26 de noviembre de 1999

Cuando empecé a escribir este discurso se me vino a la cabeza instantáneamente una palabra, una sola palabra: gracias. Resume a la perfección todo lo que hoy quiero deciros. Como Consejero de Educación, y en representación de toda la sociedad riojana, no puedo sino daros las gracias por todo el trabajo que habéis llevado a cabo durante todos estos años. Hoy, en este acto, queremos que os sintáis arropados y queridos por todos los riojanos y riojanas.

Al mismo tiempo, quiero desde aquí hacer un llamamiento muy especial para que se reconozca y valore la labor que todos los docentes realizan día tras día. La sociedad acostumbra a demandar constantemente a la escuela que solucione muchos problemas que tienen su origen y sus causas, la mayoría de las veces, fuera de la institución escolar. Pero esa misma sociedad suele ser parca en el reconocimiento de la labor que la escuela realiza.

En los medios de comunicación, son frecuentes las noticias sobre estadísticas de fracaso escolar, situaciones de violencia física en las aulas, aumento de las depresiones de los profesores, situaciones de conflicto, despidos y juicios contra los docentes, edificios en ruina, etc, etc.

Se habla de lo crítico, de lo excepcional, pero apenas se hace referencia al trabajo que todos vosotros lleváis a cabo diariamente. Frente a este estereotipo, frente a este cúmulo de malas noticias, debemos pedir a la sociedad una valoración más justa del trabajo de los profesores. Y no me refiero exclusivamente al aspecto retributivo, sino sobre todo a la consideración social del trabajo que el profesor desempeña. Todos, las autoridades educativas, los medios de comunicación, los padres y los grupos políticos y sindicales, tenemos que comenzar a valorar las dificultades del trabajo de los profesores en la nueva enseñanza. Es más importante que nunca reivindicar la imagen del profesor y devolverles el orgullo de una profesión imprescindible, que por su caracter de cotidiana corre el riesgo de pasar inadvertida y de ser injustamente valorada.

Hoy estamos aquí porque queremos que esto no pase. Porque queremos reconocer vuestra labor, porque queremos daros las gracias por haber puesto los cimientos de la sociedad que disfrutamos hoy día. Con vuestra dedicación, con vuestro tesón, con vuestro entusiasmo, habéis contribuido a hacer de La Rioja una tierra comprometida con la cultura y con los valores.

Cuando hace un siglo nuestros antepasados se encontraban en el umbral del que ahora termina lo hacían con la esperanza de que alcanzarían un pleno bienestar, tanto en el plano social como en el plano moral. Vamos a despedir el siglo y no podemos olvidar algo que muchos de vosotros habéis vivido muy de cerca. En este siglo XX que ahora termina, junto al desarrollo de los derechos humanos y al crecimiento de las democracias, la Humanidad se nos despide con dos guerras mundiales, infinidad de conflictos, crueldad y millones de víctimas.

Esto nos debe servir para aprender de los errores cometidos y para saber que, muchas veces, no bastan los buenos deseos para el desarrollo de los pueblos. La educación es y debe ser el pilar fundamental sobre el que la sociedad debe apoyarse si quiere un mundo más justo, más libre y más solidario. La función que desempeñan los docentes, la función que todos vosotros habéis desempeñado en tantos años de profesión, son el mejor camino para erradicar tanto odio y tanta violencia. Por eso es tan importante vuestra labor, aunque muchas veces la sociedad no sepa o no quiera reconocerlo.

Como Consejero de Educación estoy también muy satisfecho de cómo habéis sabido auparos a los cambios que nos ha impuesto la actualidad. Soy plenamente consciente de que no os habéis dejado amilanar por los problemas que han ido surgiendo. Habéis sido capaces de adaptaros a las nuevas necesidades y a las nuevas exigencias de la sociedad actual, en constante proceso de transformación. En los últimos años, habéis tenido que convivir con la implantación de las nuevas tecnologías y de los nuevos métodos pedagógicos. Y no os habéis echado atrás, a pesar de que en muchos de vosotros surgiera una pizca de melancolía ante el recuerdo de un modelo de enseñanza que hoy va desapareciendo.

Para muchos de vosotros, ir a clase es ir a hablar, a escuchar, a enseñar de viva voz y con la ayuda de una vieja pizarra lo que hoy día muchos ordenadores enseñan con imagen y con multitud de sonidos. La sociedad actual está fascinada por las nuevas tecnologías. Pero vosotros habéis enseñado a muchas generaciones el placer de leer, el placer de descubrir en los libros mundos lejanos y fascinantes, mucho más fascinantes quizás que esos mundos cibernéticos actuales en los que se recrean nuestros jóvenes. Ojalá sepamos preservar para el futuro ese gusto por la lectura y por el diálogo que habéis inculcado a vuestros alumnos.

Hoy han cambiado mucho las cosas. Muchos de vosotros, quizá todos, tendréis nietos a los que contar historias. Pues contadles por favor lo duro que era vuestro trabajo hace unos cuantos años. La escasez de medios que teníais pero la tremenda ilusión con la que enseñábais. Lo difícil que era mantener la atención de clases abarrotadas, muchas de ellas formadas por niños con problemas familiares y sociales, con niños que salían apresuradamente de clase porque tenían que ayudar en el trabajo a sus padres. Que nadie se olvide nunca de que vuestro trabajo, a pesar de su importancia, ha tenido que convivir con la escasez y con la incomprensión. Gracias a Dios hoy ya no se oye aquello de "pasas más hambre que un maestro de escuela", pero a pesar de que se hayan ganado batallas en el terreno laboral, aún quedan muchas más por ganar en el terreno del reconocimiento social.

Os deseo todo lo mejor para esta etapa de la vida que hoy comenzáis. Sé que, a pesar de todo, de problemas, de quejas, de niños gritando, de padres malhumorados, echaréis de menos el aula, el contacto diario con ese mundo al que habéis dedicado toda vuestra vida. Nosotros también os vamos a echar de menos, pero vamos a luchar con toda nuestra fuerza para que vuestro legado se conserve y, más aún, se acreciente en el futuro.

Muchas gracias.

Luis Alegre Galilea - Consejero de Educación, Cultura, Juventud y Deportes