21 de septiembre de 2007

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades,

Queridos emigrantes riojanos,

Señoras y Señores:

Con los acordes de las labores de la vendimia como música ambiental y el familiar aroma de las uvas maduras empapando de color y de vitalidad los cielos otoñales de La Rioja, los riojanos nos congregamos en esta mañana de septiembre en el Paseo del Espolón para asistir al mágico rito, al milagro anual, de transformar el fruto de nuestras vides en vino, en un vino extraordinario y único.

Nos damos cita en este simbólico epicentro de La Rioja, en este escenario de riojanidad, para celebrar el Pisado de la Uva y la Ofrenda del Primer Mosto a la Virgen de Valvanera. Un acto de jubilosa reafirmación de nuestro ser y sentir riojano, de exaltación festiva de una identidad que está firmemente asociada al universo del vino y a su prodigiosa cultura milenaria.

Un acto que nace de la sensibilidad más profunda de nuestra tierra y con el que expresamos nuestra gratitud por la fertilidad de nuestros viñedos, por el sabio quehacer cotidiano de nuestros agricultores y por el amparo que hallamos en nuestra Patrona. Amparo y protección para que nuestros vinos, los vinos de Rioja, desde su fama mundial, sigan siendo motor de proyección de nuestra Comunidad, fuente de identidad para los riojanos y un elemento de progreso y de desarrollo para nuestra tierra, para la tierra de los más festejados y aplaudidos vinos.

Y es que decir vino es decir Rioja. Es decir arte: música y poesía; es decir convivencia, fiesta, hospitalidad; es decir optimismo, alegría, ganas de vivir…

Es decir toda esa serie de virtudes de las que gozan, de las que gozamos, las tierras del vino. De ese vino que, según aseguraba Cervantes, "no hay néctar que se le iguale". De ese vino que es "la bebida de la coexistencia, del diálogo, de la participación, de la celebración de la vida…", en palabras de Mario Vargas Llosa, que nos ha visitado recientemente.

Porque el vino para los riojanos es como la saludable sangre que riega nuestras venas. Un vino que se renueva año a año, vendimia a vendimia, otoño a otoño, rejuveneciendo al mismo tiempo nuestro espíritu emprendedor, nuestro compromiso con esta tierra a la que amamos y nuestra fe en nosotros mismos, en nuestra capacidad para conquistar horizontes de prosperidad tanto para nuestra generación como para los que nos han de suceder en la grata tarea de engrandecer La Rioja desde la cultura del vino.

Por eso, amamos y respetamos el vino con todo el ímpetu de nuestra alma, disfrutando de sus cualidades, de sus matices, de su esencia, de sus sabores y de sus aromas. Disfrutando con moderación, paladeándolo sorbo a sorbo, caricia a caricia, como se disfruta de las más placenteras pasiones.

Nuestros vinos nos invitan a recordar y a soñar.

A soñar con un futuro donde la grandiosidad de nuestros vinos, y los valores que simbolizan, seguirán siendo nuestra principal tarjeta de presentación en el mundo.

Y a recordar que nuestra identidad y la de nuestros vinos se confunden en una sola realidad. Una identidad que nos presenta ante los ojos del mundo como un pueblo solidario, de convivencia, de encuentro y de amistad. Un pueblo que cree en las personas y en la dignidad humana, que cree en la vida, en la justicia, en la libertad y en la paz.

Por eso, por ser gente de bien, por ser hijos fieles de las bondades de nuestros vinos, somos incómodos para los terroristas, para los profetas del odio, de la sinrazón y de la muerte.

Y por eso la banda terrorista ETA, en la madrugada del pasado 10 de septiembre, en vísperas de esta Fiesta de la Vendimia riojana, fiesta de los riojanos y de lo riojano, intentó quebrar la tranquilidad de los logroñeses, instalar el miedo entre nosotros, hacernos daño, mucho daño.

Pero no lo consiguió. Ni lo conseguirá nunca. Porque somos más, muchos más, que esa banda de asesinos. Porque somos más, mejores y más fuertes. Porque los valores que encarnamos, consustanciales a los pueblos del vino, poseen la sólida fortaleza de la que carece su carácter inhumano y cruel.

Frente a ETA y sus propagandistas sólo cabe la unidad de los demócratas.

Sólo cabe el mismo espíritu de unidad con que los riojanos defendemos nuestros vinos y nuestra identidad. Esa unidad que aglutinó nuestra voz en un clamor contra la pretensión de equiparar el vino a las demás bebidas alcohólicas, despreciando unas virtudes saludables que el propio Quevedo defendió cuando dijo que "el vino es el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina". Porque el vino, tomado moderadamente, es fuente de salud y de vida. Porque el vino, decía Luis Pasteur, "es la más sana e higiénica de las bebidas".

Por eso los riojanos nos unimos en defensa de nuestros vinos. Estamos unidos ahora mismo en contra del proyecto de OCM, que, de mantenerse en sus actuales términos, sería muy perjudicial para nuestros intereses.

Y muy injusto. Injusto porque no apuesta, como debiera, por el modelo de calidad que encarnan nuestros vinos. Un modelo que nos permite a los riojanos ser competitivos. Muy competitivos, incrementando año a año nuestras ventas, distribuyendo la riqueza por todo nuestro territorio y tejiendo en torno a nuestros vinos, a los vinos de Rioja, una atractiva oferta turística para los amantes de las maravillas que han germinado al calor de los sabios y siempre gozosos caldos riojanos.

Vamos a seguir luchando a favor de nuestros vinos y de nuestra identidad. Llevamos tiempo haciéndolo de la mano del sector vitivinícola riojano, del Consejo Regulador. Todos juntos, agrupados, y con La Rioja como único objetivo. Ya nos hemos ganado el apoyo de la Asamblea de Regiones Europeas Vitivinícolas en esta batalla, y pronto, el próximo 2 de octubre, confío en sumar en Bruselas la adhesión a nuestras tesis también del Comité de las Regiones, fortaleciendo nuestra posición a favor de los vinos de calidad, con identidad propia y apegados a la tierra de la que brotan.

Los riojanos alzamos la voz a favor de nuestros vinos porque de su futuro depende nuestro futuro. Nos reconocemos en nuestros vinos porque alimentan nuestro ser más íntimo, pero también porque son un fabuloso factor de crecimiento económico y de empleo.

En un día como el de hoy, fiesta de la riojanidad, Día del Pisado de la Uva y Ofrenda del Primer Mosto a la Virgen de Valvanera, con riojanos llegados de Chile y de Argentina, a los que saludo con amor de hermanos, como saludo al Conjunto de Danzas del Centro Riojano de Rosario, conviene recordar que el peor momento de la emigración, el más doloroso de todos, se produjo cuando nuestros viñedos fueron visitados por el despiadado fantasma de la filoxera.

Hoy, esa plaga es ya sólo un recuerdo. Hoy los riojanos elaboramos los mejores, los más sabrosos y los más festejados vinos de la historia. Hoy La Rioja ya no despide a sus hijos, sino que los recibe. Los recibe con los brazos abiertos, agradeciéndoles su ejemplo de riojanos al otro lado del mar, en esos Centros donde palpita incandescente la llama de la riojanidad. Una llama que ha inundado los corazones de chilenos, de argentinos y de tantas y tantas otras personas que ya consideramos, que ya se consideran, unos riojanos más.

Vosotros, queridos emigrantes, habéis contribuido a extender la fama de nuestros vinos en el mundo, a hacer progresar La Rioja.

Por ello, hoy, en vuestra casa, os invitamos a que suméis vuestro orgullo a nuestro orgullo de riojanos. Orgullo por esta Rioja de los grandes vinos que entre todos juntos hemos sido capaces de construir: una Rioja moderna, competitiva y desarrollada. Una Rioja que hoy está de fiesta. Que hoy reafirma su singular personalidad y la fortaleza de su unidad con estos racimos que los jóvenes y niños riojanos han acarreado a la tina común del Espolón en cunachos procedentes de todas las cabeceras de comarca. De Santo Domingo de la Calzada, de Arnedo, Alfaro y Torrecilla. De Nájera, Calahorra, Logroño, Cervera y Haro.

La Rioja unida en torno a nuestros vinos. A esos vinos que han sido reverenciados por trovadores, juglares y poetas. Por escritores tan enamorados de nuestra tierra como el Nobel de Literatura Camilo José Cela, quien dijo que "el vino de Rioja se canta, se refranea, se convierte en coplas y coplillas, en adagios, proverbios y poesía".

Este vino tan venerado y ensalzado es el vino de Rioja. Este vino es La Rioja. Es nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Es nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu. Es nuestro rostro y nuestra sangre.

El vino viejo enseña al joven. Y ambos nos enseñan a nosotros, a los riojanos, que debemos fortalecer nuestra fraternal unión, en defensa del vino y en defensa de La Rioja. Por eso, en un día como hoy, queridos riojanos, os hago un llamamiento a trabajar todos juntos, con tesón, con ambición y con entusiasmo. Trabajar juntos y unidos, desde la cooperación y la suma de energías, en defensa de lo nuestro, de lo riojano, de lo que nos une.

Trabajar todos juntos y unidos, aparcando los intereses personales, para dar un nuevo impulso a esta Rioja de la que disfrutamos y que nos llena de orgullo. Una Rioja que confía plenamente en sí misma, en sus posibilidades y en sus gentes. Una Rioja que hoy sabe, suena y huele a vino. Una Rioja que trabaja a un ritmo sostenido, al mismo ritmo que en esta mañana festiva de septiembre, en los umbrales del otoño, imprimen los corquetes y tijeras en la espesura de nuestros viñedos.

Riojanos, os invito a brindar con este vino recién nacido, hijo fiel y sereno de nuestros sueños. Os invito a brindar por nuestros vinos, por nosotros y por nuestro futuro, gritando todos juntos, con orgullo de riojanos: ¡Viva La Rioja!

Pedro Sanz Alonso - Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja