12 de julio de 2006

Familiares de Miguel Ángel Blanco y miembros de la Fundación Miguel Ángel Blanco,

Representantes del Ejército y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado,

Autoridades,

Señoras y Señores:

La Rioja se enorgullece de acoger el acto de entrega del IX Premio a la Convivencia Miguel Ángel Blanco, concedido con toda justicia a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y a los miembros del Ejército.

Se enorgullece porque los riojanos, vecinos del País Vasco y víctimas del odio terrorista con dolorosa frecuencia, sentimos el asesinato de Miguel Ángel como la muerte de uno de los nuestros, de un ser querido.

Habíamos seguido con el alma encogida el desenlace de ese secuestro, con la vana esperanza de lo imposible.

Fue un asesinato cronometrado, pesando en nuestro ánimo cada segundo como si fuera una daga lacerante.

Y el día triste en que se supo la noticia que todos nos resistíamos a aceptar, hoy hace justamente 9 años, los riojanos, con todos los españoles de bien, con todos los vascos de bien, nos echamos a las calles, con la rabia contenida y las lágrimas a flor de piel.

Dije entonces que "aquel día se operó una revolución, en la que desgraciadamente hubo un mártir: Miguel Ángel". Una revolución porque se rompieron los miedos que nos atenazaban, porque se acabaron los silencios cómplices, porque se ganó la calle a los terroristas y porque nuestras manos blancas representaban la unidad de todos contra la dictadura terrorista y su imposición totalitaria.

Con el asesinato de Miguel Ángel, los terroristas de ETA consiguieron justo lo contrario de lo que buscaban: el reloj, ese reloj que pusieron en marcha en una macabra cuenta atrás, marcó el inicio de su fin. Un fin que deseamos esté cercano y que haga justicia a tanto dolor y sufrimiento, a tanta sangre derramada, a tanto desprecio por la vida, por las libertades, por la convivencia y por la paz.

Hoy el orgullo de los riojanos se acrecienta al saber que la memoria de Miguel Ángel está viva, así como la de las demás víctimas del terrorismo, gracias a la ejemplar labor de la Fundación que lleva su nombre. Una Fundación que promueve los principios de paz, solidaridad y convivencia democrática, impulsando el respeto y la protección de los valores superiores de la dignidad humana, la libertad, la igualdad, la justicia, el pluralismo y la solidaridad, sin los cuales no es posible una sociedad democrática.

Son valores que los terroristas desprecian y que los españoles hemos preservado sin importar el precio, ofreciendo incluso nuestra propia vida en ese afán. Buen ejemplo de ello son las personas que hoy ven reconocida su aportación a la causa democrática: los representantes del Ejército y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que han visto perder la vida a 511 compañeros a manos de los terroristas.

Se puede hablar de un genocidio. Y no sólo por el número de víctimas, sino por la naturaleza común de todas ellas: por su naturaleza de demócratas y de firmes defensores de la justicia y la libertad en convivencia.

Todos ellos merecen nuestro aplauso. Nuestro aplauso porque nunca han desfallecido, porque nunca han caído en el desánimo. Ni siquiera cuando, como bien ha recordado Fernando Lázaro, los féretros de sus compañeros eran sacados por las puertas traseras de las iglesias del País Vasco, casi a escondidas, lo que les convierte en las víctimas más olvidadas de nuestra Democracia.

El acto de hoy es un acto de reparación contra ese olvido. Un acto para reconocer su impagable aportación a nuestra Democracia.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco supuso justamente la cuenta atrás para ETA porque dejó bien claro quién estaba a un lado y al otro, quién luchaba por la vida en libertad y quién se ofuscaba en la muerte para imponer su dictadura del terror.

Desde entonces se supo, quien se resistía todavía a enterarse de ello, que el Ejército y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado eran una garantía de nuestra convivencia democrática.

Su fortaleza ha sido la debilidad de los terroristas. Junto a la acción de la Justicia, han acorralado a ETA hasta conseguir su debilitamiento terminal, hasta colocar a los terroristas donde tienen que estar: en la cárcel, penando por sus crímenes, como los asesinos materiales de Miguel Ángel Blanco, recientemente sentenciados.

Alguien dijo que "para que los partidarios de la tiranía se tornen amigos de la libertad no hay como encarcelarlos". Y es ahí, en la cárcel, donde los terroristas de ETA tienen que reflexionar sobre el valor de todo lo que pretenden destruir.

Hoy, gracias a la acción de la Justicia, a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, a la unidad de los demócratas, ETA se encuentra en franca decadencia y sin ningún tipo de legitimidad. Y por eso, aferrada al reloj que puso en marcha con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, pide una prórroga. Una prórroga con apariencia de tregua para dialogar.

¿Pero qué tienen que dialogar los que nunca han creído en el diálogo, los que siempre lo han despreciado? ¿Pero qué tienen que dialogar los que no se arrepienten?

Los terroristas de ETA piden una tregua porque quieren ganar tiempo al tiempo, pero es imposible concedérsela porque el tiempo de ETA ya se ha acabado. Porque ahora es el tiempo de que prevalezcan los valores democráticos por los que las víctimas entregaron sus vidas. Porque ahora es el tiempo de la paz y de la libertad sin condiciones. Porque ya es hora de que callen las armas para siempre.

Hoy no es tiempo ni de cesiones ni de concesiones. Es la hora de poner a cada uno en su sitio y aplicar el Estado de Derecho. Es la hora de recoger el fruto del sacrificio de las víctimas, que es la paz y la libertad, sin precio.

Expreso mi ánimo a los familiares de las víctimas y también mi gratitud a la Fundación Miguel Ángel Blanco por su extraordinaria labor, al igual que el cariño y el afecto de todos los riojanos. Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja