3 de octubre de 2007

Haciendo mío el pensamiento de Aristóteles de que "todas las personas tienden por naturaleza al saber", asumo hoy nuevamente, como Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja, y en nombre de Su Majestad el Rey, la grata tarea de proceder a la inauguración del curso académico de nuestra Universidad.

Un curso que, como ha enfatizado acertadamente el Rector, debe ser determinante en la configuración de la Universidad del siglo XXI que los riojanos queremos y necesitamos. Una Universidad que esté a la altura de nuestras aspiraciones, de nuestras potencialidades, de nuestra ambición y de nuestra conocida vocación de liderazgo.

Una Universidad que nos vincule con lo universal, que nos haga participar de lo que alguien ha dado en llamar la 'aldea global académica' y que nos permita seguir progresando por la vía de la ciencia, de la innovación y de las nuevas tecnologías, reforzando y enriqueciendo al mismo tiempo nuestras señas de identidad a través de la generación de un saber con sello riojano que se ponga al servicio del progreso regional, nacional e internacional.

Con esta aspiración, compartida y sentida por el conjunto de la sociedad riojana, mis primeras palabras tienen que ser de bienvenida a la comunidad universitaria, pero también de estímulo y de aliento. Estímulo y aliento porque a vosotros os corresponde asumir, en primer lugar, el protagonismo en este nuevo impulso al campus riojano: al equipo rectoral, a los profesores, al Consejo Social, al Personal de Administración y Servicios y a los estudiantes.

Un impulso en el que vais a hallar, como hasta ahora, el más decidido apoyo y acompañamiento del Gobierno de La Rioja. Y no me cabe la menor duda de que también del resto de instituciones, agentes sociales y económicos, colectivos y asociaciones que han comprometido desde el primer día su respaldo a esta Universidad, que se ha convertido, de esta manera, en un proyecto socialmente compartido.

Quiero también, en este punto, expresar mi felicitación a la Catedrática Doña Carmen Torres por su brillante intervención, por su transmisión de conocimientos en un campo de tanta actualidad como es la resistencia bacteriana a los antibióticos.

Decía Antonio Machado que, "en cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da".

Me consta que éste es el espíritu que impregna esta nueva andadura de nuestra Universidad, este nuevo caminar que se inicia hoy y que nos ha de conducir hacia esa verdadera Universidad del siglo XXI, moderna, competitiva, atractiva y fuente de progreso, de valores y de conocimientos para los riojanos en todas las disciplinas del saber.

No partimos de la nada ni del vacío. Partimos de la Universidad que entre todos los riojanos, en tan poco espacio de tiempo, hemos sido capaces de edificar de una manera absolutamente ejemplar.

Hemos hecho de ella una Universidad con identidad propia. Una Universidad de prestigio, diferente y diferenciada, un referente de excelencia, viva, dinámica y pionera en muchos aspectos.

Por eso nos llena de orgullo. Y es que los riojanos la consideramos como un hijo deseado, como un fiel compañero de viaje y como una antorcha que ilumina nuestros ambiciosos sueños de prosperidad.

Hemos concebido una Universidad a la medida de nuestros deseos y ahora ella, en justa correspondencia, nos está ayudando a construir La Rioja que anhelamos.

Por tanto, a la hora de iniciar este viaje de futuro, no partimos de cero. Sí lo hacíamos, prácticamente, hace quince años, cuando se aprobó la Ley de Creación de la Universidad de La Rioja. Una fecha que ha sido festejada con brillantez y emotividad a lo largo de este año. Una fecha que fue antesala de otra fecha todavía más determinante: el año 1996, cuando nuestra Universidad fue plenamente nuestra, plenamente riojana, con la asunción de las transferencias en materia de enseñanza universitaria por parte del Gobierno que me honro en presidir.

Conseguir las competencias universitarias fue una apuesta personal del Gobierno de La Rioja y de este Presidente. Quizá fue la primera transferencia que asumí, sólo unos meses después de recibir el respaldo de las riojanas y riojanos en las urnas. Esta urgencia demuestra el interés que teníamos por hacer de ella una Universidad verdaderamente riojana, una Universidad de La Rioja y para La Rioja. Y ese hecho, el traspaso competencial, fue el que marcó el trabajo y el futuro de la Universidad de La Rioja.

El tiempo nos ha demostrado que ejercer las responsabilidades legislativas y administrativas desde nuestras propias instituciones riojanas nos ha garantizado mayor eficacia en la toma de decisiones, ya que éstas han emanado del conocimiento cercano de las necesidades y problemas de nuestra Universidad y, si me permiten decirlo, también desde el cariño. De modo que la Universidad actual, nuestra Universidad, es fruto del esfuerzo de la sociedad riojana, del Gobierno riojano, de las instituciones riojanas y de todas las riojanas y riojanos.

En nada se parece nuestro campus al que nos encontramos en 1996, caracterizado por la dispersión de edificios, por la precariedad de infraestructuras y dotaciones y por una oferta formativa que no se correspondía como era de desear con la realidad socioeconómica riojana.

Hoy disfrutamos de una verdadera ciudad universitaria, reconocible, compacta, integrada en la fisonomía urbana de Logroño y en permanente expansión tanto física como académica, con métodos de aprendizaje pioneros en las universidades públicas españolas, como fue en su día la puesta en marcha de la enseñanza on line.

En este tiempo, nuestra Universidad ha visto surgir edificios tan emblemáticos, y necesarios, como el Rectorado, en cuyos cimientos descansan tierras de nuestras nueve cabeceras de comarca, el pabellón polideportivo y el Complejo Científico Tecnológico, que fue inaugurado en el año 2000 por Sus Majestades los Reyes y que se ha alzado en emblema y piedra angular de la investigación riojana. También se ha remodelado el Edificio Luis Vives y se ha creado el Campo Experimental y la Bodega Experimental para las Ingenierías Técnicas Agrícolas y Enología, respectivamente. Y en marcha están, a pesar de demoras no deseadas por nadie, otros proyectos, como la reforma integral del Edificio Politécnico, al que se añadirá la cuarta fase del Complejo Científico Tecnológico y futuras intervenciones en la Biblioteca.

Desde 1996, nuestro objetivo, nuestro afán irrenunciable, ha sido que nuestra Universidad fuera auténticamente riojana, genuinamente riojana. Y lo hemos logrado, gracias en gran medida al Consejo Social, al que deseo expresar mi agradecimiento por su inestimable dedicación y entrega, y al que animo a que continúe en esta línea tan enriquecedora.

Es auténticamente riojana porque está muy pendiente del pálpito de nuestra sociedad, de nuestra tierra, de su ser y de su sentir. Por su conexión con la realidad riojana y su implicación con el tejido social, cultural y empresarial de nuestra Comunidad.

Es riojana porque, desde una docencia y una investigación modélicas, nos está dando la posibilidad de potenciar sectores estratégicos para nosotros. Sectores como el agroalimentario y, dentro de él, el vino, donde fuimos pioneros en España en la implantación de la Licenciatura de Enología y donde nuestra Universidad está llamada a desempeñar un papel fundamental en el campo de la investigación en Vitivinicultura y Enología.

Es decididamente riojana nuestra Universidad porque nos está ayudando a revalorizar otra de nuestras más íntimas señas de identidad, la lengua de nuestros monasterios, con una participación ejemplar en Cilengua y con sus Cursos de Español para Extranjeros. Una tarea de difusión de La Rioja como cuna del español en la que nos acompaña, desde hace escasas fechas, un embajador de lujo, el escritor Mario Vargas Llosa, primer Doctor Honoris Causa de esta Universidad, y al que tuve la oportunidad de agradecer vivamente su cariño, atención y afecto hacia esta tierra.

Es riojana por la sólida alianza que ha forjado con nuestro tejido productivo, aportando profesionales altamente cualificados a nuestras empresas, despertando en nuestros estudiantes el espíritu emprendedor y trasladando a los empresarios riojanos los resultados de sus investigaciones para avanzar en la competitividad e internacionalización de nuestra economía. Mencionar que la Universidad de La Rioja, desde su creación, ha registrado 19 patentes o que el 85% de sus alumnos realizan prácticas en empresas riojanas antes de concluir sus estudios es ratificar esta sintonía de intereses entre nuestro campus y nuestro entramado empresarial.

Podría continuar con mi enumeración, pero el Rector, con su exposición, me ha ahorrado el trabajo de ahondar en aspectos como el de la proyección exterior de nuestra Universidad, donde está realizando una labor de verdad modélica, con el establecimiento de contactos con campus de multitud de países o incentivando la movilidad tanto de nuestros estudiantes como de nuestros profesores.

En este sentido, reseñar que, desde el curso 2005/06, el Gobierno de La Rioja ha establecido con nuestra Universidad un nuevo convenio que tiene por objeto financiar la movilidad de nuestros estudiantes dentro del Programa Erasmus para Universidades de la Unión Europea; y, dentro de convenios bilaterales, para universidades extranjeras no europeas. De modo que pueden formarse en Italia, en Alemania, en Francia, en Estados Unidos, en Canadá y en Australia. Asimismo, se ha abierto un nuevo programa con el fin de financiar el aprendizaje de la lengua española a titulados universitarios extranjeros.

De otro lado, me gustaría también recordar que en este curso que ahora se inicia se ha hecho realidad la matrícula gratuita para alumnos discapacitados, lo que da fe de la vocación solidaria de los riojanos y lo que imprime a nuestra Universidad un sello riojano, otro más. Y recordar igualmente las becas de las que se benefician descendientes de riojanos que viven en el exterior, formándose en la tierra de sus antepasados para extender el nombre de La Rioja por el mundo. Es otra muestra más de la vocación solidaria de nuestra Universidad, de nuestra tierra.

Querida comunidad universitaria, queridos amigos: esta es la Universidad de La Rioja. Una Universidad que colma nuestro orgullo. Una Universidad por la que hay que felicitar a las personas individuales y colectivas que la han hecho posible y muy especialmente, en coincidencia con el Rector, a Pedro Campos, a Urbano Espinosa, a Carmen Ortiz y a sus colaboradores. Y cómo no, a José María Martínez de Pisón y al actual equipo rectoral, continuador de esta obra en permanente construcción que es fruto del trabajo en común de muchas personas, de muchos riojanos.

Nos toca ahora adaptarnos a los nuevos tiempos. Tiempos que vienen marcados, como ha recordado el Rector, por el nuevo contexto legal y socioeconómico en el que nos desenvolvemos y por la exigencia de avanzar, con el horizonte temporal del año 2010, hacia el Espacio Europeo de Educación Superior.

Es un nuevo reto, un nuevo desafío. Un reto y un desafío de tanta envergadura como el que asumimos en 1996, cuando se dejó en nuestras manos, en manos de los riojanos, las riendas de nuestra Universidad para encaminarla a lo que actualmente es, hacia lo que eran nuestros sueños.

A nuestro favor tenemos el conocimiento, la razón y la experiencia, como decía el Rector, pero tenemos, sobre todo, algo muy importante: la confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para alcanzar todo aquello que nos propongamos, nuestra ilusión y nuestro optimismo. Asimismo, contamos con dos valores de nuestra Universidad, su juventud y su dimensión, que nos dotan de una flexibilidad y una capacidad de maniobra a la hora de aventurarnos por nuevos rumbos de la que carecen otros campus universitarios.

Ésas son nuestras fortalezas.

Albergo, por tanto, la esperanza de que los nuevos retos a los que nos enfrentamos serán no obstáculos, sino oportunidades para seguir avanzando, para continuar ahondando en la riojanidad de nuestra Universidad, en su aspiración universalista.

Vamos a conseguir una Universidad competitiva, atractiva, influyente y con voz en el mundo. Una Universidad que, desde su propia identidad y personalidad, va a participar en primera línea en la 'aldea global académica' que les he mencionado al principio de mi intervención. Una Universidad que va a seguir fomentando valores positivos entre los estudiantes, como apelaba Su Majestad el Rey el pasado lunes, en Oviedo, en la inauguración del Curso Académico Universitario, cuando reclamaba de las Universidades españolas un papel activo en la formación de "jóvenes comprometidos con los valores de la convivencia democrática, del entendimiento y del respeto mutuo, de la tolerancia y de la libertad".

Vamos a ser, tenemos que ser, un ente dinámico en la generación de I+D+i. Y es que nuestra Universidad, en el marco de globalización en el que nos hallamos, en este escenario de efervescente competitividad, está llamada a jugar un papel decisivo en la mejora del sistema productivo tanto a escala local, como nacional y europea. Y ello a través de un incremento de la actividad investigadora ligada a objetivos estratégicos de nuestra Comunidad Autónoma, como es la agroalimentación o la lengua, participando activamente en el tercer Plan de I+D+i de La Rioja, donde debe asumir, como hasta ahora, un papel protagonista, y captando financiación exterior, tanto nacional como comunitaria.

Debemos generar una investigación propia, de utilidad y de eficacia contrastadas. Decía el Rector que "la Universidad de La Rioja no puede renunciar a la función creadora de conocimiento básico". Y es cierto. Por ello, ahora que ya contamos con las infraestructuras y con los equipamientos necesarios, que ya contamos con los ladrillos, si me permiten la expresión, es necesario aumentar nuestra materia gris.

La Universidad de La Rioja debe ser capaz de generar recursos intangibles, tanto de capital humano como tecnológico, para lo que se impone el cambio de mentalidad tanto de profesores como de alumnos. Ya no importará tanto qué resultados se obtengan, sino cómo se obtienen. El centro de gravedad debe pasar de la enseñanza al aprendizaje, renovando la transmisión del saber. Nuestra Universidad debe ofrecer una formación de calidad en todo lugar y en todo tiempo, a lo largo de toda la vida, no para todos, sino para aquellos que demuestren capacidad.

Son retos que nuestra Universidad asume desde hoy, en este inicio del curso académico, desde su autonomía y desde su responsabilidad con La Rioja. Unos retos para cuya consecución el Gobierno de La Rioja garantizará, como ha venido haciendo hasta ahora, una financiación suficiente y estable.

En este sentido, me permito recordarles que se está terminando de tramitar el Plan Plurianual de Financiación, que se firmará en los próximos días. Y pueden estar seguros de que nuestra Universidad se va a seguir beneficiando de la generosidad del Gobierno de La Rioja, en definitiva, de la generosidad de los riojanos.

Una generosidad que ha ido aumentando año tras año. Así, si en 1996 partíamos con una financiación 17 millones de euros, las inversiones en nuestra Universidad a fecha de hoy han superado ya los 241 millones. En este marco se inscribirá el Plan Plurianual de Financiación, cuya primera fase se desarrollará en el escenario 2008-2011, con inversiones cercanas a los 140 millones de euros. Este Plan se centrará en cuatro grandes apartados:

?La financiación docente, que permitirá garantizar el funcionamiento general de la Universidad.

?La financiación para las retribuciones complementarias del profesorado, el llamado Plan de Incentivos.

?La financiación para proyectos de investigación.

?Y, por último, la financiación para inversiones específicas, con una apuesta decidida por infraestructuras acordes al nuevo marco de la Educación Superior.

Los riojanos vamos a seguir invirtiendo con generosidad en nuestra Universidad porque nos sentimos plenamente identificados con ella, afectivamente vinculados a ella. Porque invertir en nuestra Universidad es invertir en nosotros mismos y en nuestro futuro.

Decía un profesor norteamericano que, "así como las catedrales góticas eran símbolo de las aspiraciones de una época, las Universidades son la esperanza de que, a través de la educación, vamos a ser capaces de crear una vida mejor para nosotros mismos y para nuestros hijos". Sabias palabras que comparto en su integridad y que traslado a todos los presentes, en especial a la comunidad universitaria.

En nombre de Su Majestad El Rey Don Juan Carlos I, declaro inaugurado el curso académico 2007/2008 en la Universidad de La Rioja.

* Este texto podrá ser variado u omitido total o parcialmente por el orador durante su intervención

Pedro Sanz - Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja