29 de septiembre de 2008

Majestad, Sr. Rector Magnífico de la Universidad de La Rioja, Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, Comunidad Universitaria, Señoras y Señores:

Supone un gran honor, Majestad, contar con Su presencia en este acto que para nuestra Universidad, la Universidad de La Rioja, representa un alto y cariñoso reconocimiento, pero también un estímulo de extraordinario valor para afrontar con éxito los nuevos tiempos que ya salen a nuestro encuentro.

Tiempos de cambios, de vertiginosas transformaciones, de dificultades, de retos, pero también de oportunidades para asegurarnos, desde nuestra Universidad como palanca de impulso, la presencia que merecemos en Europa y en el mundo.

La presencia que merecemos como una Comunidad competitiva, fuerte, con grandes expectativas de crecimiento y con una creciente capacidad de influencia.

Y la presencia que merecemos también como agentes activos en la investigación en los campos de las ciencias humanas, científicas y tecnológicas, y en la aplicación efectiva de los nuevos conocimientos para modernizar y dinamizar la sociedad, proyectándola hacia un futuro que nos exige un esfuerzo permanente de imaginación.

La palabra universidad nos remite directamente a universalidad.

Y sabe que se halla en una tierra que ha convertido su vocación universalista, su afán por asomarse al mundo, por participar de él, por contribuir a su progreso y desarrollo, por alentar el entendimiento entre los pueblos, en una de sus más reconocibles señas de identidad.

Universales son nuestros vinos, que ya transportaban los romanos por el río Ebro hasta los confines del Imperio. Vinos que acompañaron en siglos posteriores a los peregrinos en su transitar por el Camino de Santiago y que contribuyeron a decantar una cultura compartida y a asentar las bases de la conciencia común europea que ha alumbrado la Europa unida en la cual nos reconocemos.

Y universal, con cerca de 500 millones de hablantes en todo el mundo, es el español que nació en San Millán de la Cogolla. En el monasterio de Suso, que se puede considerar con justicia la primera Universidad española, la primera Universidad en español. Pues allá, en ese centro de espiritualidad, en ese escenario de investigación filológica, los saberes y creencias de la época medieval no sólo se conservaban, sino que eran trasvasados por los monjes a pergaminos miniados para divulgarlos más allá de su recinto sagrado. Para divulgarlos en el primer español que allí se asomó, con un ímpetu arrollador, a la vida, al arte, a las ciencias y a la historia.

Vino y lengua son nuestras principales referencias universales. Y, como tales, encuentran su justa atención y acomodo en la Universidad de La Rioja.

Una Universidad que ofrece continuidad, vigor y nuevas energías a nuestra secular vocación universalista.

Una Universidad que, dando un paso adelante en lo que supuso la pionera experiencia de Suso, y de acuerdo con las exigencias de los tiempos actuales, de una economía cada vez más competitiva y globalizada, de un mundo cada vez más interrelacionado, ya no sólo preserva y transmite el conocimiento, como ocurría en el cenobio emilianense, sino que genera un conocimiento propio.

Un conocimiento con sello riojano, muy atento a nuestra realidad socioeconómica y que está dando respuesta, por la vía de la innovación, a las necesidades de nuestros sectores económicos, creadores de riqueza, de empleo, de bienestar social y de calidad de vida en nuestra tierra.

La nuestra, bien lo sabe, es una Universidad joven que el año pasado celebraba sus primeros 15 años de vida. Una juventud que nos ha librado de lastres y de inercias. Que ha actuado como principal activo para hacer de nuestra Universidad lo que los riojanos queríamos que fuera: una Universidad que, además de fuente de valores para nuestros jóvenes, sea una Universidad emprendedora, que genere conocimiento, que investigue, que cree, que reflexione y que aporte respuestas innovadoras a la sociedad. Que lidere la transformación de nuestra sociedad, en permanente diálogo con ella y en sintonía con los agentes sociales y económicos riojanos.

El Gobierno de La Rioja, y con él todos los riojanos, tiene en alta estima el cometido que esta Universidad, nuestra Universidad, desempeña para seguir haciendo de esta Comunidad una tierra pujante, dinámica y emprendedora. Una tierra que es conocida por sus vinos y por la lengua española, pero ahora también por su extraordinario dinamismo económico, social y cultural. Por su competitividad.

Las relaciones que este Gobierno y la Universidad de La Rioja mantienen de forma permanente están basadas en la lealtad, en el respeto a la autonomía universitaria, en el decidido compromiso del Gobierno con sus aspiraciones y proyectos. En definitiva, en el apoyo sin fisuras a sus iniciativas, convencidos como estamos de que cuanto mayor sea la calidad de nuestra Universidad, mayor será también la calidad de vida de los riojanos.

Una elocuente muestra de este compromiso con nuestra Universidad será la recepción, en breves fechas, de la reforma integral del Edificio Politécnico, así como el inicio, a lo largo de este curso, de los trámites para la puesta en marcha de la cuarta fase del Centro Científico Tecnológico. Un Centro que su Majestad inauguró en el año 2000. Sentimos entonces Su apoyo, respaldo y cariño hacia esta joven Universidad. Y hoy lo volvemos a experimentar, al inicio de este curso que, como ha señalado el Rector, va a ser clave en la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior. Un nuevo reto y una nueva oportunidad para que nuestra Universidad siga creciendo en prestigio.Otros ejemplos significativos del compromiso del Gobierno de La Rioja son la reciente creación del Instituto de las Ciencias de la Vid y el Vino, con titularidad compartida con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la propia Universidad, y llamado a convertirse en centro de referencia en la investigación, de importancia internacional. O la futura aprobación de la Ley riojana de Investigación, Desarrollo e Innovación, en la que la contribución de la Universidad de La Rioja ha de ser muy importante. O, en fin, la puesta en marcha de un plan plurianual de financiación, con inversiones cercanas a los 140 millones de euros en el escenario 2008-2011, que ha permitido dotar de estabilidad financiera a nuestra Universidad en materia de docencia, investigación y gestión.

Decía el principal renovador de la educación en España, el riojano Manuel Bartolomé Cossío, del que acabamos de celebrar el 150 aniversario de su nacimiento, que “no se aprende a educar más que educando”. Y a eso se apresta hoy nuestra Universidad. A educar, a educar en valores, aptitudes y conocimientos a nuestros jóvenes. A diseñar La Rioja del futuro.

Por ello, en este inicio de curso, expreso mis mejores deseos al equipo rectoral, a los docentes, investigadores, estudiantes, al personal de administración y servicios y al Consejo Social.

Y agradezco el decidido apoyo de la Casa Real a nuestra Universidad, a la formación universitaria, cuna de la investigación y la transferencia de conocimiento. Un apoyo que nos estimula a todos a seguir manteniendo nuestra confianza en esta institución a la que se le reclama que sea la impulsora y el eje dinamizador de la sociedad del siglo XXI.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso, Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja