19 de noviembre de 2002

LA FISCALIDAD DEL VINO

Quiero comenzar mi intervención en este foro sobre el sector vitivinícola, agradeciendo al Grupo Recoletos la oportunidad que me brinda de exponer la actuación de la Asamblea Regional de Regiones Vitícolas, cuya Secretaría General tengo el honor de ostentar, en relación con los procesos comunitarios de armonización de la fiscalidad sobre el vino.

Inmediatamente después de que La Rioja asumiera la presidencia de la AREV en septiembre de 2001, el sector vitivinícola europeo se sobresaltó al tener conocimiento del contenido del informe preparado por la Dirección General TAXUD sobre armonización de los impuestos especiales que gravan el vino y las bebidas alcohólicas: proponer la reforma de los tipos de accisas establecidos en la legislación comunitaria para el vino. Este sobresalto inicial dio paso a la movilización de todo el sector con el fin de hacer patentes a las diferentes instancias comunitarias y, especialmente, al Colegio de Comisarios - órgano que debía aprobar dicho informe- los importantes perjuicios que se derivarían de las medidas propuestas en dicho informe.

Para comprender adecuadamente el alcance de estas medidas, conviene explicar brevemente la fiscalidad sobre el vino y las bebidas alcohólicas, fiscalidad que se pretendía modificar.

En el proceso de armonización de los impuestos especiales iniciado por la Unión Europea, el apartado relativo a los impuestos que gravan el vino y las bebidas alcohólicas, constituyó el principal escollo de las negociaciones, hasta tal punto, que puso en peligro la armonización de toda la imposición indirecta.

Las posiciones respectivas de los países productores de vino, los países del Sur de Europa, y de los países no productores, los países nórdicos, eran tremendamente dispares, como reflejo de sus diferentes concepciones sobre la categoría fiscal de las bebidas alcohólicas.

Los países productores entendemos que, dentro de las bebidas alcohólicas es preciso diferenciar tres categorías: las bebidas fermentadas que por razones económicas, sociales y culturales no deben estar sometidas a tributación alguna; las bebidas destiladas y los productos intermedios, en los que se incluirían las bebidas en parte fermentadas y en parte destiladas.

Por su parte, los países del Norte de Europa sostienen, que a efectos fiscales, las categorías de bebidas alcohólicas deben establecerse en función de su contenido alcohólico, sin tener en cuenta el origen de ese alcohol; de suerte que existirían bebidas alcohólicas de baja, media y alta graduación y, correlativamente, bebidas de baja, media y alta tributación.

Partiendo de estas dos concepciones contrapuestas, y tras largas negociaciones, se alcanzó un consenso que se tradujo en la aprobación por el Consejo de Ministros de la Unión Europea de las Directivas 92/83 y 92/84 en el año 1992.

El acuerdo consistió, por una parte, en el establecimiento de una definición única de los elementos estructurales de los impuestos para todas las bebidas alcohólicas (hecho imponible y base imponible, devengo, ámbito objetivo…). De esta forma se conseguía una armonización estructural que impedía las distorsiones de la libre competencia entre bebidas alcohólicas.

Por otra parte, y en lo que hacía referencia al tipo impositivo, el acuerdo se limitó a establecer un tipo mínimo para todas las bebidas alcohólicas; y, al mismo tiempo, se creó la categoría de "vino y bebidas fermentadas" para la cual se estableció un tipo cero (excepto para la cerveza). De suerte que la circulación del vino estuviese controlada por los mecanismos establecidos para todos los productos sometidos a impuestos especiales, pero dejando a los Estados miembros la posibilidad de decidir si el vino era o no objeto de tributación efectiva.

En este punto, conviene señalar que el establecimiento de un tipo cero de accisas para el vino, fue esencial y determinante en la aceptación de esta normativa por los países productores.

Ahora bien, también se reconoció que era preciso llevar a cabo una aproximación de los tipos impositivos. Por ello, el artículo 8 de la Directiva 92/84 establece que la Comisión, cada dos años, debe realizar un informe en el que se examine el funcionamiento del Mercado Interior, la competencia entre las diferentes categorías de bebidas alcohólicas, el valor real de los tipos y los objetivos generales del Tratado.

Cumpliendo la previsión contenida en el precitado artículo 8 de la Directiva 92/84 sobre aproximación de los tipos de accisas del alcohol y las bebidas alcohólicas, se han elaborado dos informes: el primero en el año 1995, que no contenía ninguna propuesta de modificación de los tipos mínimos de accisas; y el segundo, el elaborado este año por el Comisario Frederik Bolkenstein en el que se proponía la eliminación del tipo cero para el vino, es decir, el establecimiento de una tasa positiva de accisas para el vino.

EL INFORME BOLKENSTEIN

En el informe presentado por el Comisario Bolkenstein se examina la situación derivada del régimen de fiscalidad vigente aplicable al vino y a las bebidas alcohólicas, haciendo hincapié en los problemas que, para el funcionamiento del Mercado Interior, se derivan de la existencia de tipos de accisas divergentes para las distintas categorías de bebidas alcohólicas, a saber: distorsiones del mercado, ventas transfronterizas, transacciones ilegales, problemas en las ventas a distancia.

A juicio del Comisario Bolkenstein, la solución frente a esta situación es clara: la armonización de los tipos de accisas haciendo converger progresivamente los tipos actuales.

Ahora bien, ¿Cómo conseguir esta convergencia?

El Comisario propone las siguientes medidas para lograr la armonización fiscal:

1. Supresión del tipo cero para el vino, estableciendo un tipo mínimo efectivo. El tipo mínimo para el vino propuesto en la reforma era de 13,92 €/Hl a partir del 1 de enero de 2003, y de 15,01 €/Hl a partir del 1 de enero de 2007. Esta propuesta afectaría a los 8 países de la UE que aplican al vino un tipo cero (Alemania, Austria, Luxemburgo, Grecia, Portugal, España e Italia) o casi cero (Francia).

2. Actualización de los tipos mínimos actuales, revalorizándolos teniendo en cuenta la inflación acumulada desde 1993.

3. Fijación de unos tipos máximos actualizados, ahora bien, los Estados con tipos máximos superiores a los fijados, no están obligados a reducirlos, sino, simplemente, a no aumentarlos. (El tipo máximo para el vino propuesto por la Comisión es de 120 €/Hl).

4. Establecimiento de un mismo tipo impositivo para los vinos tranquilos y los espumosos.

LA POSTURA DE LA AREV

La AREV, que tiene como objetivo principal la defensa del vino y de los valores económicos, sociales, históricos, culturales a él vinculados, reaccionó manifestando al propio Comisario Bolkenstein su oposición frontal a la reforma propuesta.

Las 53 regiones vitícolas europeas integradas en la AREV, elaboraron un informe, solicitado por el propio Comisario, en el que solicitaban el mantenimiento del "statu quo", es decir, el mantenimiento de la "accisa cero" para el vino. Su eliminación irrogará importantes perjuicios a las pequeñas explotaciones familiares, agravando su situación socio-económica; no solucionará los problemas de fraude aducidos como justificación de la reforma y provocará a la Comisión europea un costo superior al incremento de recaudación derivado de la nueva fiscalidad pretendida.

Y es que existen importantes razones de índole económico, social y jurídico que aconsejan no modificar el tipo cero para el vino.

RAZONES ECONÓMICAS.

§ Armonización de los tipos impositivos.

Como ya he señalado, la reforma proyectada persigue la armonización de los tipos impositivos, reduciendo las diferencias en los tipos aplicados por los Estados Miembros.

Los siguientes gráficos demuestran las grandes diferencias fiscales entre los países de la Unión.

Detalle sobre la fiscalidad del vino

Como se desprende de estos datos, son los países nórdicos los que establecen una mayor presión fiscal para el vino, reclamando por ello la aproximación de los tipos de impositivos.

En el fondo subyacen problemas de competencia. Con ello lo que pretenden es proteger la producción de la cerveza y de las bebidas alcohólicas de alta graduación.

Sin embargo, las distorsiones en la competencia entre el vino y el resto de las bebidas alcohólicas no se deben a los diferentes tipos impositivos, como lo demuestra el hecho de que en los países con tipo cero está descendiendo el consumo de vino y aumentando el de la cerveza, tal y como pone de manifiesto el siguiente cuadro:

Por otra parte, se ha de tener en cuenta que armonización no significa uniformidad, y que todavía existen importantes diferencias económicas y sociales entre los Estados de la UE, que desaconsejan el establecimiento de unos tipos iguales.

Las accisas son un impuesto especial que, por tanto, están dentro de la categoría de los impuestos indirectos, gravando el consumo con independencia de la renta del consumidor. Ahora bien, la fiscalidad se concibe como un todo, basado en el equilibrio entre la fiscalidad directa e indirecta. El aumento de la fiscalidad indirecta del vino afecta principalmente a los países productores de vino, que tienen una fiscalidad directa más fuerte con relación a los países que aplican los tipos más altos. Por tanto, el desequilibrio fiscal entre los Estados Miembros persistirá.

§ Efectos en el mercado del vino

Entre las razones económicas que desaconsejan la eliminación del tipo cero, tienen una especial relevancia los efectos que esta medida producirá en el complicado mercado del vino.

Como todos conocemos, el sector vitivinícola atraviesa una situación coyuntural difícil derivada de los excedentes generados por las dos últimas grandes cosechas, situación excedentaria a la que se une el descenso continuo del consumo en los países productores.

El aumento de las accisas provocará una disminución de las rentas de los agricultores, toda vez que, la competencia en el mercado final, agravada por la irrupción en el mercado de los llamados "vinos del nuevo mundo", no permite un aumento de precios para repercutir el impuesto en el consumidor.

§ Incremento de costes para la Unión Europea

Asimismo, es preciso tener en cuenta que los altos tipos impositivos impiden el acceso de los productos al mercado, actuando como "barrera fiscal", lo que supone una distorsión del Mercado Único.

Ello agravará la situación excedentaria a la que antes hacía referencia, obligando a la Comisión a poner en marcha los mecanismos de intervención previstos en la OCM del vino (destilaciones de crisis).

Y el coste de la puesta en marcha de estos mecanismos de intervención del mercado de la OCM será muy superior al aumento de los ingresos fiscales anuales derivados de la reforma.

En conclusión, la AREV entiende que la armonización fiscal y la disminución del fraude fiscal se pueden conseguir orientando los tipos hacia una bajada programada de los tipos máximos, con lo cual se evitan estos efectos negativos que acabo de exponer.

RAZONES JURÍDICAS

Otro de los problemas esgrimidos por los Servicios de la Comisión para justificar su propuesta de reforma es el fenómeno de las ventas transfronterizas (cross-border shoppings), el contrabando y las ventas a distancia.

En cuanto a las ventas transfronterizas, hay que señalar que son perfectamente lícitas. No se trata de un problema de funcionamiento del Mercado Interior, sino, más bien, un fenómeno que le acompaña, que pone de manifiesto su buen funcionamiento y que beneficia a los consumidores, quienes, por la vía de las compras transfronterizas, provocan una aproximación de los tipos impositivos.

Por otra parte, un estudio realizado por Price Waterhouse señala que el fenómeno de las ventas transfronterizas no se debe únicamente al diferencial de los tipos impositivos que puede existir entre dos Estados, sino que intervienen otros factores.

Además, de todas las bebidas alcohólicas, el vino es el producto que genera menor tráfico ilegal y el que menos incide en la pérdida de recaudación por compras de viajeros en trayectos intracomunitarios. Y es que la causa de los tráficos ilegales que la reforma pretende evitar se encuentra en los tipos impositivos altos, no en los bajos.

Por lo que hace referencia al fraude, no se puede olvidar que en la UE, existe suficiente normativa para controlar el origen (trazabilidad) y los movimientos del vino (documentos de acompañamiento, declaraciones de producción, registro), la seguridad y la calidad del producto.

Se trata de instrumentos de control establecidos en la OCM vitivinícola, inexistentes en otros sectores.

Por ello, no vemos como la reforma puede mejorar este sistema ya que el establecimiento de un tipo positivo de accisas para el vino no evitará el fraude.

La UE dispone de medios suficientes para reprimir el fraude a través de los controles realizados pro los servicios competentes de los Estados Miembros y lo que se debe hacer es establecer procedimientos de colaboración entre las Administraciones competentes de cada país.

RAZONES SOCIALES

La imposición de un tipo impositivo efectivo para el vino afecta directamente a los ciudadanos europeos (376 millones de personas) de los cuales consumen vino entre el 40% y el 85%, según los países. El 87% del consumo total (129 millones de hectolitros) se realiza en los países con tipo cero.

Este tipo cero del vino se funda en la especificidad agrícola del producto. El vino se obtiene de las uvas producidas y transformadas directamente por los productores, individual o colectivamente.

Como producto agrícola está incluido en el anexo B del Tratado y es objeto de una Organización Común de Mercado.

Partiendo de estas premisas y teniendo en cuenta los objetivos de la PAC (artículo 39 del Tratado) hemos de recordar que:

§ La producción de vino en Europa está estrechamente ligada a las estructuras de producción familiar.

§ La mitad de las superficies vitícolas está localizada en regiones incluidas en el Objetivo 1 de los fondos estructurales y más del 60% del viñedo está situado en zonas desfavorecidas (montañas y tierras en las que no es posible otro cultivo alternativo). La eliminación de este cultivo produciría la desertización de estas zonas y el éxodo de su población hacia las ciudades.

§ La producción de vino es fluctuante por las incidencias meteorológicas.

Por otra parte, no podemos olvidar que la fiscalidad influye en el consumo del vino. Utilizar los datos de estadísticos sobre consumo de vino en los Estados Miembros para justificar la supresión del tipo cero, alegando que en los Estados con tipos más altos aumento el consumo de vino supone no tener en cuenta otros factores, como el hecho de que en los países no productores el consumo de vino era incipiente y muy inferior al de los países productores.

En los últimos años los precios del vino, en el nivel de la produccción, han disminuido, lo que implica una disminución de las rentas agrarias. El aumento de la fiscalidad del vino podría provocar conflictos sociales en las regiones vinícolas al conllevar una disminución de las rentas de los agricultores y un aumento de la precariedad en la mayoría de las regiones.

Por último he de señalar que, a diferencia del resto de las bebidas alcohólicas, el vino alimento natural que forma parte de la dieta mediterránea. Su ingesta moderada produce efectos beneficiosos para la salud, tal y como han demostrados múltiples estudios científicos.

Además, en las regiones vinícolas el vino constituye un importante atractivo turístico, a través de la gastronomía y de la indudable belleza del paisaje adornado por la vid en las diferentes estaciones del año.

Teniendo en cuenta todas estas razones, la AREV solicitó el mantenimiento de la "accisa cero" para el vino.

La movilización fue generalizada y podemos afirmar que la inmediata reacción y el gran esfuerzo realizado por todos los agentes económicos, sociales y políticos de las regiones vitivinícolas se han visto recompensados.

En la reunión del Colegio de Comisarios celebrada el 11 de septiembre pasado, la reforma inicial propuesta por el Comisario Bolekenstein fue rechazada.

El Comisario recibió el encargo del Colegio de elaborar un nuevo informe en el que no se incluya propuesta de modificación legislativa del vigente régimen fiscal del vino y las bebidas alcohólicas.

Pero como ya ha señalado anteriormente, las presiones de los Estados no productores no cesarán, y por ello todos los que pertenecemos al sector vitivinícola, todos los que apreciamos y defendemos el vino, su cultura, su tradición, su historia, debemos permanecer vigilantes, preparados para reaccionar rápidamente frente a posibles futuros intentos de equiparar fiscalmente al vino a otras bebidas alcohólicas, olvidando su singularidad y especificidad.

JAVIER ERRO - CONSEJERO DE AGRICULTURA, GANADERIA Y DESARROLLO RURAL