23 de abril de 2004

Excmo. Sr. Presidente de la Región Norte, D. Arlindo Cunha,

Sr. Alcalde de la ciudad de Oporto, D. Rui Río

Sr. Presidente de la Organización Internacional del Vino, Sr. Rainer Wittkowski

Sr. Presidente de la CEPV, Dr. Muth,

Estimados representantes de las regiones, señoras y señores:

Desde que tengo el honor de presidir la Asociación de Regiones Vitícolas Europeas, en múltiples ocasiones y en muy distintos lugares, he gozado de la oportunidad de dirigirme a todos ustedes en la apertura de nuestras Sesiones Plenarias y de nuestros Consejos Internacionales.

Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que en el curso de estas reuniones hemos recorrido la esencia misma de la vitivinicultura europea, ya que hemos recorrido los orígenes de algunos de los más reconocidos y afamados vinos del mundo: riesling, marsala, tokay…

Hoy, culminando este periplo por la Europa del vino, nos encontramos en Oporto, puerta de entrada a una de las zonas vitivinícolas europeas más importantes: la Región Delimitada del Duero.

No en vano fue la primera región del mundo que albergó una Denominación de Origen, ya en el año 1756, con la finalidad de preservar la amplia tradición vitícola de esta tierra que se remonta a los tiempos prerrománicos, dando lugar a un vino excepcional: el vino de Oporto. Vino que toma su nombre del de la ciudad que amablemente se ha ofrecido a acogernos.

Esta coincidencia nominal no es casual, sino que, tal y como sucede en mi región, La Rioja, expresa la profunda simbiosis existente entre nuestro territorio y nuestro vino. En nuestro nombre, llevamos marcada nuestra vocación vitícola, arraigada secularmente en nuestras tierras y en nuestras gentes, hasta el punto de convertir el vino que producimos y elaboramos en una de nuestras principales señas de identidad, en un símbolo.

Y es que el mundo nos conoce fundamentalmente a través del vino y a través del comercio vitivinícola, un comercio que ha sido el factor determinante de la apertura internacional que caracteriza a nuestras regiones.

Estamos en la cuna de Enrique El Navegante, principal impulsor de los grandes descubrimientos marítimos que han forjado el espíritu universalista que caracteriza a esta tierra. Espíritu universalista que, combinado con la clara vocación comercial de esta ciudad, le han convertido en uno de los principales puntos de referencia de la exportación vitivinícola. Durante los últimos 200 años, el vino de esta región ha tenido un fuerte impacto en la balanza comercial portuguesa, representando el 20% del total de las exportaciones nacionales.

Quiero por ello aprovechar esta oportunidad para poner de relieve, una vez más, la importancia que para la economía de nuestras regiones tiene el establecimiento de un marco normativo que favorezca la comercialización de nuestros vinos, facilitando su promoción y removiendo los obstáculos de toda índole que pueden dificultar el comercio vitivinícola.

Entre esos obstáculos destacan los de carácter fiscal. Durante mi Presidencia de esta Asamblea, he puesto especial empeño y dedicación en lograr una reglamentación comunitaria en materia de fiscalidad del vino que no dificultase el comercio del vino, sino que, por el contrario, alentase su consumo, elevando así la renta de nuestros viticultores, de nuestros comercializadores y de todas nuestras regiones.

Ya todos ustedes conocen la 'batalla' que libramos para impedir el establecimiento de un tipo mínimo positivo de accisa para el vino. El pasado mes de marzo, el Comisario Bolkenstein presentó a los servicios de la Comisión su informe sobre los tipos de accisas aplicables al alcohol y a las bebidas alcohólicas. En sus conclusiones reconoce expresamente "que la complejidad y los aspectos políticamente sensibles" que conlleva la cuestión determinan que el informe no se acompañe de una propuesta de directiva.

En definitiva, el ingente esfuerzo realizado por poner de relieve los importantes perjuicios que se pueden derivar para el sector vitivinícola de la modificación del régimen de accisas actualmente vigente ha dado sus frutos y se ha paralizado la propuesta original que proponía una modificación de las directivas eliminando la posibilidad actual de una accisa cero para el vino.

Pero el empeño de esta Presidencia por mejorar la fiscalidad del vino ha ido más allá, planteando a la Comisión nuevas iniciativas que faciliten las exportaciones de nuestros vinos. Iniciativas que buscan un efecto tan beneficioso como el derivado de la firma del Tratado de Methuen por el que Portugal pactó con Inglaterra unas tarifas preferentes para la importación de los vinos portugueses, un Tratado que fue determinante en el desarrollo comercial de los vinos de Oporto.

Entre estas iniciativas destaca la relativa al tratamiento fiscal de las compraventas a distancia. Como ya les anuncié el pasado año, aprovechando la visita de una delegación de La Rioja a Bruselas, solicitamos al comisario Bolkenstein que estudiara la posibilidad de aplicar a las compraventas de vino a distancia los tipos de accisas del lugar de origen.

Un año después, me produce una enorme satisfacción poderles anunciar que esta iniciativa ha sido acogida favorablemente por el comisario Bolkenstein, quien ha presentado una propuesta de Directiva al Consejo recogiendo nuestra solicitud.

Se trata de una medida de gran trascendencia ya que, habida cuenta de la presión fiscal que soporta el vino en determinados Estados no productores, la aplicación de los tipos vigentes en nuestras regiones puede desarrollar significativamente el comercio electrónico del vino. Se trata, en definitiva, de optimizar y rentabilizar los nuevos canales de comercialización de nuestros caldos que nos ofrecen las nuevas tecnologías.

Ahora bien, la normativa fiscal no es la única que afecta a la comercialización del vino. Son muchas las disposiciones que pueden tener una repercusión importante en nuestra vitivinicultura, son muchos los obstáculos que hemos de remover. Para ello hemos de proceder procurando la unidad de todo el sector vitivinícola europeo y actuando con cautela a la hora de hacer propuestas, evaluando sus efectos en el conjunto de la vitivinicultura europea y garantizando siempre el respeto al principio de seguridad jurídica, sobre todo en materia de capacidades y potenciales vitícolas.

Esta cautela ha de ser extrema si lo que se pretende es revisar la norma fundamental del sector, la OCM. Durante el pasado año, la AREV aprobó por consenso un documento con sus propuestas respecto a una eventual adaptación de la OCM del vino.

En dicho documento poníamos de relieve que determinados mecanismos, como la reestructuración, la reconversión y la regularización de viñedo, no se podían evaluar cabalmente, ya que sus efectos se aprecian a medio o largo plazo. Y, por ello, entiendo que es prematuro plantear una reforma profunda de la OCM. Más bien creo que se deberían mejorar aspectos muy concretos en los que dicha norma presenta, ya mismo, importantes déficits.

En este sentido, la AREV viene reclamando la necesidad de reforzar la promoción de nuestros vinos y del modelo vitícola europeo basado en la calidad, la potenciación de la subsidiariedad como regla general de aplicación de la regulación comunitaria y la puesta en marcha de mecanismos, como estudios de mercado u observatorios, que faciliten la rápida adaptación de la vitivinicultura europea a las preferencias de los consumidores.

Se trata de medidas cuya rápida implementación es fundamental si queremos conseguir que la viticultura continúe siendo uno de los principales motores de desarrollo de nuestras economías, un elemento clave del progreso y del empleo de nuestras regiones.

En ese punto, quiero llamar su atención sobre el importante papel que desempeña la viticultura europea como elemento básico para el desarrollo agrícola y rural en el seno de la Unión Europea. Desarrollo rural que pasa inevitablemente por conservar la vitalidad de nuestras zonas rurales, para lo cual es esencial garantizar la existencia de una viticultura viable, reforzando su competitividad económica.

Sólo con una viticultura competitiva podremos aprovechar las inmensas potencialidades endógenas de desarrollo rural que encierra esta actividad productiva. Y es que la viticultura europea es un modelo de multifuncionalidad, repleta de posibilidades de pluriactividad y de diversificación de la economía de nuestros pueblos.

Un ejemplo claro de estas posibilidades de diversificación de la economía es el enoturismo. Nos encontramos en una región que fue pionera en la creación de rutas del vino, que supo comprender inmediatamente las enormes posibilidades del turismo del vino como instrumento de promoción de nuestros vinos y de nuestras regiones.

Y es que el enoturismo no sólo atrae a nuestras regiones un turismo de calidad deseoso de iniciarse o profundizar sus conocimientos sobre el vino, sino que, además, es un excelente vehículo de difusión de nuestra historia y nuestra cultura centradas en torno al cultivo y la elaboración de nuestros vinos, lo que permite valorizar nuestra viticultura.

Porque los paseos por nuestros viñedos, las visitas a nuestras bodegas, las catas de nuestros vinos posibilitan que los consumidores conozcan y aprecien el esmero de nuestros viticultores en el cuidado de sus viñas y el mimo con que recogen los preciados frutos de las mismas en ese gran acontecimiento que para nuestros pueblos representa la vendimia. Posibilitan que los consumidores conozcan y aprecien nuestros tradicionales métodos de elaboración y envejecimiento, respetuosos con las cualidades que la naturaleza ha transmitido al mosto. Posibilitan, en definitiva, que conozcan y aprecien la especificidad de nuestra viticultura.

Especificidad que debemos preservar y conservar ya que éste es el precioso legado que tenemos la obligación moral de transmitir a las generaciones futuras, porque esta es nuestra principal ventaja competitiva en el nuevo escenario económico mundial caracterizado por la creciente homogeneización de la oferta vitícola actual, por la apertura de los mercados y por la fuerte competencia.

Una competencia que, como he repetido en múltiples ocasiones, ha de ser justa y leal. Y para ello desde la AREV venimos reclamando reiteradamente de las instancias comunitarias la articulación de los mecanismos necesarios para asegurar una eficaz protección de nuestras denominaciones de origen y de nuestras indicaciones geográficas, tanto en el ámbito de las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, como en el de los acuerdos bilaterales que negocie la Unión Europea.

Precisamente, en estos días se está ultimando el acuerdo de la Unión Europea con Mercosur. Se trata de un acuerdo que afecta directamente a mi región, La Rioja, ya que tenemos un problema de homonimia con una región argentina que provoca gran confusión e induce a error a los consumidores.

Pues bien, este es el momento de recordar a las autoridades comunitarias la importancia de establecer un registro multilateral y obligatorio como único medio de protección de nuestras denominaciones de origen frente a las usurpaciones, falsificaciones y utilizaciones fraudulentas tanto de nuestras indicaciones geográficas, como de nuestras menciones tradicionales.

Este es el momento de exigir firmemente a las autoridades comunitarias la no realización de concesiones que debiliten nuestra posición en las negociaciones, tal y como lamentablemente ha ocurrido recientemente con la modificación de la normativa sobre el etiquetado, aprobada por el Ejecutivo comunitario en contra de la opinión de los principales países productores y que va a permitir el uso de nuestras menciones tradicionales a terceros países, sin pedir contraprestación alguna.

Nuestro sector no se opone a la apertura de los mercados, no demanda un régimen proteccionista que podría crear problemas en las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio. Únicamente exigimos lealtad en las prácticas comerciales. Lealtad, en primer lugar, con los consumidores, a los que se confunde y engaña con la usurpación y la utilización de las indicaciones geográficas y las menciones tradicionales europeas por parte de terceros países, cuando precisamente lo que nos están demandando es mayor transparencia, claridad y seguridad.

Pero, sobre todo, lealtad con nuestros viticultores, con nuestros elaboradores, con nuestros comercializadores, con todo el sector vitivinícola europeo que apuesta tenazmente por la calidad como emblema de la viticultura europea, asumiendo mayores costes, mayores controles, mayores restricciones que nuestros competidores y que no ve reconocido este esfuerzo por parte de las autoridades comunitarias.

Anteriormente me he referido a la viticultura como elemento clave de revitalización de las zonas rurales. Y es que la viticultura europea presta importantes servicios a la sociedad que no son apreciados, ni, por lo tanto, remunerados porque no son suficientemente conocidos. Por ello, tenemos el deber de comunicar a la sociedad en su conjunto la contribución de la vitivinicultura a la conservación de la biodiversidad garantizando la supervivencia de nuestras variedades autóctonas; a la protección del medio ambiente, evitando la desertización y la erosión del suelo; a la preservación de nuestro valioso patrimonio cultural y natural; y a la defensa de nuestra riqueza paisajística.

Riqueza paisajística en pocos lugares de una envergadura comparable a la de la región en la que nos encontramos, cuyo Valle del Duero ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, reconociendo de este modo la sobrecogedora belleza de sus viñedos deslizándose por las fuertes pendientes de las orillas del Duero. Paisaje de viñas que ha sido cincelado por el titánico esfuerzo realizado por los viticultores de esta región escarbando en las laderas del Valle del Duero, construyendo muretes y terrazas para poder plantar sus vides, único cultivo posible en estas tierras. Paradigma de la viticultura heroica, la viticultura de las zonas difíciles, a la que siempre la AREV ha prestado una especial atención, reclamando un tratamiento normativo específico que reconozca sus especiales dificultades derivadas de la imposibilidad de mecanización y de los mayores costes de producción y que garantice su competitividad y su supervivencia.

No quisiera concluir mi intervención sin referirme al importante hito que para la historia de la Unión Europa va a tener lugar el próximo 1 de mayo, fecha en la que 10 nuevos Estados se van a incorporar a la Unión Europea, culminando la ansiada reunificación de nuestro viejo continente tras décadas de artificial división. Desde la AREV hemos apoyado esta ampliación con un espíritu generoso y solidario, acogiendo en nuestra Asamblea a regiones procedentes de las Países del Este y Centro Europa que vienen interviniendo en nuestros debates como miembros de pleno derecho desde que me hice cargo de la Presidencia de la AREV.

Hoy les doy la bienvenida a la Unión Europea, felicitándoles por haber culminado con éxito el siempre complicado y difícil proceso de incorporación y animándoles a defender nuestro modelo vitícola común basado en la calidad en todo el mundo y asentado en una cultura del vino de raíces milenarias.

Por último, quisiera expresar en nombre de todas las regiones que formamos la AREV a nuestros anfitriones, la región Norte de Portugal, la ciudad de Oporto, nuestro más profundo agradecimiento por su cálida y amable acogida, así como por el esmero con que han organizado estas jornadas.

Muchas gracias.

PEDRO SANZ - PRESIDENTE DE LA AREV