3 de marzo de 2000

Hace ya tiempo que los países más avanzados de nuestro entorno se dieron cuenta de que la formación profesional es un factor fundamental en el desarrollo, que actúa como motor de la economía y del empleo. Actualmente, uno de los objetivos de estos países se centra en dar forma y materializar la idea del aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Afortunadamente, en estos momentos, en nuestro país nos hemos dado cuanta de que la formación profesional es un elemento clave en el actual escenario socioeconómico (globalización de la economía, nuevas tecnologías y sociedad de la información) y, por ello, la Formación profesional está viviendo, y espero que siga, importantes transformaciones. Es un esfuerzo de todos el crear una auténtica cultura de la formación profesional, y que esté plenamente arraigada en la sociedad en general, pero muy particularmente en los empresarios y en los poderes públicos.

En la década de los 90, sobre todo a raíz de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, se han producido importantes acontecimientos que han favorecido las políticas formativas, las cuales están orientando las líneas de actuación: creación del Consejo General de Formación Profesional, Programa Nacional de Formación Profesional, Comisiones y Consejos Sectoriales, Creación del Instituto Nacional de las Cualificaciones y fundamentalmente el Consejo de Viena de 1998, que continuó la estrategia de empleo iniciada en la Cumbre de Luxemburgo, cuyas directrices han culminado con el Plan Nacional de Acción para el Empleo del Reino de España. Son todos estos acontecimientos los que han impulsado las políticas de formación profesional.

En estos momentos, la gestión de la FP en nuestro país se articula a través de tres subsistemas:

- Formación Profesional Reglada, gestionada por las Administraciones Educativas.

- Formación Profesional Continua, gestionada por las Administraciones Laborales.

- Formación Profesional Ocupacional, gestionada por los agentes sociales.

Es desde el ámbito educativo desde donde debemos hacer un mayor esfuerzo para que la sociedad en general reconozca los esfuerzos que en materia de formación profesional reglada se están llevando a cabo y para que se reconozcan este tipo de estudios como una alternativa útil a los estudios de bachillerato e incluso a los universitarios. Además, a nosotros nos corresponde el liderar el proceso por el cual se produzca una verdadera integración entre los tres subsistemas.

La Formación Profesional Reglada tiene como finalidad que los alumnos alcancen un nivel de cualificación profesional que les permita la realización de actividades profesionales y contribuir a que las personas adultas puedan mejorar su cualificación profesional o adquirir una preparación para el ejercicio de otras profesiones.

Definida así la Formación Profesional Reglada, ésta debe ser el primer referente de un sistema global e integrado. La propia LOGSE nos advierte de la necesidad de coordinar todas las acciones formativas, llegando incluso a advertir de la conveniencia de crear un sistema de convalidaciones y correspondencias, de tal manera que los ciudadanos puedan capitalizar las competencias adquiridas en cualquier subsistema si desean continuar su formación en otro subsistema, incluida la experiencia laboral.

En este sentido, el II Programa de Formación Profesional establece que todos los subsistemas deben de tener un referente común de competencia, que oriente las acciones formativas hacia las necesidades reales del mercado de trabajo.

Este objetivo, enunciado por la LOGSE y fijado por el II Programa Nacional, no debe de ser una mera referencia. Debe ser un compromiso compartido por todos, lo cual exige la fijación y la aceptación de unas reglas de juego claras y precisas.

Y quiero apuntar otro elemento básico a mi entender de la Formación Profesional Reglada: su importante interacción con el sistema productivo. Al diseñar los títulos de Formación Profesional participaron todos los agentes sociales, ya que se partía de la idea de que un sistema formativo debe de tener en cuenta la finalidad de esa formación. Además, se diseñó un módulo específico y obligatorio: el módulo de Formación en Centros de Trabajo, para que los alumnos pusieran en práctica los conocimientos adquiridos en el centro educativo. Este módulo de formación en centros de trabajo se caracteriza porque se desarrolla en un ámbito productivo real, donde los alumnos tienen la oportunidad de observar y desempeñar las funciones propias de los distintos puestos de trabajo relativos a una profesión, conocer la organización de los procesos productivos y las relaciones sociolaborales.

¿Cuáles son los retos para la nueva Formación Profesional?:

- en primer lugar, es evidente que debemos seguir apostando por la Formación Profesional, porque de ella depende en buena medida la mejora de la competitividad de nuestros diferentes sectores productivos y el desarrollo de nuestra sociedad futura.

- además, en segundo lugar, debemos seguir orientando la oferta formativa hacia las demandas reales de la sociedad. La FP debe acercarse lo más posible a la estructura del sistema productivo y al momento de la inserción laboral de las personas. Debemos identificar las necesidades actuales del sistema productivo, estudiar la evolución de los distintos sectores económicos y ser capaces de prever con suficiente antelación cuáles son los cambios que se están operando en esos sectores. Sólo así podremos dar la mejor formación a nuestros estudiantes.

- en tercer lugar, debemos seguir trabajando para diseñar una Formación Profesional que no se limite a unos pocos años en el instituto, sino que se extienda a lo largo de toda la vida activa, comenzando en la educación básica, construyendo sólidos cimientos con una formación profesional inicial de amplio espectro, para enlazar después de forma coordinada con la formación continua, sabiendo que esta formación nos exige una base sólida cultural, científica, tecnológica y práctica. En la preparación para la sociedad actual y futura, no basta con poseer unos conocimientos adquiridos de una vez para siempre. Es del todo necesario que nuestros profesionales tengan adquirida la aptitud para aprender, para comunicar, para trabajar en grupo, y para evaluar diferentes situaciones.

- y, por último, y quizás de forma fundamental, debemos mentalizar a la sociedad de que no hay formación o empleo de primera o de segunda. Sólo así, cuando la sociedad sea consciente de que la FP es una excelente oferta formativa y laboral, se conseguirá equilibrar la enseñanza universitaria y la formación profesional. Un equilibrio cada vez más necesario en nuestra sociedad actual.

Muchas gracias.

Luis Alegre - Consejero de Educación, Cultura, Juventud y Deportes