20 de junio de 2004

México D.F., 19 de junio de 2004

Sra. Embajadora,

Sr. Director de la Academia Mexicana,

Sres. Académicos,

Sra. Frenk,

Señoras y Señores:

Decimos en mi tierra, tierra que es también la suya, que "de bien nacidos es ser agradecidos". Por eso quiero que mis primeras palabras en este acto sean de agradecimiento. Agradecimiento por la excelente acogida que, una vez más, me han dispensado.

Agradecimiento por su extraordinaria hospitalidad, de la que ya disfruté cuando hace ahora dos años visité por primera vez este maravilloso país, al que ya me siento tan vinculado.

Y agradecimiento, en fin, a la Academia Mexicana de la Lengua, a su Director, a sus miembros académicos, a su Gerente... En todos ellos han encontrado el Gobierno de La Rioja y la Fundación San Millán de la Cogolla acogida a sus proyectos y una estrecha colaboración.

El compromiso de la Academia Mexicana de la Lengua con la Fundación San Millán de la Cogolla, de la que ésta es Miembro de Honor, va -como nos están demostrando- mucho más allá de una presencia puramente testimonial. Sólo espero que desde la Fundación sepamos corresponder a tanta generosidad.

Creo que no podía ser de otro modo cuando el fin último de la Academia Mexicana y el de la Fundación San Millán de la Cogolla, que me honro en presidir, es el mismo: la lengua castellana, el español, elemento esencial y vertebrador de la cultura iberoamericana y al que está indisolublemente unido el nacimiento y la existencia misma de la llamada Comunidad Iberoamericana de Naciones.

España e Iberoamérica proyectan, a través de su cultura, su madurez como pueblo. La cultura iberoamericana ha sabido mantener sus puertas abiertas, asimilar influencias y hacer de ellas un patrimonio de gran complejidad y original personalidad. Una América y una España diversas pero unidas por una lengua que permite hablar con orgullo de una cultura común que marca a todos aquellos que hablamos español.

España es inexplicable sin su proyección hacia América y a esa cultura común hispánica debemos hoy nuestro lugar en el mundo.

Como repetidamente se viene diciendo desde diversas instancias, el peso político de España e Iberoamérica en la esfera internacional estará condicionado a la envergadura de la cultura en español.

El reto que tenemos planteado es, en definitiva, incorporar el español y la cultura en español a las grandes áreas de influencia como lengua internacional y como cultura de prestigio.

Somos conscientes en La Rioja de que una lengua que nació en uno de sus monasterios, el de San Millán de la Cogolla, una lengua que mostró su ímpetu cultural desde muy temprano, sin embargó multiplicó su dimensión en América, donde no sólo arraigó, sino que fructificó de tal modo que su centro vital no está únicamente en España.

Por eso, tomamos en la Fundación San Millán de la Cogolla la decisión, cargada pues de significación, de incorporar a los Directores de todas las Academias de la Lengua como Miembros de Honor.

De San Millán partió en la Edad Media lo que don Ramón Menéndez Pidal llamó "la cuña castellana", un movimiento de repoblación que se acompasaba con el ensanchamiento de la lengua.

Casi al mismo tiempo que se convertía en internacional en Europa, el castellano, hecho ya español, alcanzaba una prodigiosa plenitud al encontrarse con el Nuevo Mundo.

Como decía la Real Academia Española al impulsar el nacimiento de las Academias Hispanoamericanas, más allá de cualquier posible diferencia de ideología política, la lengua de nuestra patria común y su unidad es raíz que nutre la fuerza de nuestra Comunidad en el concierto internacional.

Y por eso en la Fundación San Millán de la Cogolla hemos hecho de la lengua nuestro fin primordial.

Somos herederos de un trascendental legado: a las primeras muestras gráficas del romance español se suma la aportación poética excepcional del primer poeta de nombre conocido de nuestra literatura, Gonzalo de Berceo.

Por ello, responsables con esta deuda histórica, nos sentimos llamados a protagonizar el estímulo de la obra filológica. Con más fuerza si cabe desde que San Millán y sus Monasterios de Suso y Yuso recibieron uno de los más altos reconocimientos mundiales: ser Patrimonio de la Humanidad.

La tierra riojana ha acogido siempre y seguirá haciéndolo con diligencia cuantas actividades busquen su colaboración y hagan que la filología siga teniendo trato preferente en nuestra tarea cultural. Como preferente es el trato dado a la lengua que en ella echó a andar. Una lengua que tiene tras de sí una cultura milenaria, rica y proverbial. Una cultura tan precisa que es capaz, incluso, de determinar el momento exacto y el lugar concreto donde el castellano se puso por primera vez en escritura: el monasterio de San Millán. El espacio en el que la lengua que hablaba el pueblo llano fue trasvasada al papel para que, desde ahí, ya en soporte estable y desde los minúsculos márgenes de unos códices, iniciara el camino que la ha llevado por todo el mundo hasta convertirse en instrumento de comunicación y entendimiento de millones de personas -la más eficaz, en palabras del Premio Nobel, Camilo José Cela- de una inmensa comunidad.

Una de nuestras principales prioridades radica precisamente en la conservación de los monasterios emilianenses y en el estudio y difusión del español.

En estas tareas está embarcada la Fundación San Millán de la Cogolla, constituida en octubre de 1998, y que ha conseguido aglutinar, bajo la Presidencia de Honor de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, y en torno a sus objetivos, a empresas y personas comprometidas con la defensa de este importante patrimonio que nos pertenece a todos. Una Fundación que se ocupa de la restauración y rehabilitación de estos lugares.

Una Fundación que entiende en toda su dimensión la responsabilidad que tiene encomendada para que el español continúe avanzando y siga siendo "la liga más fuerte de nuestra comunidad", en expresión de Carlos Fuentes. Para que el castellano alcance la proyección mundial que le corresponde y para que siga participando en primera línea de fuego en todos los campos donde se defina el futuro de la ciencia, de la política, de los negocios, de la cultura y de la economía.

Con ese afán, la Fundación San Millán ha propiciado cuantos debates e iniciativas han sido precisas para analizar la divulgación del español. Cabe citar aquí el Encuentro Internacional de Directores de Departamentos de Español de Universidades de todo el mundo. Otro encuentro de suma trascendencia fue el que citó a todas las Academias de la Lengua Española en 1999 o el que convocó a directores de periódicos escritos en español de más de veinte países.

Y ha sido en San Millán de la Cogolla también donde los académicos asumieron el compromiso de encarar la confección del Diccionario Histórico de la Lengua Española, una vasta empresa que deparará incontables beneficios a nuestro acervo cultural.

Tengo que agradecer aquí la inestimable y entusiasta ayuda que nos está prestando la Real Academia Española, que ha reafirmado la capitalidad de San Millán de la Cogolla como corazón y cuna del idioma y que ha elegido, como lugar simbólico, el Monasterio de Yuso para presentar todas las iniciativas que ha promovido con este afán. Entre ellas, me enorgullece señalar que fue aquí donde se puso de largo la nueva Ortografía, por primera vez panhispánica y un claro ejemplo de respeto a los modos de hablar que se prodigan a este lado del Atlántico. Y, bajo las mismas premisas, acogeremos en octubre otro común proyecto de todas las Academias de la Lengua: el que ha de convocarlas en torno al Diccionario panhispánico de dudas.

Ya ven que, por estas y otras muchas razones, San Millán y La Rioja son lugares de estudio, trabajo e investigación. Algo que me congratula profundamente como su Presidente. En los monasterios de Suso y Yuso echó a andar la lengua española para llegar aquí, a México, a este país inmenso, lleno de impresionantes bellezas históricas y paisajísticas, lleno de nuevos potenciales y de deseos de progreso, lleno de gentes y pueblos ricos en valores; a este país mexicano llegó la lengua nacida en San Millán para mezclarse con lenguas amerindias, para engrandecerse bajo la pluma de grandísimas figuras: Mariano Azuela, Juan de Dios Peza, Amado Nervo, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y tantos otros.... Para ser luego estudiada y minuciosamente investigada por la infatigable dedicación de nuestra queridísima premiada, la doctora Margit Frenk.

Cómo no reconocer la callada labor de toda una vida, la de una mujer que nació en Alemania, pero que vive en México desde los cinco años, que habla tres idiomas y lee en seis, y que ha dedicado su existencia a recopilar canciones, poemas y versos de la lengua española desde el siglo XV.

Cómo no reconocer a la máxima especialista mundial en lírica hispánica, a quien nos deja más de 150 publicaciones, más de una veintena de libros y un centenar de artículos.

Tal producción sólo puede atribuirse a una extraordinaria pasión. Por su divulgación del romancero y la lengua y la literatura renacentista y barroca y por su contribución a la difusión mundial del español, no cabe duda de que Margit Frenk es indiscutible merecedora del Primer Premio San Millán de la Cogolla.

No hemos hecho con este Premio sino reconocer el amor por una lengua, una lengua que Margit adoptó, hizo suya y nos la ha devuelto hecha más grande y más llena.

Pero permítame, Margit, que haga extensivo este Premio, personificado en usted, a todos los mexicanos, por el fervor con que tratan al idioma, por el cariño con que se estudia, se promueve y se divulga; a la Academia Mexicana de la Lengua por su fabuloso trabajo en este sentido, a las Universidades Mexicanas, al Colegio de México, para ese Colegio que, cuando se llamaba Casa de España, dio abrigo a todos los intelectuales españoles que se vieron obligados a abandonar su Patria durante la dolorosa contienda civil.

Y no sería justo que no agradeciera a esta Casa Lamm su hospitalidad, a nuestra Embajadora sus atenciones, a todos los riojanos que viven aquí el que mantengan viva la llama del recuerdo de su tierra, y de nuevo, a la Academia Mexicana de la Lengua su trabajo y amistad.

Quiero acabar con un deseo: que sigamos haciendo de esta lengua abierta, de esta lengua que nos hermana, el símbolo y el ejemplo de la apertura, de la tolerancia y de la integración de la diversidad.

Hagamos de la lengua española, de la que todos somos copropietarios, la seña de identidad de los pueblos hispanoamericanos.

Procuremos, como soñaba el recientemente fallecido Fernando Lázaro Carreter, que nuestro idioma, construido por nuestros predecesores a lo largo de varios siglos, y en el que se expresa una noble y gigantesca comunidad cultural, continúe permitiendo que ésta exista.

Muchísimas gracias y enhorabuena a Margit Frenk.

PEDRO SANZ ALONSO - PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE LA RIOJA