1 de diciembre de 2010

El filósofo Luis Aranguren, en el XIII Congreso estatal del Voluntariado que se celebra en Logroño, ha calificado de "insostenible" que los voluntarios se ocupen de lo que corresponde a los poderes públicos en prestación de servicios sociales.
En su opinión, se ha producido una "dejación de las administraciones públicas de cara a garantizar los derechos sociales", lo que ha provocado que la atención recaiga en manos de los voluntarios. Esto, ha remarcado, es "insostenible" de mantener.
Luis Aranguren ha compartido mesa de expertos en este foro nacional del voluntariado junto con el sociólogo y teólogo Joaquín García Roca, impartiendo las ponencias "El impacto de la crisis en la Acción Voluntaria" y "Solidaridad y Voluntariado", respectivamente.
En su intervención, Aranguren ha puesto también énfasis en el "mayor crecimiento de voluntarios en todas las capas sociales, en la sociedad activa normalizada. El voluntario ha normalizado y elevado la calidad de ese compromiso a la mayoría de la ciudadanía", ha concluido.
En esta mesa de expertos de la segunda jornada de este foro nacional sobre voluntariado también ha tenido voz el sociólogo y teólogo Joaquín García Roca, quien ha reivindicado el "papel de la vecindad" como movimiento que garantiza relaciones de "confianza y reciprocidad" en momentos de dificultad y cambio social como el que se vive en España.
Para García Roca "las políticas laborales y financieras no escuchan y el mundo del voluntariado viene a decir a los poderes públicos que escuchen los bramidos". Este sociólogo cree que la población tiene soluciones y ha instado a despertar "nuestra capacidad de curar y ser curados", así como de crear "pequeñas redes y tejidos de solidaridad". "Hay gente de la que los vecinos sabemos que lo están pasando mal. Hace falta abrirse al vecino y es lo que el voluntariado quiere aportar. La voz del voluntariado es esencial cuando se están debilitando derechos humanos y cívicos", ha concluido.
Finalmente, ha apostado por la creación de una "cultura alternativa y para ello es necesaria una revolución cultural". El teólogo ve que existe actualmente una "crisis de adición". "El día que experimentemos que no se puede ser adicto al bienestar y el consumismo, será el día en que se vea lo que han ido aportando los voluntarios".