4 de abril de 2006

Sra. Vicepresidenta del Instituto Cultural Rumano, Dña. Tania Radu,

Excmo. Sr. Embajador de España en Rumanía, D. Juan Pablo García-Berdoy

Señoras y Señores:

Es un honor encontrarme hoy aquí, en Rumanía, y en su capital, Bucarest, que etimológicamente significa "la ciudad de la alegría" y que, por lo que he tenido ocasión de comprobar, se ajusta plenamente a la verdad.

Es un honor encontrarme rodeado de amantes de nuestro idioma, del español, de ese idioma que vio la luz hace más de diez siglos en mi tierra, en los monasterios de San Millán de la Cogolla, como más adelante les detallaré.

Y es un honor, en fin, hallarme en este extraordinario marco que es el Instituto Cultural Rumano, a cuya Vicepresidenta agradezco la gentileza de abrirnos a los riojanos sus puertas de par en par.

Hoy es un día en que dos lenguas hermanas, el rumano y el español, hijas ambas del latín, se reencuentran en un abrazo fraternal y se dan la mano para caminar unidas en busca de un futuro de progreso y de amistad compartido, reconociéndonos en una cultura común que es la mejor garantía de fidelidad.

Nunca hemos estado separadas, pero por avatares de la historia por todos conocidos ha existido un distanciamiento que ya nos es tal.

Por tanto, necesitamos recuperar el tiempo perdido, necesitamos conocernos más y mejor mutuamente a través de la lengua para saber de nuestra historia, de nuestras costumbres, de nuestra forma de ser y de interpretar el mundo y de lo que son nuestras aspiraciones, para ayudarnos mutuamente desde la colaboración y desde el reparto de esfuerzos.

Alguien dijo que "la lengua y la cultura constituyen un vehículo extraordinario para el mayor acercamiento y mejor conocimiento recíproco de nuestros pueblos, y resultan claves para el ulterior y más sólido desarrollo de nuestras relaciones en todos los campos".

Con ese mismo espíritu, el Instituto Cultural Rumano cuenta entre sus objetivos con el de fomentar la comunicación y el diálogo cultural con los pueblos de todo el mundo, y cómo no, con la gran patria hispanohablante, a la que hoy me enorgullezco de representar.

Esa aspiración cobra especial importancia ahora, cuando los rumanos estáis a punto de acceder a la Unión Europea, donde os vais a encontrar con un impresionante mosaico de pueblos y culturas, pueblos y culturas como la española, que exhibe como uno de sus principales baluartes su idioma: el español; un idioma que nació en La Rioja y que es hablado en todo el mundo por cerca de 500 millones de personas. De tal forma que entrar en contacto con nuestra lengua, aprenderla y familiarizarse con ella no representa sólo una garantía de comunicación en el marco de la Europa comunitaria, sino en los cinco continentes, principalmente en Latinoamérica y en Estados Unidos.

Somos dos lenguas hermanas, nos alimentamos del mismo acervo identitario y de ahí que el afán de mantenernos próximas haya sido siempre una constante.

Mucho tenemos que agradecer en este sentido al Instituto Cervantes, ya que la de Bucarest fue una de las primeras sedes que abrió en los países de Este, señalando así la cercanía afectiva entre España y Rumanía.

Fruto de su trabajo, de su ilusión y de una entrega sin límites es el fabuloso número de hispanohablantes que existen actualmente en este entrañable país donde el español está perfectamente asentado en los diferentes niveles educativos, despertando un interés creciente por aprenderlo.

De la extraordinaria efervescencia del español en Rumanía queda constancia con vuestra presencia en este acto. Una efervescencia que a los riojanos nos llena de alegría, pues nos hemos marcado como meta conservar el idioma, documentar su origen, garantizar su unidad entre los hablantes y extender su uso por todos los confines del mundo.

Es una tarea a la que nos obliga nuestra condición de ser cuna del español. Y es que, como muchos de ustedes conocen, fue en mi tierra, en La Rioja, en los monasterios de San Millán de la Cogolla, donde fueron escritas las primeras palabras del español cuando el siglo X ya tocaba a su fin, un hecho tan formidable que ha merecido el reconocimiento de estos lugares como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco.

Me atrevería a decir que no existe en el mundo ningún idioma de la envergadura del español que pueda exhibir su acta bautismal. Y ello nos llena de agrado. Ese acta bautismal son las Glosas Emilianenses, que hoy donamos, en edición facsímil, al Instituto Cultural Rumano, como muestra de nuestro interés por contribuir a la divulgación del español en este país hermano.

Por aquellas fechas, estos monasterios, el de Suso y el de Yuso, en plena invasión musulmana de la Península Ibérica, aunque situados en los dominios cristianos de los que habría de partir la Reconquista, eran un foco de irradiación de cultura medieval reconocidos y admirados por la calidad de sus escritorios, unos escritorios donde se iluminaban y copiaban los códices latinos más célebres de la época. Donde se copiaban no textualmente, sino agregando en los márgenes, para hacerlos comprensibles, anotaciones y palabras que eran utilizadas por el pueblo llano, poco familiarizado para esa época con el latín heredado del Imperio Romano.

El códice donde aparecen por primera vez esos términos romances son las Glosas Emilianenses, que nos han procurado fama mundial a los riojanos y que nos han comprometido con la tarea de ser los valedores y difusores del español en el mundo, siquiera sea en agradecimiento a esos amanuenses de Suso y Yuso cuyos nombres desconocemos y cuya obra de dimensiones universales admiramos.

A tal fin, dos son las fundaciones que hemos creado en La Rioja. La primera de ellas es la Fundación San Millán de la Cogolla, que, con la Presidencia de Honor de SAR el Príncipe de Asturias, se ha convertido en una suerte de segunda sede de la Real Academia de la Lengua Española, con la tarea de que el español mestizo, multirracial y polifónico conserve en todo el mundo, entre sus casi 500 millones de hablantes, la unidad de la que ha gozado hasta ahora. En ese empeño, en el de fijar, preservar y difundir este legado cultural, nos ayudará extraordinariamente el Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española, que abrirá sus puertas este mismo año en el monasterio de Yuso.

La otra fundación es la Fundación Camino de la Lengua, que propone un viaje turístico-cultural por los diferentes hitos donde el español, desde su nacimiento, fue enriqueciéndose hasta convertirse en una lengua culta y de relación internacional. Esta ruta parte de San Millán de la Cogolla, donde no sólo nacieron las primeras letras españolas, sino donde escribió su obra el primer poeta en lengua española conocido, el riojano Gonzalo de Berceo. Y posteriormente conduce a otros monasterios y ciudades: a Santo Domingo de Silos, a Valladolid, a Salamanca, a Ávila y a Alcalá de Henares, cuna de Miguel de Cervantes y fin de este trayecto declarado Itinerario Cultural Europeo y Gran Ruta Cultural del Consejo de Europa.

Pero este Camino trasciende las fronteras españolas y recala en las ciudades en las que se asentaron aquellos judíos sefarditas que un día salieron de España y cuyos descendientes aún mantienen viva la cultura y la lengua española, conocida como ladino. Les estoy hablando de las ciudades de Jerusalén, Estambul, Salónica, Sofía, Tetuán, Lisboa, Ferrara y Sarajevo. Y les estoy hablando también de Bucarest, donde ahora nos encontramos, una ciudad que constituye un ejemplo de pervivencia del ladino en el único país de lengua romance de esta región europea.

De otra parte, y en este mismo afán por difundir el patrimonio de nuestro idioma, este mismo curso académico la Universidad de La Rioja ha comenzado a impartir los primeros Cursos de Lengua y Cultura Española para Extranjeros.

Por tanto, el acto de hoy, este acto que nos convoca en el Instituto Cultural Rumano, pretende ser una invitación a todos los rumanos a que visiten La Rioja. A que visiten el lugar donde nació el español. Unos para perfeccionar su conocimiento sobre nuestro idioma; otros, para dar los primeros pasos en su manejo; y todos para conocer una tierra que les espera con los brazos abiertos y que ha hecho del español un argumento de amistad y de progreso.

Les estamos esperando para brindar con un buen vino, con los buenos vinos que el Imperio Romano, al igual que el idioma, nos enseñó a rumanos y riojanos a elaborar hace cientos de años y que hoy son fuente de una cultura compartida y una garantía de futuro en amistad entre nuestros respectivos pueblos.

Muchas gracias.

Pedro Sanz - Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja