9 de junio de 2003

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades,

Galardonados con la Medalla de La Rioja,

Riojanas y riojanos:

Hoy es el Día de La Rioja.

La Rioja entera está de fiesta, sus pueblos, sus ciudades y sus gentes. Está de fiesta institucional y popular. De fiesta sentida y vivida desde lo más profundo de nuestra alma de pueblo enamorado de lo suyo, de sus símbolos, de sus ritos y de tradiciones que, como la de hoy, mejor definen nuestro ser singular e individual como pueblo soberano.

Como cada 9 de junio, los riojanos de los siete valles y de las nueve cabeceras de comarca, del campo y de la ciudad, riojanos de corazón ancho y de sentimientos limpios y generosos, aunamos nuestra alegría en un fervor aglutinador para mostrar nuestro legítimo orgullo de ser riojanos.

De pertenecer y de trabajar para esta tierra privilegiada, rica, asombrosa y noble que encuentra en San Millán de la Cogolla, donde ahora nos hallamos, su esencia y su ser más íntimo y verdadero, una esencia y un ser que son conocidos y reconocidos más allá de nuestras fronteras por estar estrechamente ligados a creaciones del tamaño de nuestra lengua castellana.

Hoy, día de La Rioja, los riojanos nos agrupamos a los pies de la pila bautismal de nuestro Estatuto de Autonomía, de ese Estatuto que se apellida "de San Millán" en honor a esta villa y a estos monasterios Patrimonio de la Humanidad.

Nos reunimos al cobijo de la venerable y sagrada sillería del monasterio de Yuso, símbolo y semilla de concordia y de universalidad, para proclamar a los cuatro vientos nuestra fe en La Rioja y en los riojanos. Nuestra fe en un proyecto de convivencia y de progreso que nos une por encima de ideologías y de sensibilidades.

Para reconocernos en una identidad común que nos singulariza como un pueblo con peso y con personalidad propia en la realidad política de la España de las Autonomías y en la Europa de las Regiones.

Para exaltar nuestra capacidad de autogobierno.

Para conmemorar, con la solemnidad que merece, la mítica fecha en la que los riojanos, por fin, pudimos ver hecho realidad el sueño, largamente acariciado y reivindicado, de conquistar nuestra propia soberanía de la mano del Estatuto que hoy festejamos.

Una soberanía que hemos ejercido con responsabilidad, con tenacidad y con visión de futuro hasta hacer de La Rioja una Comunidad con voz propia. Una voz prestigiosa y autorizada que resuena, alta y fuerte, en los foros donde están en juego nuestros intereses y nuestro porvenir. En los foros nacionales y europeos. Una voz que resuena, alta y fuerte, en los Centros Riojanos y en los viajes institucionales al exterior.

Es la voz de La Rioja, la voz de los riojanos. Una voz que hoy se convierte en clamor popular en este acto de afirmación regional.

Una voz soberana de la que los riojanos han hecho uso de forma admirable en las pasadas elecciones autonómicas y locales para manifestar que están entusiasmados, como lo refleja su alto grado de participación, con la tarea de seguir creando Comunidad, de seguir creando Región. Para manifestar que apuestan por esta tierra y por el proyecto de futuro que esta tierra simboliza. Para manifestar que están preparados para adentrarse con ilusión en el nuevo tiempo que se abre para La Rioja.

Os felicito por ello y os expreso mi más profunda y sincera gratitud a todos y cada uno de los riojanos, con el convencimiento de que el futuro es nuestro, de que vamos a ganar el futuro para La Rioja. De que, entre todos, vamos a conseguir una Rioja más próspera, más justa y más solidaria. Una Rioja más influyente y universal en esta nueva etapa que se anuncia hoy aquí, en San Millán de la Cogolla, en esta villa en la que brota el manantial de nuestra identidad regional.

En este monasterio donde la idea de nacimiento palpita al evocar el alumbramiento de nuestra lengua y de nuestro Estatuto de Autonomía.

Y donde palpita también la metáfora del camino. Porque toda vida, por su propia esencia, textura y definición, es un camino, un avanzar, un proceso dinámico, un desarrollo continuo y lineal.

Un camino que nuestro Estatuto ha cubierto con paso firme y seguro. Sin vacilar ni dudar, porque la duda no tiene sitio en nuestro diccionario. Porque la duda delata una indefinición que no casa ni con nuestro carácter ni con el temple que hemos heredado de nuestros padres y abuelos cuando nos legaron este extraordinario patrimonio que llamamos La Rioja y que nosotros dejaremos en manos de las nuevas generaciones de riojanos.

Hoy, en San Millán de la Cogolla, en el Día de La Rioja, damos un nuevo paso en este camino colectivo.

Mucho, y muy intenso, ha sido el trayecto recorrido hasta ahora, pero mayor es el que nos aguarda en el futuro.

Por ello os convoco a un nuevo impulso.

Un nuevo impulso que se añadirá a los sucesivos impulsos que hemos dado a La Rioja en estos 21 años de andadura y que nos han permitido avanzar sin complejos hacia el horizonte que nos habíamos trazado, superando etapas, rebasando fronteras y derribando cuantos muros y agravios se interponían en nuestro deseo de equipararnos al resto de las Comunidades españolas.

Hoy, al final de este primer tramo, de este primer ciclo, La Rioja está en pie de igualdad en España y en Europa. Ya no caben ni reproches a Madrid ni victimismos frente al País Vasco.

El único hecho difrencial, en la España actual, lo marca la capacidad de cada Comunidad para crecer, para acelerar el ritmo de sus avances.

Nuestros únicos condicionantes ya no son exteriores, sino de naturaleza interior.

Nuestros condicionantes son las limitaciones concretas que podamos presentar, y que hay que vencer. Y nuestro mejor aval para ello es nuestra ilusión, nuestra ambición y nuestra capacidad para crecernos ante los desafíos.

Por tanto, caminemos. Caminemos hacia delante. Caminemos porque el caminante que avanza descubre todos los días nuevas fuerzas que desconocía poseer; descubre nuevos paisajes, nuevos escenarios de modernidad.

Caminemos animados por el principio de solidaridad, uno de los rasgos fundamentales que definen al pueblo riojano, y hagámoslo tomando ejemplo de las personas e instituciones que han hecho de la solidariadad el centro de sus vidas y de sus acciones. Como la Asociación de Donantes de Sangre y la Asociación Española contra el Cáncer, dos entidades a las que los riojanos concedemos este año la Medalla de La Rioja, nuestra máxima distinción institucional, en atención "a la importante labor solidaria y al fomento del voluntariado que llevan a cabo de forma altruista".

Y al mencionar la palabra solidaridad, no me puedo resistir a recordar al pueblo murciano, que hoy, como nosotros, celebra el Día de su Comunidad, y que está atravesando por momentos de especial amargura a consecuencia del accidente ferroviario ocurrido la semana pasada.

Este bello concepto de la solidaridad me lleva también a evocar con cariño y admiración a aquellos riojanos que, por renunciar, renunciaron hasta a su propia tierra para que ésta prosperase, dejando atrás sus pueblos, sus amigos y sus familias con un desgarrador adiós que, en el fondo de sus corazones, ansiaban que fuera sólo un hasta luego.

Me refiero, como todos ustedes saben, a nuestros emigrantes, a esos hijos de la diáspora que han sido ejemplo vivo de honestidad y laboriosidad allá donde el destino los ha llevado, ensanchando las fronteras de La Rioja y sembrando en sus nuevos hogares la semilla de la riojanidad.

Les envío, desde San Millán de la Cogolla, desde el monasterio de Yuso, un saludo muy especial, con la certeza de que ellos, se encuentren donde se encuentren, también están celebrando hoy el Día de La Rioja junto a sus hijos y nietos.

Con el mismo cariño y admiración que a nuestros emigrantes dispersos por el mundo, deseo recordar hoy a los riojanos ilustres que nos han abandonado a lo largo de este último año, abriendo un vacío en nuestros corazones.

Recordarlos en la figura del entrañable Tarsicio Lejárraga, que, desde allá arriba, desde su monasterio de Suso, del que era guardián, divulgó el nombre de San Millán de la Cogolla y de La Rioja al mundo entero.

Y recordarlos igualmente en la persona y en la obra del insigne pensador riojano Angel Martín Municio.

Han querido los caprichos del destino que ambos recibieran la Medalla de La Rioja el mismo año, en 1985, y que también el mismo año, en noviembre de 2002, y con sólo dos días de diferencia, nos dejaran para siempre. Vaya para Tarsicio y para Angel nuestro pensamiento, nuestra admiración y nuestra gratitud.

A ellos y a nuestros emigrantes les debemos mucho de lo que hoy somos. A nosotros nos corresponde engrandecer esta tierra a la que tanto aman y han amado.

Ese es nuestro deber en este nuevo tiempo que se abre para La Rioja. 21 años de Autonomía nos dicen que somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. Y lo somos porque tenemos fe plena en las gentes, en los pueblos y en las ciudades de La Rioja. Porque tenemos fe plena en los riojanos.

Con este sentimiento de orgullo, y con absoluta esperanza en nuestro porvenir, os invito aquí, en San Millán de la Cogolla, en la cuna de la lengua y de nuestro Estatuto, a gritar con una sola voz, con la voz emocionada de ser riojanos, de vivir y de trabajar en esta tierra y para esta tierra: ¡Viva La Rioja!

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA