17 de enero de 2003

Catania, 17 de enero de 2003

Señor Presidente de Sicilia,

Señor Alcalde de Catania,

Señor Consejero de Agricultura de Sicilia,

Señora Eurodiputada,

Sr. Presidente del CEPV,

Estimados representantes de las regiones:

Quiero comenzar ésta mi primera intervención en este Consejo Internacional agradeciéndoles su magnífica respuesta a la convocatoria de este encuentro y su generosa disposición a contribuir al enriquecimiento de nuestros debates con sus imprescindibles aportaciones.

Debates que se desarrollan en una región de indudable belleza, Sicilia, a cuyos representantes agradezco profundamente la generosa y cordial acogida que nos han dispensado. Asimismo, deseo transmitirles la expectación que hemos percibido entre las regiones por la celebración de este Consejo en su región. Expectación que está plenamente justificada por los indudables atractivos de esta tierra.

Sicilia, Trinacia, la isla de las tres puntas como la denominaban los griegos, es un lugar fascinante. Poder de fascinación que deriva de su compleja historia, de su dramática naturaleza, de su carácter mítico. Poder de fascinación que ya desde la Antigüedad atrajo a todos los pueblos mediterráneos, empezando por los griegos, quienes os trajeron las primeras cepas, cepas que continúan plantadas bajo los nombres de Malvasía, Greco y Moscato. Y es que nos encontramos en el portal de la viticultura de Europa; una tierra cuyos vinos fueron elogiados por los poetas desde Horacio a Virgilio.

Una tierra que ha sabido aglutinar el legado recibido de los pueblos y las culturas que se han ido sucediendo a lo largo de su historia (fenicios, griegos, romanos, bizantinos, árabes, españoles, austríacos), enriqueciéndose con las aportaciones de cada uno de ellos.

Por eso nos identificamos con esta tierra: porque este mismo espíritu aglutinador y, al mismo tiempo, respetuoso de la diversidad, es el que anima los trabajos de la AREV. Nosotros somos el reflejo de la diversidad de la viticultura europea. Las realidades vitivinícolas varían no sólo de un Estado a otro, sino también de una región a otra, e incluso entre las diferentes zonas de una misma región, como ocurre aquí, en Sicilia, donde conviven 19 denominaciones de origen, cada una de ellas produciendo vinos muy distintos entre sí, vinos tintos, vinos blancos y dulces.

Una de las manifestaciones de esta diversidad es el vínculo entre el vino y su lugar de origen. Vínculo entre el vino y la tierra. Vínculo al que nosotros, las regiones vitícolas europeas, concedemos una excepcional importancia.

Valoramos la influencia que las características de la tierra ejercen sobre el vino; porque conocemos, por la experiencia acumulada durante siglos, que el suelo, la orografía, el clima de un enclave concreto van a determinar la personalidad, la calidad, la singularidad del vino que se obtenga de los viñedos en él plantados.

Valoramos las prácticas enológicas tradicionales de cada región, que no interfieren y respetan ese vínculo entre el vino y la tierra; porque esa misma experiencia nos enseña que en la elaboración del vino hemos de respetar el influjo de la tierra, para que éste conserve su origen, sus señas de identidad.

Por todo ello, como tendremos ocasión de debatir, apoyamos y animamos a la Unión Europea a defender nuestras Denominaciones e Indicaciones Geográficas en el marco de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio, ya que ellas no son sino el reflejo de ese maridaje entre el vino y la tierra.

Ahora bien, he hablado de la diversidad vitivinícola europea, pero también del espíritu aglutinador que caracteriza a Sicilia y a la AREV. Y es que una de las razones de ser de nuestra organización, una de las características de nuestro trabajo, es el consenso. El consenso entre todas las regiones vitícolas europeas. Consenso que nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, porque nos otorga la fuerza moral necesaria para exponer y defender nuestras posiciones.

Recientemente, este mismo año, hemos tenido ocasión de demostrarlo con motivo de la fiscalidad del vino. El trabajo conjunto de todas las regiones, la movilización generalizada de todos los actores del sector vitivinícola, ha sido determinante en el rechazo por parte del Colegio de Comisarios a la propuesta inicial de reforma presentada por el Comisario Bolkenstein.

Por ello quiero aprovechar esta ocasión para agradecerles personalmente todos los esfuerzos realizados, todas las acciones emprendidas desde todas y cada una de las regiones que integran la AREV para concienciar a los respectivos Gobiernos nacionales, a los parlamentarios europeos y a los Comisarios de los importantes perjuicios que para la economía de nuestras regiones se derivarían de la imposición de una tasa efectiva positiva para el vino.

En especial, quiero agradecer el trabajo, la celeridad y disposición de los miembros de la Comisión de fiscalidad que se constituyó en nuestra última Asamblea Plenaria celebrada en Pécs y que ha de continuar trabajando, ya que precisamente la semana pasada el Dr. Muth y nuestro Secretario General conocieron, a través del Sr. Raponi, la intención del Comisario Bolkenstein de proponer una tasa mínima para el vino. Por lo tanto, hemos de remitir un nuevo informe cuantificando exactamente la repercusión económica de esta nueva propuesta. Propongo seguir el mismo esquema de actuación que utilizamos en el mes de junio pasado, ya que esta actuación constituye el modelo de trabajo a seguir en el desarrollo de nuestra actividad.

Actividad que, dada la coyuntura actual de la política agraria comunitaria, adquiere una particular relevancia. Y es que la Cumbre europea de Bruselas, celebrada los pasados días 24 y 25 de octubre, constituye un hito para la agricultura europea. Y ello porque, de una parte, se dejó expedito el camino de la ampliación europea estableciendo una verdadera política agraria común en toda la Unión Europea, igual para todos los Estados Miembros, sean éstos 15 ó 25. Una ampliación que, como veníamos abogando desde la AREV, va a realizarse de manera prudente y coherente porque, por otra parte, la misma Cumbre de Bruselas ha determinado un amplio horizonte de estabilidad presupuestaria en el sector agrario europeo, hasta el año 2013.

Por ello, el hecho de que este Consejo Internacional, previsto inicialmente para noviembre de 2002, se haya visto aplazado por causas de fuerza mayor (la erupción del Etna y los movimientos sísmicos posteriores) nos ha favorecido al permitirnos tener una perspectiva más clara del futuro de la Política Agraria Comunitaria.

Sin embargo, y pese a que se haya despejado el horizonte presupuestario, seguimos atravesando una etapa caracterizada por la incertidumbre. Incertidumbre porque este nuevo marco financiero ha obligado al Comisario Fischler a modificar su propuesta de revisión a medio camino de la PAC, anunciando nuevas propuestas legislativas concretas que, por el momento, desconocemos. Incertidumbre, porque las próximas negociaciones de la Organización Mundial del Comercio van a influir en el modelo de apoyo a la agricultura comunitaria. Incertidumbre, por el anuncio de la reforma de las OCM mediterráneas y, en especial, la OCM del vino.

Es precisamente en estos momentos de cambios, de reformas, cuando todos debemos realizar un importante esfuerzo de consenso con el fin de encontrar los puntos de unión. Sólo así conseguiremos definir el modelo vitivinícola que consideramos más adecuado y que la AREV sea tenida en cuenta como interlocutor en el futuro proceso de reforma de la OCM.

Para ello, y como bien señala el Dr. Muth, hemos de intensificar las reuniones del Bureau al objeto de consensuar la postura de la AREV en este momento trascendental. Entiendo que el instrumento más adecuado es la creación de una Comisión de trabajo restringida que sintetice las reiteradas demandas realizadas por la AREV en sus resoluciones en un único documento del que se dará traslado a las instituciones comunitarias.

Documento en el que se valoren los actuales instrumentos de la OCM y se incorporen aquellas propuestas de mejoras que puedan ser determinantes para configurar una política vitivinícola de apoyo a las regiones y que constituya nuestro Plan Estratégico de defensa de la vitivinicultura europea.

Sólo así conseguiremos trasladar a las instancias de decisión comunitarias nuestras opiniones, nuestros anhelos, nuestras preocupaciones.

Opiniones, anhelos y preocupaciones que son los de nuestros viticultores, nuestros productores, nuestros comercializadores, porque somos nosotros, las regiones europeas, las que, por efecto de la inmediatez, tenemos conocimiento privilegiado de la realidad del sector, de las consecuencias prácticas de toda medida que afecte al sensible y complejo mundo del vino.

Complejo porque evoluciona vertiginosamente. En los últimos años estamos presenciando cómo el sector vitivinícola europeo, sin dejar de ser el principal productor y exportador mundial, va perdiendo cuota de mercado tanto en el seno de la Unión Europea como en el exterior.

Por ello, debemos analizar cuáles son los mecanismos adecuados para perfeccionar la política vitivinícola europea, de tal manera que consigamos atender las demandas de los consumidores sin renunciar al principio fundamental de la nuestra viticultura: la calidad.

En ningún caso se puede desaprovechar la oportunidad que nos brinda la reforma de la OCM anunciada por la Comisión, para lograr que se incorporen a la misma medidas y actuaciones que permitan que los consumidores perciban y aprecien esta calidad que es nuestro signo distintivo. En definitiva, que se valoricen nuestros vinos como único medio de reacción posible ante los denominados vinos del Nuevo Mundo.

Debemos, por tanto, ser imaginativos y encontrar el modo de que la calidad de nuestras producciones, garantizada con los mecanismos de control de producción y con la reestructuración, se traslade al ámbito de la comercialización, con verdaderas ayudas a la promoción.

En definitiva, debemos actuar sobre los dos ejes del mercado: la oferta y la demanda.

Sobre la oferta, mejorando la calidad a través de la reestructuración y la reconversión, las nuevas plantaciones y la limitación de la producción. Buscando el equilibrio con la demanda a través de los mecanismos de mercado, la profesionalización de las relaciones interprofesionales y la investigación e innovación.

Sobre la demanda, con la defensa de las Denominaciones e Indicaciones Geográficas en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, mediante planes viables de promoción del vino tanto en el interior de la Unión Europea como en el exterior y reforzando los canales de comercialización de los vinos europeos.

Y todo ello en el contexto de la reforma de la Política Agraria Comunitaria, potenciando las políticas de incorporación de jóvenes viticultores, de mejoras estructurales y de ayudas a las industrias vitícolas.

Precisamente, uno de los más efectivos instrumentos de promoción de nuestros vinos, y de la concepción que de ellos tenemos como alimento natural ligado a la tierra y a los hombres que lo producen, es el Enoturismo. Durante estos últimos meses, como tendremos oportunidad de conocer, han proliferado diversas iniciativas de desarrollo del Enoturismo en el ámbito de los programas INTERREG.

Esta proliferación de iniciativas no es sino una muestra del interés de las regiones europeas por explotar, óptima y racionalmente, este motor del desarrollo económico de nuestras regiones.

Ahora bien, hasta el momento son iniciativas supraregionales, que engloban a determinadas regiones de algunos Estados de la Unión Europea, pero que no alcanzan a la totalidad del territorio europeo. Personalmente creo que la labor de la AREV ha de ser la de convertirse en la principal herramienta de difusión y coordinación de los distintos programas enoturísticos, de manera que nos podamos beneficiar de las experiencias y de las ideas; que nos podamos beneficiar, en definitiva, de las sinergias que se derivan de las estrategias de desarrollo del turismo del vino que la mayoría de nosotros estamos implantando en nuestros respectivos ámbitos.

Por ello, la sesión temática de este Consejo Internacional versa sobre las estrategias políticas de promoción del enoturismo. Nada más apropiado, porque estamos en una región que ha sido pionera en el desenvolvimiento y regulación de las Rutas del Vino. Efectivamente, cuando los movimientos europeos sobre turismo del vino comenzaban a tomar forma, Sicilia lideró el proyecto europeo Dyonisos, que congregó a un importante número de regiones con el objetivo común de salvaguardar y explotar el patrimonio natural, cultural y medioambiental unido al cultivo de la vid. Proyecto que se materializó en la creación de 7 Rutas del Vino bajo los auspicios del Instituto Regional de la Viña y el Vino de Sicilia y que, en el pasado mes de agosto, ha dado lugar a la promulgación de la ley siciliana que codifica sus rutas del vino.

Y es que esta región es consciente de que el turismo vitivinícola es un factor esencial del desarrollo rural, una de las más eficaces herramientas para lograr la fijación de la población rural y para implicar a la misma en la conservación y protección de los recursos naturales y culturales.

Recursos naturales y culturales que aquí en Sicilia cobran unas dimensiones espectaculares. Nos encontramos en Catania, a los pies del Etna, el mayor volcán de Europa, cuya majestuosidad y permanente actividad es fuente de sentimientos encontrados: admiración y temor. Admiración que nace del reconocimiento y agradecimiento de su innegable atractivo turístico y la increíble fertilidad de sus laderas volcánicas, ideales para el cultivo de la vid. Y temor porque los vecinos de esta región han sufrido en múltiples ocasiones los efectos devastadores del despertar de la "montaña de las montañas".

Pero la tenacidad de sus gentes ha permitido vencer una y otra vez las adversidades, haciendo que la provincia de Catania sea un claro ejemplo de la decidida apuesta por la calidad hacia la que se ha orientado la moderna viticultura siciliana, viticultura que encaja con lo que en la AREV hemos dado en llamar viticultura en zonas difíciles.

2002 ha sido el Año de las Montañas y ello ha servido para que la Unión Europea haya tomado conciencia de la importancia que tiene la conservación de los modos y medios de vida de los pueblos de montaña. La AREV ya era consciente de ello, por eso venía colaborando con el CERVIM para preservar y valorizar la viticultura de montaña, concepto que ampliamos posteriormente al sustituirlo por el de viticultura en zonas difíciles, el cual comprende la viticultura de todas aquellas zonas en las que sus condiciones orográficas o climáticas determinan la existencia de importantes hándicaps en el cultivo de la vid.

El trabajo en este ámbito ha sido especialmente intenso y hoy se presentará el proyecto de documento a remitir a la Comisión Europea con las propuestas de la AREV para que la especificidad de este tipo de viticultura tenga su reflejo en la normativa comunitaria.

Como ven, tenemos por delante un apretado programa de trabajo. Por ello, queridos colegas, ha llegado el momento de comenzar a definir, todos juntos, el modelo de la viticultura europea, el modelo de la viticultura de calidad; pero no sin antes reiterarles, querido Presidente, querido Consejero, querido Alcalde, en nombre de todas las regiones que formamos la AREV, nuestro más profundo agradecimiento por su cálida y amable acogida, así como por el esmero con que han organizado estas jornadas que nos permitirán convivir durante unos días en esta bellísima región.

Muchas gracias.

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PEDRO SANZ ALONSO - PRESIDENTE DE LA AREV