DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD DE LA RIOJA, PEDRO SANZ, EN EL ACTO INSTITUCIONAL DEL PISADO DE LA UVA Y OFRENDA DEL PRIMER MOSTO A LA VIRGEN DE VALVANERA

Logroño, 21 de septiembre de 2009

Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades,
Queridos emigrantes riojanos,
Señoras y señores,
Riojanos todos:

Un año más estamos todos aquí, en el corazón de Logroño, comprometidos con el momento que nos está tocando vivir y que requiere lo mejor de nosotros mismos e ilusionados con un futuro que, lejos de causarnos inquietud, apela a nuestra responsabilidad colectiva. Y somos conscientes de la importancia que este acto, que hoy celebramos, tiene para todos los riojanos, no sólo por lo que simboliza sino por todo aquello que transmite a los demás respecto a lo que implica ser y sentirse riojano.

Estas uvas llegadas de todos los lugares de La Rioja, que darán el primer mosto de esta cosecha a la manera tradicional riojana, son una magnífica forma de mostrar al mundo qué nos hace estar tan orgullosos de ser lo que somos.

Porque estos racimos que nuestros jóvenes han traído de Santo Domingo de la Calzada, de Arnedo, de Alfaro y Torrecilla, de Nájera, Calahorra, Logroño, Cervera y Haro no sólo son el fruto de un año de esfuerzo, sino una muestra real de nuestra determinación a la hora de superar los avatares del destino.

Estas uvas han sido capaces de resistir el sol abrasador, el hielo, la escarcha y la nieve, el pedrisco traicionero y el viento pertinaz, y con todo conforman su carácter que a nadie deja indiferente.

El trabajo duro, que requiere lo mejor de cada uno de nosotros, la comunión con la tierra, la herencia recibida de nuestros padres, la capacidad para reinventarnos cada día, el gusto por el trabajo bien hecho, la necesidad de agradar, la capacidad de sacrificio, la responsabilidad, el compromiso con las generaciones que están por venir, todo ello toma forma en estos racimos que ofreceremos a nuestra patrona, la Virgen de Valvanera.

No hay nada con lo que todos los que hoy estamos aquí presentes nos identifiquemos más que nuestro vino, nuestras uvas, nuestras cepas, nuestra tierra, los colores y aromas de nuestros campos, las miles de manos dedicadas a dar forma a los sueños un año más. Una clara y sencilla forma de unirnos todos en un proyecto común.

Porque si hablamos de identidad, de lo que es ser y sentirse riojano, de aquello que explica que, año tras año, multitudes nos demos cita para recordar de dónde venimos, reafirmar dónde estamos y renovar nuestro compromiso con un futuro lleno de esperanza, no podemos por menos que hacer referencia a tres rasgos definitorios de nuestros anhelos comunes: nuestra capacidad para emprender nuevos proyectos, nuestra determinación a la hora de superar los momentos difíciles y el compromiso cuando se trata de defender lo nuestro, aquello que nos une y nos identifica.

Llega el otoño, el momento de recoger el fruto del trabajo bien hecho, de acudir a la cita final con un proceso de fertilidad que hace de nuestra tierra referente mundial de calidad, de estilo, de sabor y de carácter.

Y esa simbiosis entre tierra y pueblo que tanto nos caracteriza a los riojanos ha traído como consecuencia que seamos lugar de acogida, cruce de caminos y cita obligada de los emprendedores, de aquellos que deciden ser dueños de su propio destino y que dan forma a sus sueños.

Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente. Y en La Rioja ha habido, hay y habrá muchos valientes que toman buenas decisiones.

Es este espíritu el que debe guiar nuestras acciones, buscando puntos de encuentro que nos permitan llegar a consensos sobre qué modelo de futuro queremos para nuestro sector vitivinícola, con altura de miras, defendiendo la calidad, la independencia, la sostenibilidad y el equilibrio por encima de circunstancias coyunturales o de legítimos intereses que cada uno de los integrantes de la gran familia del vino pueda tener. En estos momentos difíciles, tenemos que tener visión a largo plazo y, en esta vendimia, tenemos que cuidar la imagen de la Denominación.

Para ello, la unidad de acción es clave en estos momentos. No podemos olvidar que defender el vino, su cultura, sus tradiciones, su industria, su modernización, su viabilidad económica y su proyección tanto dentro de nuestro país como fuera de nuestras fronteras es, simple y llanamente, defender lo nuestro.

Hoy, con los primeros resultados de la vendimia, es el momento de reafirmar nuestra confianza en el sector vitivinícola riojano, en todo lo bueno que durante años ha proporcionado a nuestros agricultores, a nuestros bodegueros, a todos los riojanos, y en las posibilidades que de cara al futuro nos da para seguir buscando el contraste, la diferenciación y la excelencia.

No podemos asistir impasibles a los ataques que nos vienen de fuera, a los reiterados intentos por cambiar las reglas de juego que minarían la más notoria de nuestras actividades. Por ello desde aquí pido a todos los riojanos que hagamos bandera de la defensa de nuestro vino y que con nuestros belezos preparados, nuestros corquetes, cunachos, tijeras, comportas, cántaros, carros y caballerías, reivindiquemos una forma de entender la vida basada en la calidad, el compromiso, la dedicación, el saber hacer y el esfuerzo.

Quiero aprovechar este singular acontecimiento para reiterar una vez más mi confianza en nuestros jóvenes, nuestro mejor patrimonio. Nuestros vinos les enseñan el camino: el trabajo bien hecho, la pasión por el papel que a cada uno nos toca desarrollar, la capacidad para sobreponerse a los acontecimientos, el proceso de aprendizaje permanente.

Pero la juventud no es una etapa de la vida, es un estado del espíritu. Y como tales debemos sentirnos todos, jóvenes y dispuestos a aprender día a día. Porque sólo conociendo más, aprovechando mejor la experiencia de la vida, apostando de forma inequívoca por la formación, no sólo teórica o práctica sino en valores, conseguiremos hacer de la debilidad virtud y sacar partido de las oportunidades que estén a nuestro alcance.

Y es en momentos como éstos cuando recibimos diarias lecciones de cómo superar los retos del destino, de cómo enfrentarnos a lo desconocido, de cómo ser capaces de superar nuestras propias limitaciones. Todos nuestros emigrantes, todos los riojanos que en cualquier punto del planeta llevan a gala su condición, su tierra y, por supuesto, su vino, son nuestros mejores embajadores con nuestro mejor presente. Y no olvidemos que el vino siembra de alegría los corazones.

Porque al igual que el vino corre por nuestras venas, de la misma forma que la tierra toma cuerpo en estas uvas que hoy ofrecemos a nuestra patrona, debemos dejar fluir los valores comunes que todos llevamos a gala.

Durante siglos los riojanos hemos llevado con nosotros la imagen de nuestra Virgen más querida, como elemento que nos permite seguir ligados a nuestra tierra, a nuestras raíces, y que nos hace reivindicar con orgullo nuestras señas de identidad como pueblo. Como este primer mosto, fruto del trabajo bien hecho, que hoy ofrecemos a nuestra Patrona con amor, con dignidad.

En estos momentos de crisis, de incertidumbre, de constantes cambios, es más importante que nunca olvidar las diferencias, hacer un ejercicio de responsabilidad y colaborar juntos para que La Rioja siga estando mejor preparada que otras regiones españolas para salir reforzada de esta situación. Y para ello necesitamos la participación de todos los sectores económicos de la región, tan importantes como el vitivinícola, y que requieren también del esfuerzo y el consenso de empresarios y trabajadores.

Por ello, debemos todos unidos dirigir nuestros esfuerzos a tener los recursos económicos que en justicia nos pertenecen, los medios materiales que nos merecemos y las infraestructuras de las que, sin duda, nos hemos hecho acreedores. Y todo ello, para poder seguir siendo solidarios, para continuar compitiendo sin complejos, para proseguir con nuestro desarrollo social y económico, para lograr adelantarnos a los acontecimientos, para proyectarnos al exterior con garantías, para que los que nos visitan quieran visitar una y otra vez nuestra tierra, para poner en valor nuestro medio natural y nuestro legado histórico y para que estas uvas, este mosto y todos los riojanos podamos renovar año a año nuestro compromiso con lo que fuimos, con lo que somos y con lo que queremos ser. Sólo así podremos seguir decidiendo con plena libertad nuestro destino.

Ya lo decía el filósofo: "Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino".

Con el resultado de la ilusión por todos sembrada, brindo por todos los riojanos que depositamos aquí la semilla de la esperanza, el fruto del esfuerzo, el compromiso de la libertad, la ilusión de un pueblo.

Brindo para que mejore cuanto antes la situación de todos aquellos riojanos que están atravesando momentos difíciles y asumo públicamente el compromiso de apoyar a todos los que necesiten ayuda, oportunidades, recursos o una mano amiga que les dé confianza y una voz cercana con quien compartir sus desvelos. Y estoy seguro de que todos los aquí presentes suscriben este compromiso conmigo.

Este primer mosto nos muestra el camino, nos confirma que el trabajo bien hecho da sus frutos. Afrontemos con confianza esta nueva vendimia y sintámonos capaces de afrontar con optimismo y seguridad el futuro que, a buen seguro, será próspero para todos los riojanos.

Brindo por ello y por todas las riojanas y riojanos. ¡Viva La Rioja!