7 de mayo de 2008

Reciban todos ustedes mi saludo y afecto.

Es un motivo de especial satisfacción para mí, en representación de mi región, La Rioja, de la que soy Presidente, poder intervenir en esta Sesión Plenaria en la que celebramos el XX Aniversario de la Asamblea de las Regiones Europeas Vitícolas. Un momento feliz para todos nosotros y también para la integridad y el equilibrio de la vitivinicultura europea.

Asimismo, en mi condición de Presidente Honorífico de esta maravillosa idea que es la AREV, también como ex Presidente de la Asamblea durante dos mandatos consecutivos, quiero resaltar el excepcional trabajo realizado hasta la fecha. Un esfuerzo que ha cumplido con los objetivos trazados desde su constitución y que no son otros que los de conseguir una Europa sólida y asentada sobre las bases milenarias de una cultura compartida que nos remite al vino y al cultivo de la vid como uno de sus principales rasgos característicos.

Hablar de esta Asamblea es hablar de eficacia en la gestión, de prestigio, de un proyecto común sustentado desde cada una de las regiones aquí representadas hasta la generalidad de un concepto universal que es el de la Europa de los ciudadanos.

Creo, sinceramente, que nos hemos convertido en un foro autorizado en materia vitivinícola. Hemos impuesto la reflexión, la autocrítica y el debate a otros intereses, seguramente más ventajosos, en beneficio de nuestras regiones, nuestra sociedad y nuestro sector. Hemos defendido la calidad sobre cualquier otro criterio de rentabilidad y el modelo de las denominaciones de origen que ha sustentado toda una cultura vitivinícola arraigada en cada uno de nuestros pueblos. Todo ello, desde la responsabilidad, el compromiso y el respeto.

Sabemos, lo hemos demostrado, que juntos somos más fuertes. La cooperación interregional se ha convertido en un elemento imprescindible para la construcción de Europa. Y en la AREV hemos descubierto un excelente punto de encuentro; una auténtica representación de los intereses actuales y futuros de todos los componentes económicos y sociales que encuentran común denominador en el vino. Un ejemplo de consenso y de seriedad en el que la implicación de todos los miembros y una activa participación nos ha dotado de una visión más abierta de la puramente industrial y económica del vino, alcanzando una concepción territorial y cultural de la viticultura europea.

Sin embargo, no debemos ser conformistas con nuestra propia condición. Es evidente que la AREV constituye un foro de diálogo y cooperación en favor de la cultura de la vid y el vino. En su seno, las regiones vitícolas hemos consensuado decisiones sobre todo el sector, desde la producción hasta la comercialización. Con todo, sería deseable superar el carácter consultivo de la que, si me permiten, considero toda una institución.

La Asamblea cuenta con una elevada representatividad: 70 regiones pertenecientes 16 países; un auténtico referente para las instancias ejecutivas y legislativas comunitarias. Los informes emitidos, las resoluciones y declaraciones, la experiencia y los recursos técnicos volcados en el ámbito vitivinícola internacional… son un bagaje más que suficiente como para que nuestra consideración se estime voz autorizada e influyente en la toma de decisiones. No debemos olvidar que la AREV es vehículo transmisor y canalizador de las inquietudes ciudadanas, lo que refuerza los principios de eficiencia y legitimidad democrática de una institución que siempre ha salvaguardado la diversidad, la integración y la ampliación de nuevas voces en su estructura.

En coherencia a esta reivindicación, hemos conseguido grandes logros, como la paralización de la propuesta de la UE de gravar los vinos, la protección de la viticultura en enclaves con especiales dificultades, las propiedades saludables del consumo moderado, la protección de las Denominaciones de Origen o el impulso del comercio electrónico del vino.

Sin embargo, en asuntos muy importantes, los órganos de decisión europeos no han respetado el sentir de nuestra organización. Obviamente hablo de la OCM del vino. Si el valor de la AREV es, precisamente, la representatividad, no se entiende que una resolución tan clara y definida como la adoptada ante la puesta en marcha de la recientemente aprobada OCM, no fuese tenida en cuenta. Siempre hemos defendido, reitero, el modelo vitivinícola basado en la calidad y en el equilibrio entre la producción y la comercialización, contra la liberalización de plantaciones y un erróneo sistema de etiquetado.

El trabajo realizado en este sentido, aglutinando el sentir del sector de nuestras regiones, de forma solidaria y consensuada, fue excepcional. Porque la AREV no es un círculo cerrado y crítico, sin propuesta alternativa. Se habló entonces de subsidiariedad de las regiones, de equilibrio comercializador, de promoción de las Denominaciones de Origen. Y ahora nos encontramos con la obligación de enmendar un mal acuerdo intentando obtener la mejor aplicación posible a partir de unas malas condiciones.

Pero mi mensaje es positivo en este encuentro. Muchas veces no han tenido en cuenta estos acuerdos, pero logrando la unanimidad entre todos se puede influir. Es el futuro que depara a nuestro modelo de calidad, a la Asamblea, a nuestro interés compartido.

No quiero terminar sin felicitar a todos, felicitarnos todos, por esta útil herramienta, esta Institución, reitero, que nos hace más fuertes en defensa de uno de nuestros principales hechos diferenciales: el vino de calidad. Contamos, además, con una importante ventaja: sabemos que funciona. Hoy podemos afirmar, orgullosos, que veinte años de AREV han dado para mucho. Y seguiremos trabajando para mejorar estos resultados.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja