Planos de toponimia (200x282)Autor: Jorge Matey Valderrama

Año publicación: 2016 - 149 p. + 4 mapas

ISBN 978-84-9960-103-8

P.V.P.: 18 €


El uso de la toponimia es algo habitual en mi trabajo. Al igual que le sucedía antiguamente al pastor, nosotros también debemos saber ubicar los lugares en base a sus nombres. Para ello consultamos planos de toponimia, o si éstos no existen, los elaboramos a partir de la memoria de los lugareños que mejor conocen los topónimos, o lo que hoy en día es más importante, de los que mejor los recuerdan. O sea, tal y como reza en la hermosa leyenda del mapa de La Rioja de 1769, del geógrafo Tomás López, "Construido por las memorias de los naturales".

Las personas que aún recuerdan la toponimia no son otros que los que en su día se vieron obligados a usarla a diario para el manejo de su vida y hacienda. Gentes que para poder localizar una vaca perdida o una oveja herida, o para poder mandar al hijo a recoger un apero olvidado o perdido, a pie por supuesto, eran orientados hasta su destino gracias a que atesoraban un nombre para cada pliegue del terreno. Hoy en día, debido en parte al abandono de esa dura vida y del éxodo rural, y en parte a los nuevos medios de transporte, ese uso antes imprescindible, hoy lo es mucho menos o apenas es testimonial. Y ya se sabe, cuando algo deja de usarse, tarde o temprano se acaba perdiendo.

Pero la tragedia arrecia cuando las personas poseedoras de ese tesoro desaparecen. Y generalmente lo hacen sin dejar testimonio escrito de ello. Y esta gente, la última generación que vivió usando la toponimia, es principalmente la generación de nuestros abuelos. En muchos casos se irán llevándose consigo los nombres, que otros hombres, en otros tiempos, les dieron a las tierras. Y esto es un hecho tan tangible, que algunos de los colaboradores de este trabajo, en el momento en que escribo estas líneas, desgraciadamente ya no están entre nosotros.

Quizás esto no tenga importancia para mucha gente, pero para mí sí que la tenía. Y la celeridad con la que la vida corre de manera inexorable, me dio la premura de hacerlo cuanto antes. Era casi una obligación moral.


El autor

JORGE MATEY VALDERRAMA (1976, Ezcaray - La Rioja). Ingeniero Técnico Forestal en la especialidad de Explotaciones Forestales por la Universidad de Huelva y Experto Universitario en Sistemas de Información Geográfica por la Universidad Internacional de Andalucía, se dedicada a la asistencia técnica y consultoría para administraciones públicas, empresas y particulares, y a la elaboración de proyectos dentro del ámbito medioambiental, así como a la gestión, desarrollo y dirección técnica de los mismos.

Su incursión en el mundo de la toponimia comienza en el año 2002 con la elaboración de planos de toponimia para los proyectos de ordenación de montes públicos de la Rioja con los que comenzó su andadura profesional. Descubrir la inmensa abundancia de topónimos no reflejados en ningún mapa es lo que le lleva a adentrarse en la titánica labor de recopilación y elaboración de planos toponímicos.

Tras la elaboración de los planos de Ezcaray, Ojacastro, Valgañón y Zorraquín entre los años 2004 y 2014 —publicados en este libro— colaboró con el IER durante los años 2014 y 2015 para la realización de los planos toponímicos y nomenclátor de los municipios de Baños de Río Tobía, Canillas de Río Tuerto, Cañas, Estollo, Villar de Torre, Villarejo y Villaverde, y durante los años 2015 y 2016 de los municipios de Aguilar, Grávalos, Ortigosa de Cameros, Pazuengos, Pradillo y San Millán de la Cogolla.