29 de septiembre de 2006

Sr. Rector de la Universidad de El Salvador, D. Juan Alejandro Tobías,

Sres. Decanos,

Seres Directivos y Catedráticos,

Sr. D. Fernando Cuevillas,

Representantes de la Embajada de España en Argentina,

Queridas amigas y amigos:

Es difícil de explicar con palabras el honor que me hacen con esta distinción que la querida Universidad de El Salvador me entrega y que recojo en nombre de La Rioja, de todas las riojanas y riojanos.

Es difícil de explicar con palabras, pero no me queda más remedio que utilizarlas, que hacer uso de ellas, pues justamente éste es un reconocimiento por la labor que en La Rioja desarrollamos, día a día, para estudiar, conservar y divulgar la palabra, el español que hablamos ustedes y nosotros y que, gracias a él, y a pesar de que nos separan miles de kilómetros a argentinos y riojanos, hace que podamos hablar hoy, ahora mismo, sin traductores, fluidamente, como hermanos que somos gracias precisamente a nuestro idioma común. Ese idioma que nos reglaron los monjes emilianenses de la Edad Media y que hoy, en los albores del siglo XXI, goza de una posición inmejorable, siendo la tercera lengua en número de hablantes del mundo y ganando poco a poco nuevos simpatizantes.

Quiero creer que en algo hemos contribuido los riojanos a esta extraordinaria situación.

Ustedes, ilustres representantes de la Universidad de El Salvador, así lo ponen de manifiesto con este reconocimiento por el que les expreso mi más cariñoso agradecimiento. Un agradecimiento que es mayor por el prestigio de este campus en el que nos hallamos, por la calidad de sus estudios, por la alta cualificación de sus profesores y por la atención que dispensa a las disciplinas englobadas bajo el manto del humanismo y donde el estudio de nuestra lengua cobra un relieve muy especial.

Se nota que esta Universidad nos quiere a los riojanos de verdad, y me consta que gran parte de este privilegio se lo debemos a dos Decanos hoy aquí presentes: a Práxedes Mateo Sagasta (y al mencionar su nombre sobran más explicaciones) y a Aquilino López Díaz, hijo de una riojana nacida en Anguiano, el mejor pueblo de La Rioja, según él; y no seré yo quien lo desmienta.

Pero hoy, más que de Anguiano, hemos venido a hablar de San Millán de la Cogolla, a poco más de una docena de kilómetros de distancia y vecinos ambos pueblos de los mismos montes y de las mismas nieves.

Tendría que remontarme a finales del siglo X para fijar la importancia de San Millán de la Cogolla en el nacimiento del español, y extenderme durante bastantes minutos, pero D. Fernando Cuevillas, con su extraordinaria exposición, por la que deseo felicitarle, me ahorra una buena porción de palabras.

Sólo recalcar que la feliz circunstancia de que los primeros balbuceos del español tuvieran como escenario los monasterios de Suso y Yuso es todo un privilegio para los riojanos, pero sobre todo una gran responsabilidad. Una responsabilidad en el estudio, conservación y divulgación de este sagrado tesoro que dejaron en nuestras manos los copistas emilianenses y que alcanzó su verdadera grandeza cuando dio el salto al Atlántico y recaló aquí, en lo que hoy es Hispanoamérica, donde se encuentran 9 de cada 10 hablantes del español.

Esa responsabilidad, esa obligación con nuestro idioma, se acrecentó cuando el enclave emilianense, en 1997, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Agradecí entonces a Argentina su adhesión, a través de la Academia de Letras, a nuestra candidatura y hoy sigo agradeciendo a los argentinos el aliento que, a través de esta Universidad, nos brindan.

Pues bien, a raíz de ese extraordinario suceso, La Rioja redobló sus esfuerzos a favor de nuestro idioma, convertida ya nuestra tierra en referencia universal en el tutelaje del español.

El primer y más importante fruto fue la creación de la Fundación San Millán de la Cogolla, de la que es Presidente de Honor Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y de la que son Miembros de Honor todas las Academias de la Lengua hispanas, entre ellas, cómo no, la argentina.

La apuesta de esta Fundación ha sido una apuesta por documentar los orígenes del español y por velar por su buena salud en el mundo, garantizando su unidad en el marco de extraordinaria diversidad y riqueza en el que se desenvuelve.

Convertida en una prolongación de las Academias hispanas, ha sido tal la actividad desarrollada que sería difícil de pormenorizar, por lo que les señalaré sólo algunas de las iniciativas llevadas a cabo: se ha celebrado el Encuentro Internacional de Directores de Departamentos de Español de Universidades de todo el mundo, el Encuentro de las Academias de la Lengua Española y un Encuentro de Directores de periódicos escritos en español de más de 20 países. Asimismo, ha sido en San Millán de la Cogolla donde los académicos españoles asumieron el compromiso de acometer la confección del Diccionario Histórico de la Lengua Española, donde se puso de largo la nueva Ortografía, por primera vez panhispánica, y donde se reunieron en sesión plenaria todas las Academias para aprobar el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Quiero pensar que es por todo ello, por esta intensa laboriosidad, por lo que la Universidad de El Salvador nos reserva el honor a los riojanos de distinguirnos con esta noble medalla. Una medalla que supone un orgullo, al igual que la declaración de Patrimonio de la Humanidad de nuestros monasterios, pero que, como ésta, también lleva implícita una mayor exigencia para nosotros, para los riojanos, en la tarea que tenemos encomendada. Pero así como entonces constituimos la Fundación San Millán para responder a las nuevas obligaciones que se nos encomendaban, hoy no tenemos que crear nada, pues ya está creado.

Y aprovecho la ocasión para anunciárselo: se trata del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española, Cilengua, que abrirá próximamente sus puertas físicas en el monasterio de Yuso, pero que ya viene trabajando en lo que es su labor de indagación filológica. Un Centro que estará al servicio de la lengua y, sobre todo, de sus hablantes. Un centro de estudios superiores y de investigación que, desde hoy mismo, desde ahora mismo, se pone al entero servicio de esta Universidad, de sus estudiantes, sus titulados y sus profesores. Se pone a su entero servicio para que nos ayuden a fortalecer la causa emilianense, para que nos ayuden a engrandecer nuestra patria común que es el idioma, este idioma que hoy me ha traído a Argentina, a esta extraordinaria Universidad, para renovar nuestra amistad y para, a través de la lengua que compartimos, soñar juntos, argentinos y riojanos, un futuro de progreso en unidad.

Muchas gracias.

Pedro Sanz Alonso - PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE LA RIOJA