16 de mayo de 2002

Mis primeras palabras quieren ser de agradecimiento. De agradecimiento a este hermoso, sorprendente, ambicioso y cordial país. Y de agradecimiento también a los representantes políticos por el trato amable que nos están dispensando en todo momento y por su generosa disposición para que el encuentro que celebramos durante estos días sea no sólo fructífero y provechoso, sino también, y sobre todo, origen de una sincera y duradera amistad.

Es especialmente grato para mí que el segundo Consejo Internacional de la AREV que presido tenga como escenario Baranya, una región que se distingue por el mestizaje de sus gentes, culturas y religiones; por la singular belleza de sus paisajes y por la fertilidad de sus tierras y la calidad de los productos que en ellas nacen.

Una región que sintetiza la pluralidad y tolerancia de Hungría, sus aspiraciones de progreso en un clima de armonía y de respeto, y las deslumbrantes potencialidades de este país para abrirse un hueco en el cada vez más mundializado marco en el que se desenvuelven las relaciones internacionales.

Y es grato igualmente que la ciudad elegida para nuestra cita sea Pécs, no sólo importante por ser la principal de la Hungría suroccidental, sino por ser la primera que contó con Universidad en este país, dando muestras con ello de su temprana vocación aperturista, de su vocación universalista, de esa vocación por participar, y con ella toda Hungría, de los proyectos en los que se embarca Europa para conseguir la prosperidad de sus gentes y de sus pueblos.

El Centro de Investigaciones Regionales de la Academia de las Ciencias de Hungría refleja fielmente este afán participativo. En él se presta una especial atención a las regiones. La importancia de cada una de ellas en el desarrollo de Hungría.

En este sentido, me agrada señalar que Hungría y la AREV defendemos ideas coincidentes. Defendemos un desarrollo basado en el respeto a la especificidad de cada una de las regiones de Europa. Defendemos la particularidad, la idiosincrasia y las peculiaridades de las regiones como mejor forma para construir la Europa común a la que todos aspiramos, para consolidar la integración económica de los Estados miembros y para fortalecer las instituciones supranacionales que han de guiar nuestros pasos.

Celebramos este Consejo Internacional en un país que, aunque no forma parte aún de la Unión, para nosotros, para la AREV, nunca ha dejado de pertenecer a Europa. Un país que comparte con nosotros el esfuerzo común de defensa de la vid y el vino y que, al igual que otros del Centro y del Este de Europa (como Rumanía, Eslovenia y la República Checa) participan en nuestras asambleas

La AREV considera que todo ellos (Hungría y los que acabo de citar) tienen su sitio en Europa. Un sitio que deben ocupar en beneficio propio y en beneficio de la UE y de todas las partes que componen este todo que es la UE.

Su anexión debe realizarse de una forma coherente. De un modo que respete el modelo actual de la PAC, un modelo que, cada vez más, defiende la calidad y la seguridad alimentarias. Que defiende, al igual que la AREV, las Denominaciones de Origen, la producción de vinos ligados al territorio, a las regiones, porque supone un factor de desarrollo rural.

Como he manifestado en ocasiones anteriores, la ampliación de la UE debe realizarse "con diálogo y con prudencia". Debemos respetar un marco de cohesión que permita el desarrollo estructural de estos países en consonancia con el modelo actual de la PAC.

Pero también tenemos que tener claro que la incorporación de los PECOs contribuirá a aumentar la influencia de la vitivinicultura europea en el mundo y fortalecerá nuestro modelo de producción, basado en potenciar la calidad de los vinos y la vinculación de la vid y el vino con el territorio.

Hungría, precisamente, se caracteriza por disponer de llanuras fértiles, de un clima benigno y de abundancia de agua; características todas ellas favorables para la actividad agraria.

Aunque en los últimos años la aportación de la agricultura a la economía húngara ha disminuido, la agricultura y la industria agroalimentaria son los dos únicos sectores importantes en los que este país es exportador neto.

Ya hace un lustro que Hungría adoptó medidas para mejorar la competitividad de la agricultura, para favorecer el desarrollo rural, para apostar por suministrar productos alimentarios de calidad, para emplear métodos de producción respetuosos con el medio ambiente y, todo ello, asegurando una renta digna para los agricultores. Un modelo que, cada vez más, se acerca al de la Unión Europea; un modelo, basado en la multifuncionalidad de la agricultura que defendemos en el seno de la AREV.

Una multifuncionalidad que marca el futuro de la Política Agraria Común.

Las ayudas a la producción se van a ver reducidas en favor de las vinculadas al desarrollo rural, en favor de las que suponen una asunción de compromisos por parte de los agricultores. Compromisos, precisamente, de respeto al medio ambiente y de calidad y seguridad alimentarias.

La incorporación de los nuevos países supondrá un incremento de fuerzas para afrontar las negociaciones dentro de la Organización Mundial del Comercio, que posee unos objetivos similares a los nuestros.

Pero (vuelvo a insistir) en esta adhesión a la UE se deben tener en cuenta los principios de cohesión, de coherencia y de subsidiariedad. Debemos apoyar los programas de desarrollo rural de los PECOS, continuar con las ayudas a superficie y primas ganaderas aunque sean menores, pero todo esto en un marco de igualdad para todos los países. Debemos respetar el movimiento regionalista y favorecer el proceso de integración sin olvidar las peculiaridades de cada Estado, de cada región.

Precisamente, celebramos este Congreso Internacional en una ciudad plural, en una ciudad en la que minaretes y antiguas mezquitas conviven con otros edificios religiosos de diferente culto. Una ciudad conocida por sus vinos dentro de un país de vinos. Un país en el que existen 22 regiones vitivinícolas y 100.000 hectáreas de viñedo. Nos encontramos en una región altamente capacitada para elaborar excelentes vinos. En la región de Mecsekalja, donde, merced a la influencia mediterránea, maduran unas uvas que dan como resultado unos caldos sabrosos, aromáticos y equilibrados.

Me complace comprobar que la tradición vitivinícola de Hungría es similar a la de los socios europeos, a la de todas y cada una de las regiones aquí presentes y que ya formamos parte de la Unión Europea. La política vitivinícola que nosotros defendemos, las Denominaciones de Origen, la vinculación del vino con los aspectos socioculturales de cada una de nuestras regiones son aspectos que compartimos. Así como la la relación entre el vino y la salud, el vino como elemento dinamizador de nuestros pueblos...

En definitiva, estoy convencido de que este modelo de viticultura por el que lucha la AREV, el modelo europeo, se verá, sin duda, fortalecido con la incorporación de los países del Este a la Unión Europea.

Nuestro futuro como regiones pasa por tomar decisiones ágiles y acertadas, por tomar decisiones que refuercen ese modelo de viticultura que nos ha de distinguir del resto de las zonas productivas del mundo y que nos ha de hacer superiores a ellas.

El mantenimiento de la fiscalidad cero, los programas de reestructuación de viñedo, las prácticas enológicas, la normativa europea sobre el vino... Todos y cada uno de los puntos del orden del día de este Consejo Internacional son parte esencial para preservar esa cultura común que nos ha hecho prosperar durante siglos y que nos ha de hacer progresar en el futuro.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - Presidente del Gobierno de La Rioja y de la Asamblea de Regiones Vitícolas Europeas