.

Por esa puerta, amplia y luminosa, que nos comunica a Europa, durante siglos, nos han llegado aires ilustrados, estilos artísticos, corrientes literarias y de pensamiento. A la vera del Camino, han nacido algunas de nuestras ciudades jacobeas, como Santo Domingo de la Calzada, conocida como la Compostela riojana; y otras crecieron y se desarrollaron en torno a él: como nuestra capital, Logroño, o como Nájera, Corte de Reyes en siglos pasados.

De modo que no creo exagerado decir, como señalé el 9 de febrero de este año, en Roncesvalles, en la inauguración del Año Santo Jacobeo, y en presencia de SAR el Príncipe de Asturias, que recorrer La Rioja es recorrer lo mejor de Europa.

Lo mejor de Europa no sólo por los tesoros históricos, artísticos y monumentales que La Rioja encierra, entre ellos las tablas flamencas que adornan nuestros retablos, fruto de la maestría de los artistas de esta tierra, de Bélgica, sino por nuestra activa contribución para convertir el Camino en "símbolo de fraternidad y vertebrador de una conciencia europea", lo que le ha hecho merecedor del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, una distinción que sentimos como propia y que nos estimula a seguir siendo, como hasta ahora, hospitalarios con el que llega de fuera, a seguir siendo hospitaleros. Hospitaleros como lo fueron dos santos primordiales en el troquelado de la ruta jacobea, ambos riojanos, Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega, su discípulo, que construyeron puentes para vadear ríos, albergues para ofrecer reposo y hospitales para consolar al caminante de sus fatigas.

Todo ello hace de La Rioja una tierra atractiva para el peregrino en su vertiente cultural, turística y también religiosa. Una tierra que merece ser conocida sin prisas, paladeando los tiempos, los climas y los paisajes. Una tierra fundamental e imprescindible.

Imprescindible para entender el espíritu del Camino; para conocer su alma más íntima y verdadera; ese alma que es fuente de identidad colectiva para todos los pueblos europeos.

Imprescindible para saber del significado del Camino: de su presente y de su pasado.

De un pasado que nos descubre que fue en La Rioja donde aparece documentado el primer peregrino: Gotescalco, obispo de Puy, que en el año 950 y de camino a Santiago, se detuvo en el desaparecido monasterio de San Martín de Albelda, en las proximidades de Logroño, con el propósito de que los hábiles copistas y miniadores de su escritorio (autores del célebre Códice Albeldense) le elaboraran, para recoger a su regreso, una copia de un libro de San Ildefonso de Toledo.

Fue también en La Rioja, en la legendaria batalla de Clavijo, donde se acuñó la imagen del Santo subido a lomos de un caballo blanco que domina la iconografía jacobea.

Y fue en Santo Domingo de la Calzada donde se obró el milagro del peregrino ahorcado, también conocido como el del gallo y la gallina, que cantaron después de asados, como recuerda la más renombrada leyenda que han repetido durante siglos los romeros y que ha pasado de boca en boca hasta adquirir dimensión universal. Una leyenda a la que se une otra, ésta de origen carolingio, y muy extendida en el Camino, que nos narra el combate, en tierras riojanas, entre el caballero Roldán, sobrino de Carlomagno, y el Gigante Ferragut.

Por su parte, la primera Guía del Camino, el Codex Calixtinus, informaba ya en el siglo XIII de esta forma a los peregrinos sobre nuestra capital: "Por Logroño", decía, "pasa un río enorme llamado Ebro, de agua sana y rico en peces". Y de Logroño a Navarrete; y de Navarrete a Nájera; y de Nájera a Santo Domingo y de Santo Domingo a Grañón, donde el Camino se despide de La Rioja para adentrarse en tierras burgalesas en su peregrinar hacia la tumba del Apóstol.

Esta es, resumida, la historia, la fabulosa historia, del Camino en La Rioja, de La Rioja en el Camino. Un Camino que les invito a recorrer; que les invito a conocer a través de esta muestra que hoy inauguramos en el Instituto Cervantes y que lleva por título 'Sentimientos del Camino'. A recorrerlo despacio, con los sentidos abiertos, con el alma alerta y predispuestos a la fascinación.

Porque, con apenas 60 kilómetros de extensión, el tramo riojano es una sorpresa constante en la intensidad de sus secretos.

Porque, en La Rioja, punto de confluencia de la ruta francesa, la del Ebro y la de la Meseta, el Camino abandona su linealidad y su unicidad para hacerse múltiple, para ramificarse, para adentrarse por otros caminos no menos placenteros de andar.

En La Rioja, el Camino se desborda atraído por San Millán de la Cogolla, por sus monasterios de Suso y Yuso; se desborda para ascender a Valvanera, donde mora la patrona de La Rioja; se desborda para afluir al monasterio cisterciense de Cañas, donde los romeros acuden estimulados por la misma llamada que espoleó, en su tiempo, la curiosidad de San Francisco de Asís, enamorado de la comunidad religiosa que en él habita y de la luminosa belleza de este templo, una de las joyas del patrimonio riojano.

Joyas a las que se unen las que jalonan este Camino principal, Camino que, como una columna vertebral, enlaza Logroño con Navarrete, con Nájera, con Santo Domingo de la Calzada y con Grañón. Pueblos y ciudades profundamente jacobeos, tradicionalmente generosos en albergues y atenciones con el peregrino. Pueblos y ciudades que deslumbran y enamoran.

Logroño, con la catedral de La Redonda y con la iglesia de Santiago.

Navarrete, que luce en la portada de su cementerio vestigios del Hospital de peregrinos de San Juan de Acre.

Nájera, con el monasterio de Santa María la Real, el centro político más importante de la Reconquista y con un gran panteón real donde descansan los restos de monarcas y nobles de aquellos tiempos, entre ellos el del Rey Sancho el Mayor, que fijó el itinerario actual del Camino Francés.

Santo Domingo de la Calzada, cuna del Santo Domingo, ejemplo de atención a los peregrinos y cuya obra es hoy continuada por la Cofradía del Santo.

Y, finalmente, Grañón, donde el peregrino, como alguien dejó escrito, se despide de La Rioja y "parte lento hacia Santiago por el camino de las estrellas", compendiando las etapas anteriores y anticipando, ya definidas, las que están por llegar.

Todos estos pueblos y ciudades, la historia, los monumentos, el espíritu jacobeo que impregna nuestras tierras y el alma de los riojanos; todo ello hace de La Rioja uno de los hitos fundamentales del Camino.

No es de extrañar, por tanto, que haya sido en Logroño, en nuestra capital, donde han confluido este año los bordones europeos procedentes de Italia, de Suiza, de Alemania, de Gran Bretaña y de Francia. Bordones que se unieron a los llegados del sur de España para alcanzar, todos juntos, Santiago de Compostela en una escenografía que representa la unidad de Europa.

La Europa unida en torno a los valores de amistad, de concordia y de progreso que, desde hace más de mil años, han ido forjando los peregrinos en su lento caminar y sobre los que se ha cimentado la Europa comunitaria; una Europa policultural y mestiza; una Europa tolerante y de convivencia; una Europa que quiere ser ejemplo para el resto de los pueblos del mundo, fomentando la paz, el progreso y la amistad.

Por ello, el Emperador Carlos I definió el Camino de Santiago como la "Calle Mayor de Europa", calle por la que transitan desde hace más de mil años mercancías, conocimientos, culturas y lenguas. Pero esta definición no agota todos los significados de esta ruta. Porque no sólo existe un Camino, sino tantos como peregrinos lo recorren. Porque el Camino no sólo es un trayecto físico, sino una metáfora de la vida misma que uno transita para encontrarse consigo mismo y con sus semejantes; para hallar el alma humana, lo más limpio y puro del alma humana.

Con ese convencimiento, les invito a que recorran el Camino, a que lleguen a La Rioja. A que conozcan La Rioja, porque, conociéndola, estoy seguro de que ustedes mismos se conocerán más y mejor. Conocerán más y mejor la historia de Europa (de la cual brota nuestra identidad), su presente y, sobre todo, el futuro de una Europa que se escribe día a día en el Camino, en La Rioja, en esta tierra donde los peregrinos dejan lo mejor de sí mismos y recogen lo mejor de los riojanos, como durante siglos ha sido.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA