29 de abril de 2004

Excmo. Sr. Conselleiro de Cultura,

Excmas. e Ilmas. Autoridades,

Señoras y Señores:

Sean mis primeras palabras de emocionado agradecimiento a las instituciones y entidades gallegas por la celebración de este Día de La Rioja en el primer Jacobeo del siglo y del milenio.

A mi gratitud se une de la pueblo riojano, que se siente así reconocido como protagonista primordial en el troquelado de esta ruta que, durante siglos, ha solidificado la amistad entre los pueblos y las gentes de España, de Europa y del mundo a partir de los sentimientos más limpios y generosos que de la condición humana puedan emanar.

Llego a Galicia como llegan los piadosos peregrinos: con el equipaje ligero, con la frente serena, con las manos limpias y con el corazón palpitante de deseos de vigorizar el hermanamiento entre Galicia y La Rioja, entre los gallegos y los riojanos, y entre nosotros y todos los caminantes que, antes de acceder al anhelado Pórtico de la Gloria, liban en nuestra tierra esas virtudes que polinizan sus pasos sucesivos, pasos de ida y de vuelta cuyo eco resuena en el orbe entero, para enseñanza del común de las gentes.

Así como los antiguos romeros, según nos relata la tradición, acarreaban piedras con las que moldear la catedral compostelana, yo llego a Santiago con los atributos que nos identifican como tierra jacobea: acompañado de la memoria de Gotescalco, el primer peregrino del que se guarda constancia escrita; y de la de Santo Domingo de la Calzada, protector de peregrinos. Traigo leyendas vinculadas al espíritu del Camino, como la que nos presenta a Santiago a lomos de un caballo blanco en Clavijo; y milagros como el del gallo y la gallina. Conmigo viene también la impronta ilustrada que la cultura europea diseminó en el solar riojano, y ese idioma que germinó en nuestros monasterios como instrumento de entendimiento y de futuro para la comunidad hispanohablante.

Aquí, en esta fértil tierra gallega, como recuerdo de este Día de La Rioja, queda plantado este árbol que trata de ser una metáfora de lo que el camino simboliza, con esas ramas diversas que confluyen en un mismo tronco y en esas raíces que alimentan nuestra conciencia común de seres humanos.

Cada rama, más que un camino de diferente procedencia, representa un valor distinto.

Valores como el de la amistad, el de la cultura, el de la razón, el de la generosidad…. Y el de la paz, una paz ahora más necesaria que nunca.

La elección del árbol no ha sido arbitraria. Se trata de un tejo. Un árbol mítico. Una especie que se caracteriza por conservar siempre sus hojas verdes, como si siempre fuera primavera, como si siempre hubiera motivo para la esperanza y para la fe en la raza humana y en la paz. Estoy convencido de que las seguras lluvias gallegas y que la tierra jacobea, tierra de miles de caminos, contribuirán a que este tejo crezca vigoroso y lozano.

Muchas gracias.

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Señor Santiago:

En nombre de los riojanos, de esas mujeres y hombres que han ahormado su alma en el recipiente de la fraternidad, me dirijo a Ti para solicitar tu protección y para implorar que nos ilumines con tu prodigiosa luz para que la paz, esa paz tan necesaria, brille en el mundo entero.

En este Año Santo Jacobeo, el primero del Milenio, traigo, en nombre de los riojanos, el desgarro y el sufrimiento, el corazón herido y las lágrimas recientes, por los hermanos que perdieron su vida en Madrid, pero también la anhelante esperanza de que, mediante Tu intercesión y bondad, los valores de concordia que el Camino simboliza han de prevalecer sobre todos los demás.

Valores que han ido acuñando desde antiguo los peregrinos, paso a paso, golpe a golpe, en ese trayecto interior hacia el alma humana que es el Camino para depositarlos a Tus pies y para cimentar sobre ellos lo que es la conciencia común de Europa y ese espacio de convivencia y de integración en el cual nos reconocemos.

Hoy más que nunca, en Tu morada brilla la llama de la esperanza y de la fe en el futuro. Una llama que, durante siglos, los peregrinos han ido avivando con sus mejores promesas y con los frutos que han ido recolectando por las tierras por las que fluye el Camino, y que señalan a La Rioja como una Comunidad abundante y fértil. Fértil por su disposición a la generosidad y al encuentro. Fértil por su hospitalidad y por la bondad de los riojanos. Y fértil por haber incorporado al Camino, para que siguiera su curso expansivo y enriquecedor, el español de los monasterios de San Millán de la Cogolla, ese idioma que nació impregnado de aspiraciones de convivencia y de progreso y que, al llegar aquí, a Galicia, no halló, como se profetizaba, el fin del mundo, sino un puente para estrechar lazos de amistad con los que ahora son nuestros hermanos de América.

Hoy, ante Tu presencia, me acompañan las grandezas de nuestro idioma y las grandezas de La Rioja, de una tierra que se siente profundamente jacobea, con templos levantados bajo tu advocación, con festividades en Tu honor, y con leyendas y milagros que han forjado el espíritu de ese torrente de espiritualidad, de cultura y de ciencia que es el Camino de Santiago.

Guiado por una luz interior, llego, como un viajero de lo sagrado, ante Tu presencia, y conmigo todos los riojanos, para decirte que tenemos fe plena en el ser humano, en las mujeres y hombres de todo el mundo, en esos hijos de la Ruta Jacobea y de las enseñanzas de esta Ruta, en esas personas que ahora iniciamos otro camino, el camino del siglo XXI. Un camino que, con el amparo que ahora Te solicito, estoy seguro de que va a estar iluminado por la luz de la razón, de la paz y de la amistad entre los pueblos.

Señor Santiago, a vuestra protección nos confiamos.

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Excmo. Sr. Presidente de la Xunta de Galicia,

Excmas. e Ilmas. Autoridades,

Señoras y Señores:

Los riojanos nos sentimos hoy enormemente honrados con la celebración del Día de La Rioja en el Xacobeo 2004, y así se lo queremos testimoniar a su Presidente, con el deseo de que la amistad entre ambos pueblos sirva de ejemplo a los miles de peregrinos que, procedentes de lugares remotos, se postran diariamente ante la imagen del Santo para susurrarle sus secretos y para obtener su indulgencia.

Me gustaría que el árbol que esta misma mañana hemos plantado, un tejo de verdor perenne, simbolice nuestra permanente aspiración de que la paz y la concordia se extiendan por el mundo, iluminando a las generaciones presentes y futuras como una garantía de encuentro, de convivencia, de progreso compartido y de confianza en el ser humano.

En esencia, ese es el objetivo que el Camino de Santiago secularmente persigue y promueve, un objetivo que se ve estimulado con este Xacobeo que durante este año celebramos y al que las tierras del Camino nos hemos adherido con la pasión de la esperanza.

Porque la Ruta Jacobea, más que el cordón umbilical que une las regiones continentales y ultramarinas, más que un flujo por el que fluyen conocimientos, culturas y mercancías, más que la más sólida piedra fundacional de la Europa comunitaria, es una metáfora de la vida misma que uno transita para encontrarse a sí mismo y a sus semejantes.

Todos somos romeros, mas "(…) la nuestra romería entonz la acabamos quando a Paraíso las almas enviamos". Son palabras, versos, del riojano Gonzalo de Berceo, el primer poeta en lengua española, en esa lengua que nació en los monasterios de San Millán de la Cogolla y que los riojanos incorporamos al Camino para que recorriera éstas y otras tierras, las españolas y las americanas, portando en sus palabras el germen de la civilización y del hermanamiento.

Paraíso decía Gonzalo de Berceo. Y tal cosa debe de ser esta ciudad y esta catedral que se levanta ante nuestros ojos y que se anuncia, para el caminante, con nombres tan jubilosos como Monte del Gozo, Pórtico de la Gloria y Campo de la Estrella, según una de las interpretaciones etimológicas de la palabra Compostela.

Y si no un Paraíso, por no abandonar la esfera terrenal, sí algo muy similar: crisol de culturas en la Edad Media; fuente de identidad colectiva; y ahora mismo, en estos inicios de siglo y de milenio, faro de una conciencia colectiva que habla de amistad, de paz y de convivencia, valores que los peregrinos recogen a los pies del sepulcro y retornan con ellos, compañeros de la concha, del bordón, del zurrón y de la calabaza, a sus lugares de origen para divulgarlos entre sus paisanos.

Hoy La Rioja ha llegado a Galicia sabiendo que aquí no se acaba el mundo, como se creía antaño, sino que es aquí, al final del Camino, donde echa a andar un nuevo siglo, un siglo que los riojanos y los gallegos anhelamos esté guiado por las virtudes que la Ruta Jacobea atesora, alimenta y difunde desde fechas ancestrales. Virtudes que no son sino resultado del ejercicio del peregrino por mirarse en sus interior, en lo más profundo de su ser, en lo mejor y más auténtico de su alma, del alma humana.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA