1 de febrero de 2011

La Consejería de Turismo, Medio Ambiente y Política Territorial ha elaborado un plan de creación, restauración y conservación de puntos de agua para favorecer las condiciones de vida de los anfibios y aprovechar las charcas, estanques y pequeñas zonas húmedas de la región que pueden ser de gran importancia para el mantenimiento de la biodiversidad.

La Consejera de Turismo, Medio Ambiente y Política Territorial, Aránzazu Vallejo, ha dado a conocer este documento de la Dirección General de Medio Natural con motivo de la celebración, mañana, del Día Mundial de los Humedales, creado hace cuarenta años para reivindicar la importantísima función ecológica de los ecosistemas acuáticos.

En las dos últimas décadas, las poblaciones y especies de anfibios han sufrido un rápido y constante descenso que les ha llevado a convertirse en los vertebrados más amenazados del planeta. En La Rioja existen 10 especies de anfibios: dos tritones y ocho especies, entre ranas y sapos, que representan algo más de una tercera parte de la fauna anfibia peninsular, formada por 29 especies. Al igual que en España y Europa, son el grupo de vertebrados con menor número de especies, y sus efectivos poblacionales se han ido mermando en los últimos años.

La razón de su delicada situación está en su peculiar forma de vida, entre el medio terrestre y el acuático, que les hace especialmente vulnerables a todo tipo de alteraciones medioambientales. De hecho, el aumento o disminución de sus poblaciones es fiel indicador de la salud ambiental y del grado de conservación de un determinado medio.

La lista de amenazas que afectan a los anfibios es larga, con factores de índole global y local:

-La aparición de enfermedades infecciosas y de factores como el cambio climático, el deterioro de la capa de ozono, el aumento de la radiación ultravioleta o las grandes sequías resultan fatales para estos animales cuya piel está muy desprotegida y necesita un grado de humedad constante.

-En La Rioja, la desaparición o deterioro de charcas, acequias, pozas y otro tipo de zonas húmedas, que son el hogar, refugio y zona de cría de los anfibios, es, sin duda, la principal razón del descenso de sus poblaciones. A esto se añaden aspectos como la contaminación de las aguas, el desarrollo urbanístico y de infraestructuras, o la agricultura intensiva que ha traído consigo el uso de fitosanitarios y contaminantes químicos, la concentración parcelaria y la desaparición de riberas y ribazos.

Creación de medios acuáticos
En este contexto, la Consejería de Turismo, Medio Ambiente y Política Territorial ha decidido favorecer la conservación y mejora de las poblaciones de anfibios mediante el acondicionamiento o creación de medios acuáticos en los que puedan reproducirse, criar y completar su ciclo vital. Esta línea de actuación, tan sencilla y económica como efectiva, ya ha demostrado su eficacia en otros puntos de España y Europa.

En los últimos años, la Dirección General de Medio Natural ha desarrollado distintas iniciativas para la creación o mejora de charcas y humedales con el fin de proteger los anfibios y el resto de especies de flora y fauna que dependen de ellas. Entre ellas figuran el cerramiento de la Laguna de Anguta en Valgañón, la declaración de los Sotos de Alfaro como Reserva Natural, la inclusión de las Lagunas de Urbión en la lista Ramsar, la creación y adecuación del humedal de la Degollada o la declaración de la Laguna de Hervías como Área Natural Singular. En 2009, se llevó a cabo la restauración hidrológica del lago de Herramélluri, que ya ha sido rápidamente colonizado por varias especies de anfibios, y en 2010 se han acondicionado tres charcas en la sierra riojana, concretamente en Ezcaray, Rabanera y Ventrosa.

Estas y otras actuaciones similares que se desarrollen en los próximos años se enmarcarán en este nuevo plan que pretende restaurar todos los hábitats acuáticos de la región claves para la supervivencia de los anfibios, crear nuevas charcas donde sea necesario, fomentar un uso de charcas y balsas compatible con la supervivencia de los anfibios, avanzar en su estudio y conocimiento y potenciar la educación y el voluntariado ambiental en torno a este tipo de ecosistemas.

En la actualidad, se estima que en La Rioja existen más de 400 charcas de pequeña superficie y profundidad. La mayoría son balsas de riego y abrevaderos particulares que se han construido en las últimas décadas para el manejo del agua, la agricultura de regadío y las actividades ganaderas, y que suponen enclaves potenciales de cría de batracios.

Actuaciones sobre el terreno y sensibilización ambiental
El plan presentado hoy tiene una vigencia de seis años y actuará prioritariamente sobre las especies contempladas en la Directiva de Hábitats: el tritón jaspeado, sapo partero común, sapillo pintojo ibérico, sapo de espuelas, sapo corredor y ranita de San Antonio.

El documento se estructura en dos grandes ejes de intervención, uno de carácter territorial y otro de carácter social, con diversas acciones concretas. En el primero, se incluyen medidas como el estudio de la situación actual de las poblaciones riojanas y la realización de un inventario de pequeños puntos de agua de interés para la vida de los anfibios y la biodiversidad general, que servirá de herramienta de planificación básica para el resto de actuaciones.

Otra medida importante es la creación de nuevas charcas, valladas y señalizadas si fuera necesario, que puedan ser colonizadas por los anfibios y el resto de especies de flora y fauna asociadas a estos hidrosistemas. Como complemento, se trabajará en la restauración de charcas, abrevaderos, fuentes y manantiales ya existentes y degradados por la acción del ganado, la falta de mantenimiento, el abandono del medio rural y los usos agrícolas, etc.

También está previsto actuar sobre los depósitos de extinción de incendios que constituyen, en muchos casos, los únicos puntos de agua aptos para la reproducción de los anfibios forestales. En este sentido, el plan propone dotarlos de rampas que impidan el ahogamiento de los anfibios, y construir en sus cercanías pequeños bebederos con las aguas sobrantes que sirvan para éstas y otras especies de fauna silvestre. Además, en la multitud de balsas de riego existentes en las áreas agrícolas de La Rioja que pueden resultar esenciales para el ciclo vital de los anfibios se plantean pequeñas actuaciones de mejora de su vegetación, vallado, contorno, profundidad, etc.

Todas las medidas irán acompañadas de trabajos de mantenimiento y seguimiento de los resultados.

En cuanto a las medidas de índole social, el plan propone acciones dirigidas a concienciar a la población local sobre la importancia de las charcas y pequeñas masas de agua para muchas especies de fauna y flora amenazada. En su contenido plantea el diseño de talleres o unidades didácticas dirigidas al sistema educativo, exposiciones o charlas por los pueblos de La Rioja, la edición de materiales divulgativos sobre el tema, la creación de un apartado específico en la web de medio ambiente del Gobierno de La Rioja o la organización de actividades formativas dirigidas a técnicos, ingenieros y otro tipo de especialistas.

Asimismo, incentivará a los propietarios de charcas, balsas de riego, etc., con subvenciones para que se involucren en la gestión respetuosa con el medio ambiente de estos espacios.

El Gobierno de La Rioja confía en que este documento suponga un respiro para los anfibios de la región. La experiencia previa en el lago de Herramélluri o en la laguna de Valgañón hace pensar que estas actuaciones tendrán éxito ya que, si se logra agua limpia para el desarrollo de las larvas y vegetación en las orillas que sirva de refugio a los adultos y atraiga a los insectos, los anfibios son capaces de colonizar cualquier masa de agua con gran facilidad.